La Llar de Calvià inicia una transformación de calado. Lo que hasta ahora ha funcionado como empresa pública municipal comienza a mutar hacia una fundación, una fórmula que el Ayuntamiento considera más ágil para gestionar el envejecimiento acelerado de la población.
El último paso se ha formalizado esta semana, con la firma ante notario de los miembros del patronato y sus suplentes, un trámite que marca el inicio efectivo de una transición que no será inmediata. Durante un tiempo convivirán dos estructuras en un proceso que apunta a redibujar el modelo de gestión de la residencia.
Detrás del cambio hay un diagnóstico que evidencia que el modelo de empresa pública se queda corto para responder con rapidez a las necesidades de los mayores dependientes. La nueva fórmula busca introducir mayor flexibilidad administrativa sin renunciar al carácter asistencial ni al principio de no lucro. Es decir, cambiar la forma de gestionar sin cambiar el fondo del servicio.
La Llar de Calvià, creada en 1996, gestiona actualmente una residencia con capacidad para unos 60 usuarios y ha sido una de las piezas clave en la atención a la tercera edad en el municipio. Pero el contexto ya no es el mismo. Si a finales de los noventa los mayores de 65 años representaban apenas el 7,75 por ciento, hoy superan el 20 por ciento. Un salto demográfico que tensiona cualquier estructura pensada para otro tiempo.
La apuesta por la fundación no es solo organizativa. También es financiera. Este modelo permite acceder con mayor facilidad a subvenciones, donaciones y recursos privados que, en muchos casos, quedan fuera del alcance de una empresa pública tradicional. En otras palabras, abre la puerta a captar más fondos en un momento en el que la demanda de cuidados no deja de crecer.







