Llegué a la puerta de aquella casa rodeada de bosque y sin llamar, sus perros salieron a recibirme. Una amable muchacha me hizo saber que el Sr. Pinya me esperaba y me acompañó hasta el salón donde él estaba sentado en su butaca, rodeado de libros, pinturas y esculturas y luciendo un buen moreno de piel.

Buenas tardes y gracias por recibirme – Estás en tu casa – contestó.
Pocos minutos después llegaría Pere J. Lorente, presidente del Círculo de Bellas Artes de Palma, que le apetecía acompañarnos como oyente.
Antes de dar inicio a la entrevista Pep nos ofreció tomar café o un refresco y nos los sirvieron en una mesa donde reposaban algunos libros…
Le comenté que había recopilado informaciones sobre él y que, si estaba de acuerdo, esta sería una charla con algo de improvisación, a lo que me contestó estar de acuerdo.

Dentro de poco, aun sin una fecha determinada saldrá en cuatro idiomas el libro de su biografía, escrito por Raquel Agüeros y al que él tituló “el galerista accidental”.
¿Qué encontraré en esas 200 páginas?
Es un compendio de anécdotas contadas a modo de vivencias, que comienza con recuerdos de mi niñez en Establiments, pasa por mi visión de la transformación de Palma, política, social y culturalmente, principalmente del arte que se engendró en el espacio de la Galería Pelaires.
Hablemos de su actualidad y luego regresaremos a Pelaires y a su biografía.

¿Cuáles son sus hábitos en el transcurrir del día a día?
Suelo levantarme sobre las 9,30 horas. Mi desayuno se suele componer de unas galletas María o tostadas con mermelada casera, café y fruta. Un poco de radio y televisión para ponerme al día con las noticias y luego salgo a pasear por el jardín. Nado durante un buen rato y tomo un poco el sol. Y toca comer y un poco de siesta. A las 16,30 h clases de tai chi que me dan energía, me enseñan a mejorar la respiración y la meditación.
Suelo leer con asiduidad. Hace poco he terminado “Operación falsa bandera” de Jorge Dezcallar.
Sé que una de sus pasiones es la gastronomía y que se deleita cocinando platos de recetas mallorquinas…
Ayer mismo comimos una “greixera” de verduras, con cordero, guisantes, alcachofas, patata. Me encanta cocinar.
¿Añora algo desde su retiro?
Lo añoro todo. Las inauguraciones, visitas a los talleres de los artistas, preparar las exposiciones, las relaciones, organizar actos, ir a fiestas. ¡Por cierto! En estos meses pasados, desde aquí organicé tres actos, dos exposiciones de Miró y una de Mensa.

Ha nombrado a Mensa. Con él mantuvo una relación de amistad que duró años.
Desde que nos conocimos hasta que el murió con 82 años por un cáncer de estómago, mantuvimos nuestra amistad. Puedo decir que fue mi mejor amigo. Carlos Mensa era un tipo de gran personalidad, irónico que se alejaba de los tópicos. Ya así era también su obra.
Me he permitido con su beneplácito, tomar prestados algunos fragmentos de su libro, así como unas fotografías.
En el prólogo, Basilio Baltasar, nos sitúa…
La miserable guerra civil nos había privado de vivir al compás de la evolución cultural europea, pero en aquel momento de repente, a finales de los setenta. Pelaires escenificó en Palma la memorable genealogía de los pioneros, invito a los poetas ilustrados y atrajo con su encanto bohemio a los protagonistas de la alta cultura.
Y es que, esto hay que analizarlo desde la óptica de aquella época…
Pelaires era entonces una extraña rareza. Una aparición cosmopolita en el centro de la provincia, un gesto de estilo en medio de la mediocridad y una fulgurante excepción cultural.

¿Sería posible en 2026 montar una “Pelaires”?
¡No! Mejor dicho, sí, pero con matices. Piensa que se dan otras condiciones que nada tienen que ver con las de aquel tiempo. Antes venían artistas y para ellos lo relevante no era la venta de la obra, eran personas implicadas completamente en su oficio, en lo que significaba ser artista, ahora la mayoría solo piensan en si van a ganar dinero y van a tener muchas visualizaciones en redes sociales y les importa menos la personalidad de sus trabajos, esa es la diferencia que el arte tiene otro papel, porque priorizan otros elementos más comerciales. Nombres como Miró, Calder, Saura, Mompó, Moore, John Ulbricht, Ritch Miller, o tantos otros que nos recuerdan una de las más fecundas épocas artístico creativas de Mallorca, son irrepetibles. Hablo desde un punto de vista general porque en todas las cosas siempre hay excepciones.

Eso en cuanto a artistas plásticos, pero Pelaires era un lugar de encuentro para conferenciantes intelectuales y personajes. Camilo José Cela, Fernando Savater, Luis Antonio de Villena, Vázquez Montalbán, Joan Brossa, Biel Mesquida, José Luis de Villalonga, Carme Riera, Caballero Bonald, Mario Vargas Llosa, Robert Graves, Blai Bonet y muchos más. No sé si esto ahora sería posible.
La Galería Pelaires se fundó en 1969 y es la galería de arte contemporáneo más antigua de España.
En la página 68 de su biografía firmada por Raquel Agüeros dice así;
NADA
Cuando Pinya abrió la sala Pelaires, en 1969, en Palma estaba el postimpresionismo, no había nada más. Tampoco era una cuestión de interesarse demasiado. Lo demuestra el hecho de que Joan Miró llevaba trece años establecido en Palma y jamás había expuesto en la isla.

¿Qué le satisfaría que se dijera en reconocimiento a aquella Galería Pelaires que influyó en el cambio cultural y social de la isla?
Hay una cita que hago en el libro que no recuerdo quien la escribió, pero decía que la cultura en España es la hermana pobre y si hablamos de Mallorca todavía más, de no haber sido por el genio de Miró y por el loco de Pinya. La transformación de Palma y de Mallorca se la deben a la labor cultural de la Pelaires. Este reconocimiento me lleno de orgullo.
Mientras tomaba café me ha dicho que hablaríamos sobre la medalla que nunca se le entregó…
Sí, es una espina que tengo clavada. Un día, reunido con otros cinco galeristas en Madrid en una comida en la Moncloa con el ex presidente Aznar, coincidió que ese año se cumplía el 25 aniversario de la fundación de la Galería Pelaires, me hicieron saber que recibiría la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes otorgada por el Ministerio de Cultura del Gobierno de España. Entonces Aznar avanzó que al año siguiente se le entregaría a Juana de Aizpuru buena amiga y con quien yo trabajé en la creación de Arco. Se me ocurrió decir que no había problema para que ese año se la entregasen a Juana y la mía pasaba al año siguiente. Bendita mala decisión, nunca más se supo de aquella medalla que iba a ser para Pinya.

¿Cómo conoció a Joan Miró?
Un día entró en la galería preguntando por mí. Recuerdo que al presentarnos sentía una extraña sensación como si mi cuerpo hubiera recibido una descarga. Estar ante aquel hombre reconocido mundialmente por sus trabajos pictóricos y ahora de repente estaba aquí. Conversamos durante horas, se interesó por lo que me motivo a abrir la galería, le dije que era más bien un hobby.
Ese día cambió el devenir de Pelaires, Miró acababa de bendecirme. Se convirtió en el valedor de la galería. “Pelaires tiene que ser para mí y para mis amigos”, dijo convencido y yo sin saber exactamente lo que eso podría significar, me dejé llevar. Su apoyo incondicional atrajo a gente de mucho nivel y me convirtió en el galerista accidental.

Me resulta inevitable no hacer referencias a la lectura del libro escrito por Raquel Agüeros. En una de esas anécdotas en las que destaca una de sus aficiones, recoge la narración de un episodio en el que un día de pesca se convierte en una odisea. No quiero desvelar nada, para que se mantenga el interés por leer este delicioso capítulo. ¿Cuál fue su primera ocurrencia después de que los rescatasen?
Pedí un cigarro, pero nadie tuvo tabaco y esperé a llegar a tierra. Aunque antes como buenos pescadores nos quedamos en alta mar con aquella gente para seguir pescando.
Cuando llegué a casa mi madre que era una mujer adorable me reprochó haber llegado tan tarde y sin avisar. No se creyó lo que nos había sucedido.
En las noches siguientes tuve pesadillas, veía como explotaban bidones de gasolina. Creo que la vida me daba otra oportunidad.
¿Cuándo empezó a ser rentable la Galería Pelaires?
Ja, ja. – Se ríe a carcajadas Pep Pinya.
Tardó años. Galería Pelaires fue una ilusión durante mucho tiempo que yo mantenía porque tenía otros negocios, relacionados con la hostelería. La Discoteca JB, el bar Don Gomilo, un lugar para tomar una copa tranquilo.

Me gustaba salir y conocí aquella Mallorca universal con el legendario Restaurante El Patio y la Discoteca Tito’s a la cabeza. Por El Patio pasaban estrellas de cine como Kirk Douglas, Ava Gardner, Marlene Dietrich y en Tito’s actuaban los más grandes Charles Aznavour, Gilbert Bécaud, Platters, Shirley Basey, Johnny Halliday, Petula Clark fueron algunos de los artistas que vi en directo.
El glamour de aquel restaurante, su manera de servir, su cocina, el trato del personal y su gastronomía eran de una categoría insuperable. Siempre pensé que en este restaurante eran verdaderos artistas y tal vez por eso a veces pienso que la cocina y el arte guardan ciertos parecidos.
Y la galería la mantuve como un capricho cargado de satisfacciones y de ilusiones, hasta que un día me visitó Miró y la cosa cambió.
A veces íbamos conversando de un tema u otro y quedaban frases sueltas que Pep pronunciaba. Me las fui anotando y estas son algunas de ellas;
Hablar idiomas nos proporciona agrandar nuestro universo.
El arte y la gastronomía se asemejan en la constancia, en la curiosidad por saber, en la trascendencia de una creación.
En el arte no hay influencia del público porque su gran crítica no existe.
Ni mirar es ver, ni pensar es saber.
El arte debe conmover.
Para bien o para mal en el arte hay mucha ignorancia.
En las redes aparecen profetas del arte que no dicen nada.
Debiéramos tener más respeto a la palabra artista.

¿Siempre se adquirían las obras que se exponían?
¡No! Una de las veces expuso el escultor Henry Moore y la única escultura que se vendió se la llevó un amigo poco convencido, yo le había aconsejado que hacía una buena inversión. Al cabo de una semana vino para ver si se la podía cambiar y le dije que escogiera lo que quisiera. Así lo hizo y yo me quedé la escultura que devolvió. La tengo aquí, detrás de ti.
En todo lo que he visionado no se le atribuye un solo defecto a Pep Pinya ¿Tan perfecto es?
Ni mucho menos, pero si he tenido algún defecto lo convierto en algo positivo. Como buen capricornio soy tozudo y precisamente eso me valió en un momento crítico en el que Pelaires corrió peligro, me emperré y luché contra todas las adversidades y salvé la situación. Soy muy tozudo.

En cierta ocasión se le ofreció el cargo de director del Casal Solleric…
Pues sí, es verdad, y al principio tuve dudas. Hablé con mi gente cercana y había opiniones para todos los gustos. Le pedí consejo a Joan Miró y este sabiamente me convenció; tu siempre has ido por libre, sigue así. El mejor acierto es estar lejos de la política.
El libro “el galerista accidental” muestra a un Pep Pinya que iba para médico y que el destino le había preparado otros escenarios. Rodeado de notorios apellidos que sustentaron varias décadas con sus apariciones, con sus actuaciones y con sus relevantes intervenciones.
Escrito con distinción, hace que el personaje te atrape y te acompañe a transitar por sus andanzas. Diseñado de tal forma que te permite leer y poner imágenes a un anecdotario que Raquel resuelve con ritmo y entrañable narrativa. Conviene destacar la colección de fotografías que incluye, por el valor documental.

Al principio de esta entrevista hemos hablado de su día y nos hemos quedado en las clases de tai chi a las 16,30 h ¿y luego?
Aprovecho muchas tardes para que pasen amigos por casa a conversar de arte, de sociedad, de política, de lo que sea.
Pep Pinya es un hombre que atrae, domina hábilmente el protocolo de la amabilidad. Conserva su halo de elegancia, su porte, con el que ahora le observamos en las fotografías.
Actúa como faro para que los navegantes perdidos no embarranquen en la costa, asesora a sus amigos para que no fracasen, antes ha pasado por todas esas circunstancias y su sabiduría le permite transmitir consejos. Sus vivencias son tan intensas que de cada recuerdo encontraríamos motivo para un nuevo relato, en ese momento por ejemplo le viene a la cabeza el nombre de Ritch Miller, otro de los grandes artistas que pasaron por aquí.
¿Desde que se retiró quien está al frente de Pelaires?
Mi hijo Frederic que desde que nació siempre vivió rodeado de artistas contemporáneos. No podría estar mejor dirigida.

¿Cuál ha sido la última exposición que ha visto y que le ha gustado?
La de la artista alemana Katharina Grosse en La Lonja. Me impresionó y te puedo asegurar que no es fácil. Una exposición efímera, muy aconsejable.
Aquel rato me sabía a poco, pero era hora de acabar. Le agradecí su hospitalidad y cordialidad y marché junto a Pere J. Lorente que había intervenido de vez en cuando en alguna cuestión, surgida durante la charla.
Ya sabéis, esta es vuestra casa. Aquí siempre seréis bien recibidos.
Texto: Xisco Barceló
Fotografías: Xisco y Archivo Pep Pinya
Hago un agradecimiento especial a Raquel Agüeros, porque para completar esta entrevista he consultado su libro, “el galerista accidental”.
La galería de fotos puede verla en el siguiente enlace:


