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Al rescoldo de la lumbre

martes 19 de marzo de 2019, 01:00h

Nos ponemos en camino.

En vísperas de su muerte, y en una larga carta en la que le hablaba a un gran amigo de sus primeras experiencias le decía: “Todo ello parece pertenecer a otra época y a otro mundo. Creo que actualmente todo mi interés se centra en el “mundo del espíritu”, de lo inefable, y todo lo demás me resulta insignificante y sin importancia. Las cosas que tanto me importaban en el pasado ya no tienen interés para mí. Lo que ahora absorbe todo mi interés son cosas como las de Achaan Chab, el maestro budista, y estoy perdiendo el gusto por otras cosas. No sé si todo esto es una ilusión; lo que sí se es que nunca en mi vida me había sentido tan feliz y tan libre…” Estas palabras nos dan una idea de cómo era Tony Mello- y de cómo le veían los demás- en su última etapa, antes de que falleciera tan inesperadamente de un ataque cardíaco, casi a los 56 años.

Lo que a tantos atraía de su persona y sus ideas era precisamente que Tony desafiaba a todos a cuestionar, examinar y liberarse de los modelos establecidos de pensamiento y conducta, acabar con toda clase de estereotipos y atreverse a ser verdaderamente uno mismo: a buscar una autenticidad cada vez mayor. Él sabía bien que no son muchos los que compartirían todo cuanto dijo o hizo, sobre todo cuando traspasaba los límites establecidos de la aventura espiritual.

Y esto es lo que nos sucede a no pocas personas en la madurez de nuestras vidas: que algunos nos atrevemos a mirar hacia adelante, partiendo de nuestras experiencias personales y asumiéndolas sin postjuicios (valga el palabro). Ayer ya pasó, mañana no deja de ser una hipótesis y lo único que debe contar es el aquí y ahora, ese sabernos siendo en cada instante y sin miedo alguno a lo que sobrevenga en ese incierto futuro. A nadie le pidieron permiso para nacer, en las personales circunstancias de cada uno: espacio, tiempo, familia, medios de formación, concepciones y sistemas imperantes… Ninguno hemos nacido plenamente libres e igualmente dotados por la naturaleza, sino que hemos experienciado los condicionamientos hereditarios y los espacios en donde hemos vivido, nos movemos y somos.

Fuimos conformados e influenciados desde el primer vagido por ideas, costumbres, creencias, sistemas socio políticos, económicos y ambientales que han influido radicalmente en nuestras vidas. Cierto que, una vez conformados, educados y crecido en los más diversos ambientes nos hemos tenido que enfrentar a los diferentes órdenes establecidos. Y nos hicieron creer que éramos libres… claro, para sumir o enfrentarnos a la realidad instante si no nos adecuábamos a los que denominan la “realidad”, y al orden sociopolítico y económico, además de a las creencias, mitos y morales o religiones imperantes. Oponerse suponía la locura, la enajenación, desarraigo o el suicidio, que, según Camus, es la auténtica cuestión de la filosofía. Vivir, sobrevivir, imponerse, someterse o suicidarse.

Por eso, en cada época surgieron maestros que se atrevían a disentir del orden establecido, de los poderes sociales económicos y políticos. En definitiva, ¿qué es la política sino el arte de hacer posible lo necesario de acuerdo con el orden imperante?

Por supuesto que el estudio de las diferentes civilizaciones, culturas, creencias y órdenes establecidos nos han hecho conocer y tratar de comprender la evolución de las diversas interpretaciones de la realidad que presidía y dominaba. Lo mismo que nos ha estado sucediendo a las gentes y poblaciones durante las grandes etapas dominantes en los últimos tres o cuatro mil años: adaptarse para sobrevivir.

Y en esta encrucijada de un medio ambiente herido, de una explosión demográfica que es la mayor arma de destrucción masiva, por seguir sujetos a principios sistemas y teorías muchas de ellas falsas, torticeras y que se volverán contra nuestros semejantes, contra la fauna y la flora, hasta devorarse unos a otros o ir pereciendo por guerras inimaginables, enfermedades desconocidas hasta, como decía mi profesor de Derecho Internacional, Prof. Luna, hasta un planeta destrozado con los seres humanos matándose a palos, y a tratar de recomenzar en este o no se sabe en qué planeta perdido.

Lo que nos puede ayudar son las formidables fábulas y cuentos por medio de los cuales podemos atrevernos, sapere audiam, a caer en la cuenta de nuestra realidad presente y de cómo enfrentarnos a mitos, ídolos, sistemas que podrán ayudarnos a comprendernos mejor, asumir las diversas circunstancias y luchar por un porvenir más humano, más justo y solidario. Presidido por la solidaridad y la equidad que nos pueden aportar la Justicia, la Verdad, la Bondad, la Belleza y las experiencias adquiridas. Porque tiene que ser posible otro mundo más justo y solidario, más ecuánime, más armónico y respetuoso con la naturaleza. Ya que el “supuesto orden” de los dioses y de las mitologías está más que fenecido, exhausto y podrido. Pero estas cenizas, miserias y podredumbres tenemos que transformarlas en nuevas tierras, aguas, campos, nubes y espacios de vida y de convivencia.

De ahí, que las personas mayores y las más jóvenes, tengamos que atrevernos a saber, a descifrar los signos de estos tiempos ya en descomposición que no aceptan lenitivos de melancolía sino ayuntamientos de todos los seres humanos con las experiencias vividas.

Tenemos suficientes señales de que el orden establecido en las diversas manifestaciones del planeta tendremos que salvar, transformar e inventar los fundamentos de un planeta recuperado, de un medio ambiente menos contaminado y de unas tierras, mares, montes, ríos, desiertos y polos descongelándose por obra de los humanos actuales y de los que nos han procedido que han puesto todo su empeño en la codicia, la acumulación, los destrozos. Y todo ello alimentado por la ira y la ambición para transformarlos en una tierra nueva con una atmósfera nueva y una humanidad solidaria y renacida en la que florezca la koinonía.

Por todo ello, y por mucho más que conocemos o intuimos, vamos a levantarnos, a ponernos en marcha como pedía Unamuno, a liberarnos de estos duques, canónigos, bachilleres y barberos que nos dominan. Acudiremos a los cuentos, que nos pertenecen a todos, como portadores de sabiduría, de sugerencias, de destellos que nos puedan guiar como las estrellas en busca de una solidaridad compartida. Por fortuna, nos sucede como al sepulcro de Don Quijote, como al del Rabí Jesús, de los grandes sabios y luminarias como maestros y budas, sabios y profetas que en sus tiempos señalaron caminos que desconocemos pero que ya nos los mostrará la estrella refulgente y sonora.

Hoy, día 9 de marzo del supuesto año 2019 de esta “Era”, vamos a ponernos en camino compartiendo antiguos saberes, tradiciones, experiencias y aforismos escondidos en los cuentos. Por eso, hemos querido evocar a un ser humano de nuestro tiempo, como Anthony de Mello, que nos enseñó con sus libros y cuentos, experiencias vividas o intuidas, a encontrar en la Verdad la liberación y el deleite que trae el conocimiento de uno mismo.

Nosotros, los robadores de momentos… seguimos y que cada cual aporte lo que pueda.

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