El PGA Championship

Aaron Rai, el campeón que se presentó sin avisar

Aaron Rai, el campeón que se presentó sin avisar.
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Nadie le dio una oportunidad. Las casas de apuestas le colocaron a 290 a 1. Y Aaron Rai se marchó de Aronimink con el Wanamaker Trophy bajo el brazo. El inglés firmó una última ronda de 65 golpes para protagonizar la mayor sorpresa del golf en dos décadas. Rahm, subcampeón eterno del único major sin español. Puig, brillante en el top 20. Scheffler, prisionero de unos greenes que nunca encontró.

Había 156 golfistas en Aronimink y ninguno tenía menos pinta de campeón que Aaron Rai.

Las apuestas le daban a 290 a 1.

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Lleva dos guantes —costumbre de niño para combatir el frío inglés en los campos de entrenamiento— y fundas en los hierros como si todavía los estrenase.

Su mejor resultado en un major era un discreto decimonoveno puesto. Cuatro días después, el de Wombourne (West Midlands) ha alzado el Wanamaker Trophy con la calma de quien siempre supo que iba a llegar. El mayor outsider en ganar un grande en al menos dos décadas.

La jornada final era un tablero sin rey: 22 jugadores en cuatro golpes, récord histórico del PGA Championship.

Rai arrancó tres por detrás y nadie le miraba. Pero del hoyo 9 al 17 firmó un tramo de cinco bajo par que fue demoliendo a todos los rivales uno a uno: eagle en el 9, birdies en el 11, 13 y 16  y, cuando en el 17 metió un putt de birdie desde 21 metros, el público enloqueció y el torneo quedó sentenciado. Una ronda de 65 golpes. Tres de ventaja sobre el segundo. Sin aspavientos. Sin avisar.

Primer inglés en ganar el PGA Championship en 107 años. Primer jugador de ascendencia india en conquistar un major. De niño quería ser piloto de Fórmula 1.Ha acabado siendo campeón de golf contra pronóstico, 290 a 1. La historia tiene sentido del humor y el golf es impredecible.

LA HISTORIA ESPAÑOLA: RAHM ROZA EL CIELO, PUIG BRILLA

Jon Rahm llegó a Aronimink con una cuenta pendiente. El PGA Championship es el único major que ningún español ha ganado jamás, y el vasco de Barrika se ha convertido en el candidato más firme para romper esa sequía. Esta vez volvió a rozarlo. Arrancó la ronda final con dos birdies para empatar el liderato, tuvo a Rai a un golpe durante varios hoyos y el torneo estaba al alcance de la mano. Pero el putter, que tantas veces le ha salvado, le abandonó en el peor tramo: seis pares consecutivos cuando el torneo exigía birdies. Cerró con un 68 para acabar segundo empatado a −6. Su mejor resultado en un major desde el Masters de 2023, y su decimosexto top-10 en grandes. El Wanamaker Trophy seguirá esperando.

La gran sorpresa positiva en clave española la puso David Puig. El barcelonés, que compite en el circuito LIV Golf, firmó una actuación de auténtica élite: una ronda de 67 en el ecuador del torneo le catapultó al top-10 y demostró que el joven catalán ya no es una promesa sino una realidad. Cerró bajo par en el puesto 18, la mejor actuación de su carrera en un major, en una semana donde las estrellas mundiales se cayeron una detrás de otra.

Ángel Ayora, el malagueño que se estrenaba en un grande, no pasó el corte. Pero el andaluz dejó buenos destellos y la personalidad de quien no se achica ante la ocasión. Volverá.

SCHEFFLER, EL NÚMERO UNO PRISIONERO DE LOS GREENES

Scottie Scheffler aterrizó en Aronimink como el favorito de manual: número uno del mundo, vigente campeón, máquina de ganar torneos. Y se fue en el puesto 14, a siete golpes del campeón, con cara de no entender qué había pasado. El texano colideró tras la primera ronda, pero a partir de ahí los greenes se convirtieron en su particular calvario. Acabó 124.º del campo en strokes ganados en putting el viernes. El sábado fue aún peor. Él mismo lo reconoció sin rodeos: los pin positions eran "los más difíciles que he visto en el Tour". Su juego desde el tee funcionó toda la semana. El problema es que en golf también hay que meter la bola en el hoyo.

Y Scheffler, por una vez, no pudo.

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