Ir a ver un partido de la Copa del Mundo y contemplar un 5 a 1, perdiendo la actual selección campeona, no es una cosa que pase cada día.
El viernes 13, o de gloria, un servidor estaba en el Arena Fontenova (Salvador de Bahía). Muchos holandeses y pocos españoles, una proporción parecida al marcador final.
Algunos brasileños desean que su selección no gane el Mundial porque eso favorecería la euforia, el buen ánimo y el actual gobierno del PT (recordemos que en Octubre se celebran elecciones en todos los estados).
Algunos españoles piensan que el nacionalismo español y el ulterior olvido de la crisis y beneficio del Gobierno crece con las victorias de la selección. Pan y circo decían los romanos.
Sea como sea, Brasil no ha olvidado su situación durante la celebración del Mundial. La población está cabreada y el ambiente de anteriores copas del mundo no se está viviendo este año. El país de las desigualdades está cansado de corrupción, robo, falta de inversiones en educación y sanidad y, sobretodo, dispendio a la hora de celebrar grandes eventos internacionales como la Copa o los Juegos.
Contemplar las favelas des de los estadios, que han costado millones y que después del Mundial nadie volverá a llenar, es una imagen de contrastes que denota una país donde queda mucho por hacer. Es por ello que las manifestaciones son continuas y mucha gente cree que lo del mencionado pan y circo es cosa de la antigua Roma, no del actual Brasil.
Esas son las manifestaciones de la esperanza…




