Aquí expone estos días la acuarelista Soledad Jiménez-Villarejo, funcionaria de la administración de Justicia y pintora por vocación. Sus obras forman parte de la exposición Les dones mouen el món, organizada con motivo del Día Internacional de la Mujer. La muestra reivindica la capacidad transformadora de las mujeres y propone un recorrido visual por distintas realidades femeninas del mundo.
“En la acuarela manda el agua”
La exposición en La Misericòrdia se enmarca en el 75 aniversario del Grupo de Acuarelistas del Círculo de Bellas Artes de Palma. Entre los cuadros, la artista nacida en Málaga recibe a mallorcadiario.com la misma serenidad con la que trabaja el agua sobre el papel. Su discurso gira constantemente alrededor de una idea que resume su manera de entender la técnica y el arte: “En la acuarela manda el agua”.

EL AGUA COMO DESAFÍO
En esta entrevista, Soledad Jiménez-Villarejo sostiene que la acuarela es una técnica que obliga a negociar con lo imprevisible. Explica que el agua nunca se comporta exactamente como el pintor imagina y que gran parte del trabajo consiste en dirigir ese movimiento sin intentar dominarlo por completo. “El agua es ingobernable. Va por donde quiere, y lo difícil es convertir ese movimiento en el dibujo que tienes en la cabeza”, afirma.
“El agua es ingobernable. Va por donde quiere”
Según relata, la precisión es todavía más exigente cuando se trata de retratos. En ese terreno cada sombra y cada punto de luz condicionan la percepción del volumen del rostro. Por eso suele pedir a quienes le encargan retratos que le envíen fotografías tomadas a contraluz, ya que ese tipo de iluminación permite apreciar mejor los relieves del rostro. “La luz y la sombra marcan el volumen de la cara, la profundidad de la mirada, el relieve de la nariz”, explica.

La artista señala además que la acuarela tiene una particularidad decisiva: el blanco no se pinta. El blanco es el propio papel. “Si el agua invade ese espacio, pierdes el brillo para siempre”, comenta. Ese detalle obliga a trabajar con una atención casi quirúrgica, anticipando cada gesto antes de que el pigmento toque el papel.
“El blanco es el propio papel”
El proceso tampoco termina cuando el pincel se levanta. El secado forma parte de la obra. Si el agua se evapora de forma irregular puede dejar cercos o acumulaciones de pigmento que alteran el resultado final. “Hay que controlar incluso cómo se seca el papel. Es disciplina pura”, resume.

"TENGO QUE DOMINAR LA TÉCNICA"
La relación de Soledad con la acuarela nació, en realidad, de un desafío personal. Cuenta que empezó pintando al óleo, una técnica con la que se sentía cómoda desde el principio. La acuarela, en cambio, se resistía. Aquella dificultad, pero, terminó convirtiéndose en el motor de su aprendizaje. La artista recuerda que decidió insistir precisamente porque no conseguía dominarla. “Me piqué”, dice con una sonrisa. “Me dije: a esta técnica tengo que llegar a dominarla”.

Aun así, matiza que ese dominio absoluto nunca llega. Para ella, la acuarela es un territorio donde el aprendizaje es permanente. “Todavía no la he dominado. Siempre estás aprendiendo”, asegura. Y es que durante mucho tiempo la acuarela fue considerada una técnica menor dentro del mundo de la pintura. Soledad lo resume con una expresión que utiliza a menudo cuando habla de su disciplina: “Siempre digo que es la hermanita pobre de la pintura”.
“La acuarela es la hermanita pobre de la pintura”
Sin embargo, desde su experiencia ocurre justo lo contrario. Mientras que otras técnicas permiten corregir o superponer capas, la acuarela apenas concede margen de error. “En un paisaje marino puedes permitir que el agua se expanda un poco y hasta puede sumar. Pero en un retrato no hay margen: cada sombra cuenta”, explica. A pesar de que los materiales tienen hoy un coste similar al de otras técnicas pictóricas, el mercado de la acuarela sigue siendo más reducido. La artista lo acepta con naturalidad: “Esto es amor al arte. Literalmente”.

'LES DONES QUE MOUEN EL MÓN'
La exposición Les dones mouen el món se articula alrededor de una idea central: mostrar la fuerza de las mujeres en distintos contextos sociales y culturales. Soledad explica que el título surgió dentro del grupo de artistas que participan en la muestra -mención especial para Aina Ferriol, directora insular de Familias- y que desde el primer momento le pareció especialmente potente.
Según comenta, su intención no era construir un discurso abstracto sobre el feminismo, sino mostrar realidades concretas a través de imágenes. Sus acuarelas presentan mujeres de distintos lugares del mundo: una joven japonesa asociada al desarrollo tecnológico, mujeres africanas cargando peso con una fortaleza admirable o escenas de infancia en países donde acudir a la escuela implica caminar kilómetros cada día.

Para la artista, estas imágenes hablan de resiliencia y de responsabilidad cotidiana. Considera que muchas veces se olvida el papel silencioso que las mujeres han tenido históricamente en el sostenimiento de la sociedad. “Las mujeres han movido el mundo siempre, muchas veces desde la sombra”, afirma.
“Las mujeres mueven el mundo en la sombra”
También recuerda que los avances en igualdad son relativamente recientes. En su opinión, el acceso de las mujeres a determinadas profesiones o espacios de poder es un fenómeno que todavía está en construcción. “Hace no tanto tiempo había profesiones a las que las mujeres ni siquiera podían acceder”, señala. Hoy, en cambio, destaca que cada vez es más frecuente ver mujeres liderando ámbitos como la medicina, la investigación o la justicia.

A través de sus acuarelas intenta reflejar esa evolución sin caer en discursos confrontativos. Prefiere hablar de crecimiento compartido y de igualdad de oportunidades. “Hombres y mujeres nos enriquecemos mutuamente”, afirma.
UNA ACUARELA EN ITALIA
El trabajo de Soledad Jiménez-Villarejo también ha cruzado fronteras estos días. Ayer sábado, 7 de marzo, se inauguró en la Villa Giulia de Verbania (Italia) la muestra internacional L’Acquerello a Villa Giulia, organizada por la Associazione Italiana Acquerellisti con la colaboración del Comune di Verbania.

La exposición reúne a artistas de Italia, Polonia y España —con representación de Andalucía y de las Islas Baleares— y permanecerá abierta al público hasta el 12 de abril en este espacio situado a orillas del Lago Maggiore. La artista malagueña, mallorquina de adopción, participa con una única pieza: una acuarela que representa, según explica, “la vuelta del cole”.

PINTAR PARA TRANSFORMAR
El vínculo entre arte y transformación social aparece de forma recurrente en la conversación con la artista. Soledad sostiene que las imágenes poseen una capacidad de impacto que a veces supera a las palabras. “Lo visual llega muy rápido. Una imagen puede sacudir más que un discurso”, explica. En su opinión, el arte puede servir para denunciar injusticias, visibilizar problemas o simplemente invitar a mirar el mundo desde otra perspectiva. Ese potencial es el que la anima a seguir explorando el universo femenino en su pintura.
“Una imagen puede sacudir más que un discurso”
La artista insiste, no obstante, en que la cultura no debería convertirse en un espacio de enfrentamiento. Prefiere entenderla como un territorio de encuentro. “El arte no está para crear conflictos, sino para transformar”, afirma. Ese enfoque también se relaciona con su propia trayectoria vital. Su profesión principal se desarrolla en la administración de Justicia, un ámbito donde el contacto con historias difíciles forma parte de la rutina diaria. Allí escucha relatos duros y situaciones límite que, de algún modo, terminan filtrándose en su mirada artística.

Aun así, subraya que incluso en esos contextos aparece con frecuencia la dimensión más humana de las personas. Esa experiencia, dice, le recuerda constantemente la importancia de la empatía. El arte, en ese sentido, actúa como un espacio de equilibrio. Al final de la entrevista, cuando se le pregunta por el hilo conductor de su trabajo, Soledad Jiménez-Villarejo responde con una frase que resume tanto su pintura como su manera de entender la cultura. “Mi reto es transformar el mundo a través del arte”.
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