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¡Carril peatón ya!

martes 09 de septiembre de 2014, 09:53h
Sin perjuicio de las apariencias, el hecho de que una buena parte de la población se desplace en bicicleta no traerá la paz mundial ni acabará con la contaminación de nuestra atmósfera.

Esta atrevida afirmación, que podría hacerme acreedor del odio furibundo de algún que otro colectivo, no tiene mayor sustento científico que la mera observación. Una observación parcial, ya que es únicamente mi observación.

Pero demos simplemente algún dato objetivo: China es uno de los países con mayores niveles de contaminación. Sin embargo, también es uno de los países con mayor porcentaje de desplazamientos en bicicleta. Corea del Norte es uno de los países más militarizados del mundo. Las bicicletas son el único medio de transporte del que disponen, además de sus pies y los carros tirados por animales.

Por tanto, la bicicleta en sí misma no es ni buena ni mala. Es simplemente una bicicleta. No trae la paz, ni cantan los pajaritos a su paso. ¡Superemos ya el síndrome de Verano Azul!

A los efectos de evaluar el impacto de la bicicleta en nuestra ciudad, debemos decir que su uso se ha incrementado exponencialmente. Antes nadie iba en bicicleta y ahora algunos van en bicicleta entre semana cuando hace buen tiempo y muchos la usan los fines de semana, también solo si hace buen tiempo. Esta realidad demuestra que el volumen de coches que se quedan en el garaje sustituidos por la bicicleta es prácticamente nulo.

Dado que las bicicletas no sustituyen a los coches, las carreteras y calles siguen llenas de vehículos, por lo que la convivencia con las bicicletas es complicada y ha provocado (y esto no es ninguna broma) múltiples accidentes, con heridos muy graves y con víctimas mortales.

La consecuencia de esas calles atestadas de vehículos es que las bicicletas han invadido el espacio de los peatones. El último reducto del ciudadano que se desplaza caminando era la acera. Una acera ya de siempre infestada de excrementos de perro, a menudo estrecha, mal pavimentada, plagada de obstáculos, y que ahora ha de ser compartida con los ciclistas, especialmente con los ciclistas de fin de semana.

Si antes era una temeridad pasear por la calle sin mirar al suelo, ahora lo es doblemente. Se debe mirar al suelo y a los retrovisores que deberíamos llevar sobre los hombros, por si algún ciclista nos adelanta rozándonos con el manillar.

Hace unos días circulaba por la calle un grupo de ciclistas reclamando la construcción de carriles bici en todos los barrios de Palma. No puedo estar más de acuerdo.

Creo que la debilidad del ciclista frente al vehículo a motor y los riesgos para su integridad física son suficientemente elevados como para favorecer unos espacios acotado para ellos, que se conecten unos a otros y que permitan amplios trazados libres de obstáculos e impedimentos.

Y creo también que debería multarse a todo aquel peatón que ignore el carril bici y circule por el mismo, en tanto en cuanto dicha conducta implica un riesgo muy importante para él y para cualquier ciclista que ruede por dicho carril.

Lo cierto, sin embargo, es que la existencia del carril bici no implica que los ciclistas vayan por ese carril bici.

Les propongo que vayan cualquier sábado o domingo por la mañana por el Paseo Marítimo y presten atención a los ciclistas que, a toda velocidad, circulan por la acera llena de peatones, mientras que el carril bici permanece medio vacío. Les propongo también que paseen por la acera más cercana al mar en la zona de la dársena de Can Barbarà, y se fijen en los ciclistas que van por la acera (no hay carril bici) y a qué velocidad van muchos de ellos.

No soy médico, pero estoy convencido que un impacto frontal o trasero con una bicicleta que pueda circular a 30 o 35 km por hora no debe ser lo más aconsejable para un peatón que intenta dar un paseo sin que nadie, ni coches ni ciclistas, le pasen por encima. Probablemente dicho impacto pueda poner en peligro la vida del peatón y la del ciclista.

Creo que hay que proteger a los ciclistas de los coches, y que en la medida de lo posible los ciclistas no deben circular por las calzadas destinadas a los vehículos a motor.

Pero desde luego debemos proteger a los peatones de los ciclistas, que no pueden tener patente de corso para circular por donde quieran, de la forma que quieran y a la velocidad que se les ocurra. Es un riesgo que no tenemos ninguna obligación de soportar.

Hace mucho tiempo que renuncié a que la Policía Local recibiera órdenes de dedicarse a algo distinto que a poner multas. La implicación de las fuerzas del orden en asuntos de mera convivencia ciudadana es ridícula. Nadie multa a dueños de perros peligrosos por llevarlos sueltos o sin bozal, nadie multa a los gamberros que destrozan la ciudad con pintarrajeadas que pretenden ser “grafittis”, nadie multa a los sinvergüenzas que gritan por la calle a altas horas de la noche... Eso sí. Si usted deja el coche cinco minutos de más en zona ORA, prepare la cartera.

Descartada la intervención de las autoridades, que solo saben aprobar ordenanzas para permitir que se incumplan, yo apelaría al civismo.

Un civismo que en este sentido se traduciría en algo muy sencillo. Fuera los peatones de los carriles bici. Y fuera las bicicletas de las aceras que no sean suficientemente anchas como para que haya una separación suficiente entre ciclista y peatón.

Y en las aceras estrechas, o no se va en bici o se va tan despacio que se elimine cualquier riesgo.

No me parece tan difícil, aunque la verdad es que debe serlo, porque la realidad, por desgracia, está bastante alejada de estas reglas aparentemente sencillas.

Por si acaso, empezaré a organizar una plataforma de peatones para reivindicar que, además de coches, motos, perros, obras y ciclistas, en la ciudad también existen peatones.

A lo mejor conseguimos un carril peatón. Eso sí, a compartir con los patinadores en línea y monopatinadores con gorra, no sea que nos acostumbremos a ir tranquilos por la calle.
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