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Caballo de Troya

martes 02 de junio de 2020, 01:00h

En lo últimos días la evolución del número de casos nuevos diagnosticados de covid-19 y de defunciones es muy positiva en general y está permitiendo el progreso de la mayor parte del territorio español a la fase 2 del programa de desescalada, incluso a la fase 3 en Formentera y tres de las islas menores de Canarias. Quedan aun las dos grandes áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona en fase 1, lo que es lógico teniendo en cuenta que son los dos territorios más afectados por la pandemia y las dos zonas urbanas del país en las que se concentran más de cuatro millones de personas, por lo que el proceso ha de desarrollarse necesariamente con más lentitud y con mayores precauciones.

Esta evolución es motivo de satisfacción, pero no debemos olvidar bajo ningún concepto que seguimos en estado de pandemia y que, por tanto, las medidas de protección son fundamentales y deben seguirse a rajatabla, especialmente la distancia de seguridad, el lavado de manos y el uso de mascarilla en lugares públicos y siempre que no se pueda mantener la distancia de seguridad. Debemos ser muy conscientes de que el riesgo sigue existiendo, como lo demuestra el hecho de que se siguen diagnosticando casos nuevos, así como la aparición de rebrotes, de momento pequeños y aislados, en algunas zonas geográficas.

A medida que vayamos pasando de fase y los movimientos y las actividades vayan “normalizándose” será más y más importante el respeto escrupuloso de las medidas de protección y es muy fundamental, decisivo, que no mentalicemos todos de que la situación distará de ser “normal” durante mucho tiempo y de que tendremos que cambiar nuestros hábitos de relación social, pues de lo contrario pondremos en peligro todo lo conseguido hasta ahora.

La recuperación de la actividad económica, que en nuestras islas pasa por la reactivación del turismo, va a ser un reto de primera magnitud. Compaginar las necesarias medidas de higiene y protección con la recepción de ciudadanos que vendrán a disfrutar del ocio vacacional veraniego puede ser problemático. Las casi inevitables aglomeraciones, el contacto cercano, las ansias de explayarse, la necesidad de disponer de todo tipo servicios y el uso y abuso de alcohol y otras sustancias estupefacientes, van a suponer un problema que nuestras autoridades deben calibrar adecuadamente y prever las medidas y los recursos necesarios para evitar un descontrol de la epidemia, que supondría un desastre, sobre todo para el sistema sanitario, que se vería de nuevo saturado en un momento de recuperación de la actividad ordinaria.

Existe el peligro innegable de que el turismo se convierta en un auténtico caballo de Troya, que una vez abiertas las puertas de la isla e ingresado al interior, libere y expanda de nuevo el virus por el territorio. La Ilíada nos cuenta que Troya fue destruida por los aqueos escondidos dentro del caballo que inocentemente introdujeron los troyanos en su ciudad, deberíamos procurar que no nos pasara lo mismo a nosotros. El virus introducido de nuevo por los turistas podría ser letal para nuestra estructura social y económica, así que habría que delimitar muy cuidadosamente las condiciones en las que podrán llegar y permanecer en nuestras islas, no sea que por querer medio salvar la temporada actual perdamos varias de las siguientes

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