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Aquellas que aprendieron nuestros nombres

Por Francesca Jaume
lunes 27 de septiembre de 2021, 04:00h

En una ilustrativa entrevista de lo que nos viene en los próximos meses, Helmut Clemens -propietario de los restaurantes Es Rebost. declaró a mallorcadiario.com que este próximo invierno “va a ser muy duro, a pesar de lo que nos quiere hacer ver el Govern” pero que “Los que consigan sobrevivir este invierno seguramente tendrán delante suyo una temporada 2022 boyante”. En cierta manera podría decirse que Clemens es optimista si bien tampoco indica qué porcentaje cree que se va a salvar de este invierno. Y digo que es optimista por plantear que el 2022 puede ser boyante.

Es verdad que en algunos sectores profesionales se está viviendo un momento muy dulce, al menos en el plano económico. Personal sanitario, funcionarios, informáticos y cocineros son profesionales que en estos momentos poco tienen que temer por sus economías y/o la estabilidad de su trabajo, sin embargo, en casi todas las demás ocupaciones lo que estamos viendo es una continua precarización que se encuentra en un punto de inflexión, en un punto de no retorno.

Con el argumento de la crisis económica se están recortando por la vía de los hechos consumados muchos derechos laborales -en algunas ocasiones con motivo y en otras aprovechando la circunstancia. Las modificaciones de condiciones del trabajo en forma de rebaja de jornada laboral son tan frecuentes como los despidos, (ignorando el afectado si en algún momento podrá recuperar su horario), firmar un contrato indefinido es como llenar una cesta de níscalos, y subir el sueldo sólo es posible vía consolidación de trienios o aumento del Salario Mínimo Interprofesional. En estos momentos hay muchísimos convenios colectivos que tendrían que estar negociándose pero permanencen en ultraactividad porque los sindicatos no se atreven a denunciarlos, no sea cosa acaben negociando a la baja.

Aunque pueda parecer una quimera la asociación de dos hechos tan lejanos en el tiempo y tan dispares, los atentados del 11-S iniciaron un camino de descenso social al cual el coronavirus ha dado la estocada. Este camino es el control sobre la sociedad por parte de las élites que controlan los poderes fácticos, mediáticos y económicos, con un afán de dominio social claro. Y una forma de ejercer este control también es, claro está, el de la precarización laboral que genera un estado de sumisión causado por la necesidad económica. Como podría decirse con esta frase tan odiosa, la precariedad, “ha venido para quedarse”.

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