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Artículo para un vuelo con retraso

domingo 04 de agosto de 2019, 02:00h

Hace años que se retrasara un vuelo era una anécdota más para añadir a las muchas que acontecían durante un viaje. Después uno podía rememorarlas, tal como sucedieron o aderezadas a gusto del oyente, y no pasaba de ahí. En la actualidad en cambio la anécdota para contar es que nuestro vuelo ha salido y ha aterrizado a la hora que estaba prevista.
El habitual retraso de los vuelos también ha modificado la forma de viajar y en especial, la forma de transitar por los aeropuertos. Antes el aeropuerto era ese lugar de paso inhóspito incluso, que se debía abandonar cuanto antes para que comenzara la aventura del viaje. Ahora, todo lo contrario, la aventura empieza en la puerta de acceso a sus instalaciones, cuando empiezas a hacer recuento de dónde llevas la tarjeta de embarque, el carnet de identidad y repasas mientas haces cola, los objetos que tienes que depositar en la bandeja del control de seguridad.
Los más estoicos han convertido los aeropuertos en su lugar de trabajo y/o de relax. Estar en el aeropuerto esperando la salida de tu vuelo te sitúa dentro de un paréntesis, más o menos largo, en el que puedes hacer absolutamente lo que te de la gana (ir de compras, comer, trabajar, vaguear, deambular de un lado a otro sin parar en ninguna parte, hablar por teléfono durante horas, leer sin la presión de lo más inmediato). Lo menos estoicos incluso pueden entretenerse haciendo cola para presentar reclamaciones que serán atendidas o no, según de la compañía aérea de que se trate.
Debo confesar que yo me lo tomo con bastante calma, procuro tener a mano siempre un buen libro, mi móvil, frutos secos y una botella de agua por si me dejan encerrada dentro de un avión sin despegar durante una hora, por poner un ejemplo de lo que no es infrecuente que suceda.
Lo que para algunos pudiera representar una especie de castigo: estar varias horas sin poder hacer absolutamente nada que no se pueda hacer en un aeropuerto; para otros se ha convertido en un oasis dónde se para el tiempo (nunca mejor dicho) y dónde se puede incluso reflexionar ya sea sobre temas privados y/o profesionales tomando decisiones que se ejecutarán nada más aterrizar.
Por eso, si se ha retrasado su vuelo, un consejo: disfrute la oportunidad de tener tiempo para pensar en lo que le de la gana, sin tener que estar haciendo algo concreto mientras tanto.
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