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Berlín y Londres

sábado 14 de marzo de 2020, 12:19h

Seguro que aciertan. Va de virus. Si, si, de epidemia. De la capacidad que tienen determinados microorganismos para infectarnos y comprometer nuestra salud. Cada germen con sus propias características y sus peculiaridades, sus formas de contaminar, sus periodos de incubación, sus manifestaciones clínicas, su morbi-mortalidad, el proceso diagnóstico y las distintas formas de ser combatidos.

Las infecciones siguen siendo la primera causa de muerte en los países pobres y se encuentran entre las más frecuentes en los países desarrollados, después del cáncer y las enfermedades cardiovasculares.

En una semana en la que las consecuencias del coronavirus han castigado de forma inmisericorde la comunidad de Madrid, Álava, Igualada y Labastida y Murcia y en la que el epicentro de la pandemia se ha trasladado de Asia a Europa vuelven a jugar un papel trascendente en nuestra sociedad. El director general de la OMS, Tedros Adhnanom Ghebreyesus, ha afirmado que ya se registran más casos y muertes en el europa que que el resto del mundo juntos, excluyendo a China. Se notifican más casos cada día de los que se confirmaron en China durante el pico de la epidemia. De hecho, podemos afirmar que la agenda política ha sido tomada por un agente infeccioso acelular, que ha paralizado la economía mundial.

Por ello, nos vemos obligados a concentrarnos, aportando todas nuestras energías, en la interrupción de la cadena de contagios del SARS-CoV-2, cuya infectividad entre personas, es característicamente muy elevada. Aparentemente está de paso y no tenemos que permitir que haga más daño que el inevitable, adoptando un enfoque multisectorial y aumentando la capacidad para realizar pruebas de laboratorio. A pesar de ello, no está de más recordar situaciones de virus coronadas con éxito que hoy son noticia.

La infección por el VIH llevó el pánico a la sociedad por su alta mortalidad en la década de los noventa. La infección venía para quedarse en los infectados. Hoy se ha convertido en una enfermedad crónica, con una esperanza de vida media que no difiere de los no infectados. En este aspecto, esta semana se ha hecho público el estudio que confirma la curación del segundo caso en el mundo de la infección por VIH. Se le conoce como el paciente Londres. Se han cumplido los dos años y medio con el virus indetectable en la sangre, sin tratamiento retroviral y se le da por curado. La razón, la encontramos en un trasplante de células madre.

En la “Conference of Retrovirus and Opportunistic Infections (CROI)”, desde Boston (EEUU), realizada virtualmente debido al mismo COVID-19, se han presentado los hallazgos que muestran que el éxito del trasplante de células madre como una cura para el VIH. Se ha replicado el caso del paciente Berlín, que se presentó hace nueve años y que también sigue sin rastro del VIH. En este caso el topónimo obedece a la identificación territorial de dos afectados, Berlín y Londres y nos deben arrancar una sonrisa por el éxito y un agradecimiento a los que no descansan en la lucha contra las infecciones.

Buen finde, desde casa, aplicando las medidas generales de higiene de manos y contactar con el sistema sanitario, en su caso, tal como disponen las autoridades sanitarias. El esfuerzo de todos es necesario para el bien personal y colectivo.
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