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Bebelejías, dudacionistas y otras hierbas

Por Gabriel Le Senne
jueves 23 de septiembre de 2021, 05:00h

Muchos, demasiados asuntos importantes que tratar: oleadas de ilegales, independencia judicial, posible crisis económica empezando por China… Pero la mayor injusticia y el mayor peligro para la libertad, hoy, son las medidas que se están imponiendo en relación con la pandemia.

El otro día Federico Jiménez Losantos criticaba a Santiago Abascal por no querer decir si estaba vacunado. ¡Federico! En el mismo programa, Isabel Sansebastián lo llevaba al extremo: “no defender la vacuna es ser un asesino”. A continuación Libertad Digital censuraba a Fray Josepho un artículo “dudacionista”, o sea, simplemente expresando dudas respecto a las vacunas. Como Fray Josepho lo publicó en Twitter informando de lo acontecido, Libertad Digital le ha despedido y ha cancelado todas sus colaboraciones. Si las cosas están así en el decano del liberalismo español, imaginen como estarán el resto.

Hasta mi querido compañero Sebastián Urbina publicaba ayer un artículo aquí en mallorcadiario.com, argumentando que la libertad debe ceder ante el peligro para la salud general: “libertad y responsabilidad”. Nada que oponer a sus razonamientos jurídicos, por supuesto. El problema, creo, está en los hechos. Los defensores de la vacunación obligatoria parten de dos asunciones: primera, las vacunas son efectivas. Segunda, las vacunas son seguras. Lo son, pero relativamente.

Respecto a la eficacia, conviene destacar que la variante delta la ha disminuido bastante. Las vacunas al parecer continúan protegiendo contra la enfermedad severa, pero protegen menos contra el contagio: “la eficacia de las vacunas para evitar la infección se ha reducido significativamente, siendo del 62% en Astrazeneca, del 42% en Pfizer o del 33% en Janssen”, nos dice Fernando del Pino, citando varios estudios científicos.

En cuanto a la seguridad, está probado que las vacunas pueden causar efectos adversos graves (afortunadamente, poco frecuentes). Además estamos ante una tecnología novedosa y unos productos que apenas se están empleando desde hace un año. Recordemos qué ocurrió con la talidomida: las graves malformaciones fetales que causaba tardaron cinco años en detectarse. La propia Pfizer acaba de retirar un tratamiento contra el tabaco, que ahora se conoce que era cancerígeno, quince años después de su autorización.

Considerando la eficacia y seguridad de las vacunas, podemos distinguir tres grupos de personas: primero, aquellos para quienes los beneficios de las vacunas superan claramente los riesgos. Por ejemplo, ancianos y enfermos. Segundo, aquellos para quienes no está clara la relación beneficio-riesgo. Aquí probablemente entrarían los adultos jóvenes. Tercero, aquellos para quienes probablemente los riesgos serían superiores a los beneficios esperables con la información actual.

A pesar de la brutal presión y de la censura contra los discrepantes, hasta los propios organismos oficiales han expresado ciertas dudas. El pasado 3 de septiembre, el JCVI (Joint Committee on Vaccination and Immunisation, el comité de expertos que aconseja sobre vacunas en Reino Unido) rechazó recomendar la vacunación generalizada de niños entre 12 y 15 años: “El margen de beneficio, basado principalmente en una perspectiva sanitaria, se considera demasiado pequeño para aconsejar en este momento un programa universal de vacunación de niños sanos de 12 a 15 años". Aquí, a la mayoría los tenemos ya vacunados.

Por otro lado, los asesores científicos de la FDA (Food and Drug Administration, el organismo que autoriza los medicamentos en Estados Unidos) votaron ¡16 de los 18! no recomendar la tercera dosis de Pfizer para el público en general, sino únicamente para los mayores de 65 años o con elevado riesgo de sufrir enfermedad severa en caso de contagio. Aquí en cambio un amigo lleva semanas preguntándome si me voy a poner o no la tercera dosis. ¡Pero si ni siquiera se ha aprobado todavía!

Somos uno de los países más vacunados del mundo (más del 76%). Aunque se vacunara el 100%, es imposible erradicar el virus. Porque estas vacunas no evitan el contagio, y porque hay reservorios animales. Imposible. Olvídense. Pero no es el fin del mundo. La quinta ola ha pasado, generando cierta actividad en los hospitales, pero asumible, y eso que estábamos importando turistas con variante delta a granel. Lo mismo indican las estadísticas en otros países como Reino Unido o Israel. La pandemia va bien, e irá mejor cuando por fin tengamos tratamientos eficaces, que será pronto, si dejan de poner palos en las ruedas.

Es hora de ir retirando medidas, comenzando por las más absurdas: mascarilla en exteriores, a los niños en el patio, por ejemplo. Y terminar con el pánico, la histeria, la censura y las medidas contra la libertad. Nada justifica perseguir a los escépticos. Y además, es contraproducente: esta persecución obsesiva genera más dudas. La duda es sana, sobre todo con políticos como Sánchez. El pensamiento crítico. En cambio, que seamos de los países que con más entusiasmo aceptan las consignas del poder, es lo verdaderamente preocupante.
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