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Baleares y su grave problema de la vivienda

viernes 26 de agosto de 2022, 02:00h

Que Baleares tiene un enorme problema de acceso a la vivienda lo saben (y sufren) la inmensa mayoría de sus ciudadanos. Encontrar un piso libre –ya ni siquiera en decentes condiciones- y a un precio razonable es misión imposible y, los poquísimos casos que se dan, aguantan en el mercado minutos, dado el aluvión de demanda nacional e internacional.

El problema es complejo y no puede solucionarse con recetas puramente demagogas como la limitación de precios del alquiler que, con tanta insistencia, vienen reclamando algunos partidos que gobiernan. Los expertos ya avisan que, ante esta posibilidad, buena parte de los propietarios continuarán cobrando lo mismo sólo que una parte la exigirán en negro, y muchos otros decidirán directamente sacar su vivienda del mercado agudizando el problema cuantitativo.

Porque, al problema del precio y de la calidad de lo que se paga, se suma –tal y como publicó recientemente este medio- la caída acusada de la oferta, especialmente en Palma, en la que se ha contraído un 49 por ciento respecto al año anterior. Hay muy pocos pisos disponibles y los que hay, son tremendamente caros.

La otra gran opción, el alquiler de habitaciones en pisos compartidos, también mengua y también con Palma a la cabeza de España: un 78 por ciento menos en el último año, muy por encima de la media nacional situada en el 45 por ciento.

A todo esto hay que sumar la gigantesca bolsa de viviendas cerradas a cal y canto dadas las escasas –y tardías- garantías que disponen los propietarios frente a inquilinos morosos o directamente okupas. No hablamos sólo de la imposibilidad de desalojar inmediatamente a quienes incumplen sino, directamente, de tener que seguir pagándoles los suministros bajo amenaza de denuncia por coacciones.

El temor, en contra de lo que defienden partidos y plataformas de izquierdas, no es ficticio. Basta hablar con pequeños propietarios –que no grandes tenedores- para confirmar esta realidad.

Todo eso en cuanto al alquiler pero en el capítulo de la compra el escenario no es mucho mejor: parque de viviendas ínfimo, con precios desorbitados más enfocados al poder adquisitivo de europeos, y escaso límite de crecimiento. Resultado: si alquilar es un lujo, comprar es un sueño inalcanzable para la mayoría.

Ante esta situación, los partidos empiezan a mover ficha de cara a las próximas elecciones. El PSIB de Francina Armengol lleva meses asegurando que su receta es la vivienda de protección oficial y las ayudas al alquiler –aunque el problema no sólo no desaparece sino que sigue creciendo- mientras que el PP de Marga Prohens apuesta por el aval del Govern en la compra de vivienda para jóvenes, ya que, sostienen, el problema no es el pago de las cuotas sino la entrada que han de aportar a la entidad bancaria, dada su imposibilidad para ahorrar.

Teniendo en cuenta que ambos son los partidos llamados a gobernar –en solitario o liderando una coalición- bien harán en tomarse este asunto como asunto capital en sus programas y dar, de una vez por todas, una solución real a la pesadilla de miles y miles de ciudadanos, que son quienes les votan.

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