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45 años después de Franco

jueves 19 de noviembre de 2020, 05:00h

Mañana viernes se cumplen 45 años desde la muerte de Franco. El catedrático de Economía Roberto Centeno se atrevió a recordar el éxito económico del franquismo en un artículo publicado el 24/9/2018 en El Confidencial, artículo que supuso su expulsión fulminante tras 17 años de colaboración desinteresada:

En 1950, la clase media representaba en España el 34% de la población; en 1975 la cifra había subido al 56%, la más alta de toda nuestra historia. (…) En 1975 España no era una república popular empobrecida y hambrienta, sino un auténtico milagro, y esto resulta esencial, pues como me recordaba mi maestro Fuentes Quintana, ‘esto es el ejemplo claro de lo que España puede conseguir cuando está bien gobernada’. En solo 25 años, nuestra nación experimentaría el mayor crecimiento económico y social en cuatro siglos. De un país básicamente subdesarrollado había pasado al tener el décimo PIB mundial, hoy el decimocuarto. De una renta per cápita en 1950 equivalente al 45% de la de los nueves países centrales de Europa que en 1975 constituían la Comunidad Económica Europea, al 83%, el mayor grado de convergencia con la Europa rica jamás alcanzado desde el siglo XVI, hoy en el 71%. De una industria que en 1950 representaba el 12% del PIB, al 36% en 1975 (…) Pero no solo fue lo económico. La Administración española sería en 1975 una de las más eficientes de Europa, gracias a los grandes cuerpos del Estado, abogados, ingenieros o economistas, y un riguroso sistema de oposiciones a todos los niveles. Con solo 700.000 empleados públicos formados y capaces, España funcionaba perfectamente”.

El testimonio del profesor Centeno encaja con la información que recuerdo de mis estudios universitarios de Historia de la Economía Española y con la que recibo de quienes vivieron la época, que destacan los pocos impuestos que existían, o del Centro Diego de Covarrubias, que hace unos meses celebraba el aniversario del importante Plan de Estabilización de 1959, con ministros extraordinarios que impulsaron una liberalización de la economía que catapultó al país.

La deuda pública cayó sin cesar durante el franquismo hasta llegar a sólo un 10% del PIB en 1975, indicio de una gestión seria con visión a largo plazo. Lo mismo indican el crecimiento anual del PIB y el constante avance de los índices bursátiles. En cuanto al desempleo, en 1975 era del 3,7%: técnicamente, no había paro.

Evidentemente, la situación política no era ideal, pues se trataba de un régimen autoritario. Este artículo no es una apología del franquismo (vade retro, Lola). Pero lo cierto es que, entre el franquismo y la democracia, hemos gozado de unos 80 años de cierta paz y tranquilidad. Los primeros cuarenta, mejorando: cada vez más libertad y prosperidad. Los segundos, cuesta abajo (y sin frenos). Ahora, la alianza de la izquierda con el separatismo, sumada al caos de la pandemia, parece que terminará estampándonos contra un muro (como el de Berlín).

Económicamente estamos acumulando cada vez más deuda pública (pronto más del 120% sobre PIB), con un desempleo exagerado que a menudo supera el 20%, y con un crecimiento mediocre, en el mejor de los casos, asfixiado por los impuestos, cada vez más gravosos, y por la incontinencia legislativa, además de pésima calidad técnica, y empeorando. La clase media desaparece, y la demografía es para llorar: de 2,77 hijos por mujer en 1975 hemos pasado a 1,3 hijos por mujer en 2017.

La política no va mejor. Nuestra democracia nunca fue ideal, como no se ha cansado de poner de relieve Antonio García-Trevijano: no existe una separación de poderes real; los partidos, y en particular los respectivos líderes, tienen demasiado poder. Es dudoso que los ciudadanos estemos realmente representados en las Cortes. Pero estos últimos meses estamos viendo cómo esos problemas se van a traducir en leyes que atacan libertades básicas como la educativa o la de expresión.

Paradójicamente, este Gobierno podría acabar dando la razón a Franco, si termina con nuestra imperfecta democracia para imponer un régimen bolivariano, comprometiendo por el camino la misma integridad de España (recordemos que fue lo único que Franco le pidió antes de morir al Rey Juan Carlos: que preservara la unidad de España). Este Gobierno no deja de hablar de sostenibilidad, pero lo insostenible son ellos. Evidentemente, no propongo volver al franquismo, sino profundizar en la democracia liberal. Eso es lo que debería acordar y proponer toda la oposición, junta. Y vigilar bien el recuento (analógico, por favor) en las próximas elecciones.

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