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Armengol sigue la ruinosa senda de ZP

lunes 18 de mayo de 2020, 12:53h

El 12 de mayo de 2010 José Luis Rodríguez Zapatero cavó su fosa política al subir a la tribuna del Congreso de los Diputados y anunciar una batería de recortes económicos sin precedentes en la historia moderna de España. “No es fácil para el Gobierno aprobar las nuevas medidas que les voy a anunciar y la dificultad no se aminora por el hecho de que estemos convencidos de su necesidad”, advirtió el presidente del Gobierno consciente de que con ellas su carrera política, la de sus ministros y la propia pervivencia del PSOE en el poder quedaban más que comprometidas.

Fueron “Dos minutos que cambiaron a España”, como escribió José Manuel Romero en El País. Un recorte de 15.000 millones de euros en año y medio. 5.000 en ese mismo año 2010 y 10.000 en 2011. La socios de la Unión Europea forzaron a ZP a coger la tijera y meterle mano al desbocado gasto público para contener el déficit, algo que irresponsablemente se había negado a hacer incluso desoyendo al ministro de Hacienda, Pedro Solbes, que presentó su dimisión al ver que el país iba directo a la bancarrota.

El PSOE de Rodríguez Zapatero —que no el PP como falsamente repiten las fuerzas de izquierdas— recortó las retribuciones de los funcionarios en un 5%, congeló las pensiones suspendiendo la revalorización conforme al IPC, eliminó la jubilación parcial, el “cheque bebé”, aplicó el recorte en gasto farmacéutico, suprimió las prestaciones por dependencia para nuevos solicitantes, redujo las ayudas al desarrollo, rebajó drásticamente la inversión pública estatal y ordenó similares recortes a las comunidades autónomas y ayuntamientos.

Por supuesto, ZP renunció a presentarse a las elecciones generales como candidato socialista porque era imposible que haciendo lo que había prometido que no haría jamás, tuviese ni la más mínima opción a ser reelegido. Si en 2008 el PSOE había logrado 169 diputados, en 2011 las elecciones generales las ganó el PP con 186, ganando 32 escaños con respecto a los comicios anteriores. El PSOE con Alfredo Pérez Rubalcaba (D.E.P.) a la cabeza perdió 59 diputados.

El drástico cambio de rumbo que el Govern que preside acaba de anunciar con la aprobación del Decreto Ley COVID19 incurre de lleno en aquello que los partidos de izquierda habían garantizado que jamás harían.

Haría bien el PSIB-PSOE de Francina Armengol en recordar este fatal capítulo de la reciente historia de su partido, porque el drástico cambio de rumbo que el Govern que preside acaba de anunciar con la aprobación del Decreto Ley COVID19 incurre de lleno en aquello que los partidos de izquierda habían garantizado que jamás harían. Lo demuestra la ovación cerrada con la que le han dado la calurosa bienvenida los partidos de centro-derecha del Parlament: PP, Vox, C's y PI.

Esta autoenmienda a la totalidad a sus propias políticas aplicadas en los últimos 5 años desde el Consolat de Mar no habrá de pasar desapercibida a los votantes del tripartito gubernamental de izquierdas de PSIB, Podemos y Més per Mallorca. El radical desmarque de Més per Menorca y Esquerra Unida, el hipócrita desmarque “de cara a la galería” (en palabras de Antoni Noguera) de Més per Mallorca y las furibundas críticas de entidades ecologistas y de izquierdas como Amics de la Terra, GOB y Terraferida, evidencian que esta incursión en la política neoliberal —que nada tiene que envidiar a las que impusieron con puño de hierro José Ramón Bauzá y Carlos Delgado entre 2011 y 2015— tendrán su coste electoral.

Dicen Francina Armengol, Juan Pedro Yllanes y Fina Santiago que para reactivar la maltrecha economía balear ante la parálisis del turismo, no queda más remedio que aprobar ahora aquellas medidas neoliberales y desarrollistas del sector turístico y la construcción que venía demandando la derecha y que PSIB, Unidas Podemos y Més per Mallorca tumbaban en el Parlament. Pero no es cierto.

Podrían hacer lo que debió hacer ZP antes de pisotear su palabra y su programa político: dimitir y convocar elecciones.

Podrían hacer lo que debió hacer ZP antes de pisotear su palabra y su programa político: dimitir y convocar elecciones. Pero no lo harán porque están convencidos de que solo las medidas neoliberales y desarrollistas que propone la derecha, la CAEB y los hoteleros son útiles para amortiguar el desastre económico que se nos viene encima. Pero los ciudadanos sabrán que si no dimiten, su palabra no valdrá nada. Y la gente sabrá que para que se apliquen propuestas de derechas, mejor votar al original que a una burda falsificación sobrevenida.


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