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Ayuso chula

lunes 03 de mayo de 2021, 03:00h

Aunque se denomine “ciencias políticas”, hay que admitir que las teorías de esta disciplina, basadas fundamentalmente en la observación empírica, adolecen de un cierto nivel de falibilidad.

Experimentados politólogos se encuentran detrás de las decisiones estratégicas de los partidos políticos más importantes ejerciendo la función de “veterinario para con el animal”, con el objetivo de propiciar decisiones y acciones que acarreen buenos resultados para el partido en cuestión. Entre estas acciones se encuentran principalmente todas las relacionadas con la materia electoral, pues, al fin y al cabo, las elecciones son el momento decisivo en la determinación de la representatividad y el poder que tendrá cada partido político durante la legislatura venidera. Pero, como ya hemos mencionado, siempre hay un margen para la equivocación.

Lo correcto en términos politológicos sería llamar “decisión” a ciertas acciones que se llevan a cabo por partidos que ostentan el poder con el objetivo de mermar las posibilidades electorales de un partido contrincante, pero, para entendernos coloquialmente, lo podemos llamar “chulada”, y las chuladas no siempre salen bien.

En 1985, el Partido Popular de Gabriel Cañellas propuso una reforma de la Ley Electoral de las Islas Baleares para establecer que el porcentaje mínimo para obtener representación en escaños en el Parlament de les Illes Balears fuera del 5%. A nadie se le escapaba que el objetivo de Cañellas era impedir la entrada de Unió Mallorquina en la cámara autonómica. Pues bien, no sólo no consiguió su objetivo -UM obtuvo representación- sino que necesitó los votos de ésta para ser investido presidente.

Recientemente, hemos tenido otra experiencia electoral en similares términos. En 2019 el presidente del Gobierno Pedro Sánchez convocó elecciones anticipadas porque, según sus encuestas particulares, era un momento propicio para aumentar su representatividad a costa de Unidas Podemos y prefería eso a ceder en unos acuerdos que garantizaran su investidura en julio. Pues bien, o ello se trató de un acto de inconsciencia o el análisis social realizado por los asesores de Ferraz adolecía de un sesgo importante, porque el PSOE no sólo no consiguió aumentar su peso específico, sino que aumentó el del partido de Pablo Iglesias hasta el punto de entrar en el ejecutivo estatal. Es decir, que en el interés del PSOE la situación fue peor en noviembre que en julio.

Ahora estamos ante otra situación en que se han convocado unas elecciones con una finalidad totalmente partidista aunque públicamente se justificase como el impedimento de una potencial moción de censura. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid por el Partido Popular, asesorada por el exportavoz del Gobierno Miguel Ángel Rodríguez, convocó comicios para este partes aprovechando que todas las encuestas infieren que su antiguo socio de coalición Ciudadanos no obtendrá representación, y así, de esta manera, obtener una confortable mayoría absoluta para afrontar los dos años que le quedarán a la nueva legislatura. Si la decisión estaba amparada en términos de estabilidad gubernamental es cuestión que ya no se podrá resolver nunca, lo que sí está claro es que detrás de esta costosa acción en términos de erario público hay un interés particular que, también según las encuestas, parece que en este caso no tendrá penalización por parte de los electores a diferencia de los mencionados anteriormente.

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