Hubo tiempos en los que el precio de los abonos a un club de fútbol, así como el de las entradas y horarios precisaba la inserción de un anuncio en los diarios o emisoras de radio. Por lo visto esta publicidad ahora es información, criterio que desde luego no comparto al tratarse de empresas privadas que, entre otras cosas, reservan con denuedo toda noticia relativa a sus presupuestos, contratos y primas. ¡Llámenme anticuado!.
No voy a entrar en si hacerse socio, como se les llama, del Mallorca es barato o caro, ni voy a considerar si los espectadores acostumbrados a sus asientos de cara al sol en invierno, van a estar mejor en su nueva ubicación, bajo cubierta y a la sombra. El club considera que sus aficionados van a caber todos en ese pañuelo y si se reserva uno de los fondos solamente es por la vieja convicción de que colocar el público más agresivo detrás de una portería amedrenta al portero visitante durante cuarenta y cinco minutos y quien sabe si al árbitro. ¡Esto si que es cutre y antiguo!. En el vetusto Lluis Sitjar era mucho más sencillo y los seguidores de la grada sur y la grada norte intercambiaban sus posiciones durante el descanso en función de la portería a la que debía atacar el equipo local.
Anécdotas aparte, Maheta Molango ha vuelto a insultar al mallorquinismo al determinar que los partidos de un hipotético play off no entra en el precio. Es el detalle con el que paga la afrenta de la temporada anterior salvo que, llegado el caso, decida regalar entradas para que a los jugadores no les falte apoyo. Premio a la fidelidad, ninguno y a la paciencia mucho menos. Si usted es mallorquinista ya sabe qué hacer: callar, sufrir y pagar.







