Antonia Martín, actual concejal de Sanidad y Consumo del Ayuntamiento de Palma, ha ganado las elecciones primarias para hacerse con la secretaría general de Podem Palma, imponiéndose con claridad al otro candidato que optaba al puesto, el también concejal Aligi Molina. Un 57,16% de los militantes que han participado en el proceso han preferido a Martín, hasta ahora portavoz de Som Palma (la marca blanca con que Podem se presentó a las elecciones municipales) pese a las tensiones internas y las dimisiones en el seno de la formación sucedidas a principios de año. Parece que el asunto de la beca de 30.000 euros concedida a su marido cuando era presidenta del Colegio de Enfermería no ha tenido el más mínimo efecto en su contra y los militantes la han preferido para liderar el partido antes que a Molina, concejal de Igualdad, Juventud y Derechos Cívicos de Cort. No es extraño porque la vacuidad política de Molina es de gran calado, más allá del argumentario típico y tópico con que se manejan algunos recién llegado a la política desde posiciones populistas aderezadas con tintes de extrema izquierda. La gestión de Molina en las áreas de su responsabilidad en Palma es inapreciable y solo destaca en asistir a cuantos actos, protestas y manifestaciones le permite su agenda, aunque sea para apoyar a activistas feministas condenadas por un delito contra la libertad religiosa al irrumpir en la Iglesia de Sant Miquel interrumpiendo una misa. Parece que sus antecedentes penales por asaltar violentamente el despacho del conseller de Educación en mayo de 2012, no le han ayudado a hacerse con la dirección de Podem Palma, por más que algunos en su partido piensen que cuanto más al margen de la Ley se actúe, tanto mejor. Afortunadamente no son mayoría.





