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Vivir sin permiso

miércoles 27 de mayo de 2020, 04:00h

“Hay ciertas reglas que se tienen que respetar en Oeste: la primera, recordar siempre que aquí tú vives con mi permiso”. Podría usar esta frase para describir las intenciones que tiene Pedro Sánchez respecto a nosotros, los españolitos, pero no, la frase pertenece a la serie de Netflix “Vivir sin permiso”, que va sobre el control absoluto bajo amenazas que ejerce el poderoso narco Nemo Bandeira y su reinado mafioso en la costa gallega. El problema es que el mafioso Bandeira, interpretado magistralmente por José Coronado, es un personaje de ficción pero Pedro, Pablo y los secuaces de ambos, secesionistas y filo-terroristas, no; y cada vez es más difícil “vivir sin su permiso”.

Tenemos una casa en el campo. Sí, una segunda residencia donde hemos pasado el confinamiento (sólo escribir esto ya me han entrado sudores) y, con esto de tener tiempo libre con nuestro negocio cerrado y endeudado a la espera de que se nos permita reactivar las visitas de turistas como ya se hace en Grecia y Portugal, ahora, hemos decidido hacernos con una pareja de cachorros de Ca de Bestiar (noble raza pastora autóctona de las Islas baleares que destacada por su lealtad, fuerza y arrojo en la defensa de las fincas). Ignacio, mi marido, que, entre por otras grandes virtudes, destaca por sus sagaces búsquedas y hallazgos en Internet, contactó con un desconocido que contaba con una camada, y esa misma tarde quedé para conocer a los cachorros en cuestión. Estaba nerviosa, entablar conversación con unos desconocidos de internet es siempre incómodo, pero algo sucedió; al verlos llegar me fijé en el pequeño detalle de que el imponente perro mallorquín que les acompañaba iba atado con un collar con la bandera de España, y (sé que esto va a sentar mal a algunos) aquello me tranquilizó. Supe que ese desconocido era de fiar. Fue como un santo y seña, vi aquella bandera y no hicieron falta más palabras, allí había libertad. No iba a ser prejuzgada por hablar español peninsular en Mallorca, ni por confesar que tenemos una casa en el campo (de ahí lo del perro) lo cual me convierte en un ser detestable de clase pudiente, ni por quitarme la mascarilla para mostrar mi rostro y dejar de respirar mi propio CO2 (para los alarmistas, estábamos al aire libre, literal y metafóricamente) y, de hecho así fue, nos entendimos perfectamente.

Fue entonces cuando me di cuenta de hasta qué punto vivimos arrinconados por matones como en la serie de Netflix. El Estado está omnipresente de una manera implacable en nuestras vidas, no sólo pasándose por el arco del triunfo nuestros derechos civiles fundamentales imponiendo de facto a todo el país el toque de queda (algo admisible las primeras semanas, cuando el coronavirus nos aterrorizó con su propagación exponencial, pero no cuando ha dejado de hacerlo), también nos tiene arrinconados en cada movimiento, palabra o pensamiento que hacemos aprovechando que somos gente asustadiza y acostumbrada a renunciar a la libertad a cambio de seguridad.

Nos acorralan con la pandemia, que ha pasado de ser negada a ser el salvoconducto de un desgobierno incapaz que sólo alarga esta agonía de alarma para encubrir datos, realizar contrataciones públicas sin control y controlar la comunicación para aminorar el impacto electoral, aunque eso se lleve por delante la economía (y convertir a España en el erial en el que florezca su comunismo). Son matones que se permiten la cacicada de destituir al ejemplar Coronel de la Guardia Civil Diego Perez de Cobos por mantener la verdad ante la juez, y así chulescamente mandar el aviso a navegantes: o obedeces y mientes, o a la p. calle. Han convertido el estado de alarma en un estado de impunidad en el que sus matones tuiteros campan a sus anchas arrinconando a cualquiera que se salga del guión, como le sucedió al joven payés youtuber Miguel Montoro que ingenuamente quiso hacer uso de su libertad haciendo sus videos en el idioma que le daba la gana (español) “para así llegar a más público” y fue sometido al acoso y derribo de la órbita indepe que lo llamó traidor. Pero ni el muchacho, ni el guardia civil han dado su brazo a torcer. Es más, ambos reciben más seguidores y apoyos incondicionales que nunca.

Hasta hace poco pensaba que estaba sola en mi cabezonería de resistir por libre pero después del éxito de la manifestación contra el gobierno del sábado pasado empiezo a sentir el despertar de una ola contra el sistema autoritario existente que todo lo va a inundar. El tsunami de banderas que salieron el sábado no eran cuatro fachas nostálgicos de dictaduras pasadas, eran ciudadanos de toda clase y condición contra estos matones clamando libertad.

Tengo un mensaje para el señor Sánchez y el señor Iglesias, para los nazis secesionistas que les apoyan, para los matones de Bildu y demás chiringuitos censuradores de ideas. La bandera de España hoy significa LIBERTAD. En España hay talento y muchas ganas de trabajar, somos muchos los que, además de ser honestos y buena gente, vamos a vivir sin su permiso y no nos vamos a dejar someter.

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