Con la llegada de un nuevo año surgen también multitud de propósitos plagados de buenas intenciones, que normalmente nunca se acaban cumpliendo. El alcalde de Palma, Antoni Noguera, promete una gran transformación de la ciudad, con proyectos basados en la sostenibilidad y en la cultura. Son deseos que nadie puede criticar porque serían buenos para la ciudad. Pero más allá de los deseos y los buenos propósitos está la realidad. Y el estudio elaborado por el Observatorio de los Servicios Urbanos (OSUR), supone un baño de realidad sobre el servicio de recogida de basuras de la capital que lleva a cabo la empresa municipal Emaya. Este estudio apunta a que Palma está entre las ciudades con peor servicio por su mala gestión.
Esta cuestión, capital para cualquier gran ciudad y aún más para una que se reivindica como uno de los principales destinos turísticos del Mediterráneo, es objeto de quejas desde que comenzó el mandato del actual equipo de gobierno del PSIB, Més y Podem. Y poco a nada se ha hecho por mejorar la situación. Es evidente y notorio que la ciudad no está como debiera en materia de limpieza viaria y de recogida de basuras. Por ello, haría bien el alcalde Noguera en no elevarse demasiado y tocar con los pies en la tierra, solucionando los problemas que presenta la ciudad. Si no lo hace, las promesas de transformación no resultan muy creíbles.





