El Hotel Cap Rocat implementa prácticas de economía circular en su operación.
En este contexto, la Agència d’Estratègia Turística de les Illes Balears (AETIB) ha financiado 17 proyectos vinculados a la circularidad en el ámbito turístico, con una dotación inicial de 1,49 millones de euros procedentes del instrumento europeo NextGenerationEU. La ejecución final ha alcanzado 1.395.526,81 euros, distribuidos en dos líneas diferenciadas que combinan impacto ambiental y dimensión social.
Más allá del volumen económico, la convocatoria ha servido como banco de pruebas de un enfoque que pretende ir más allá del reciclaje convencional. La clave reside en reducir residuos en origen, prolongar la vida útil de productos y valorizar materiales dentro del propio destino, evitando su traslado y vertido en un archipiélago donde la capacidad de gestión es limitada y la presión turística se intensifica en temporada alta.
La convocatoria se estructuró en dos programas. El Programa 1, dirigido a empresas de inserción laboral, aprobó dos proyectos por valor de 369.525,68 euros. El Programa 2, orientado a empresas turísticas y entidades ambientales, concentró quince iniciativas con una dotación superior al millón de euros.
El planteamiento respondía a una premisa clara: la circularidad no puede limitarse a la fase final del residuo. Se trata de intervenir en el diseño de procesos, en la logística, en la relación con proveedores y en la cultura corporativa. Desde la AETIB se insiste en que el objetivo es que estos criterios se integren de forma estable en la operativa habitual del sector y no dependan exclusivamente de convocatorias puntuales.
La circularidad no puede limitarse a la fase final del residuo
En un territorio insular, la circularidad adquiere un significado estratégico. Cada tonelada que no termina en vertedero reduce presión sobre infraestructuras ya tensionadas y disminuye la necesidad de transporte exterior, con el consiguiente ahorro ambiental y económico. La ecuación es simple en términos conceptuales, pero compleja en su ejecución: requiere coordinación entre empresas, entidades sociales y administraciones.
Uno de los proyectos destacados en Mallorca es el desarrollado por Triamdetot SL, vinculado a la Fundació Deixalles. La iniciativa parte de una realidad habitual en el sector hotelero: las renovaciones periódicas de mobiliario, textiles, electrodomésticos o elementos decorativos generan grandes volúmenes de materiales que, pese a su buen estado, son descartados por criterios estéticos o de marca.
El proyecto establece un servicio de recogida de estos materiales, que posteriormente se trasladan a talleres donde se clasifican, revisan y preparan para su reutilización o venta de segunda mano. El circuito incluye también la donación a entidades sociales cuando procede, reforzando el componente comunitario.
Desde la Fundació Deixalles precisan que “desde el inicio del proyecto en 2022 hemos recuperado un total de 667 toneladas de materiales procedentes del sector turístico”. Solo en 2025, año en que han recibido la subvención de la AETIB, “hemos alcanzado las 150 toneladas recuperadas, lo que demuestra la consolidación y el crecimiento del proyecto”.
La ayuda pública ha permitido ampliar capacidad logística y reforzar personal. “Esta ayuda ha sido clave para ampliar nuestra capacidad de almacenamiento y reforzar el personal implicado directamente en el proyecto, lo que nos permite gestionar un mayor volumen de materiales”, señalan. Aun así, advierten de que el margen de crecimiento sigue siendo amplio, teniendo en cuenta la dimensión de la planta hotelera de Mallorca y el número de reformas anuales.
La circularidad no se concibe aquí únicamente como una estrategia ambiental. La vertiente social es estructural. “Gracias a este proyecto hemos podido realizar seis contratos de inserción laboral este 2025”, explican desde la Fundació Deixalles.
Los perfiles corresponden a personas en situación de exclusión social por dificultades económicas, problemas de acceso a la vivienda, procesos de adicción, situaciones de violencia de género, edad u otras circunstancias personales. La actividad diaria —recogida, clasificación, reparación, atención al cliente— se integra en itinerarios individualizados que combinan empleo remunerado y acompañamiento.
La entidad percibe, además, una evolución en la actitud del sector. “Especialmente en aquellas cadenas hoteleras que tienen firmado un convenio de colaboración con Deixalles y también en las que cuentan con equipos específicos de circularidad y sostenibilidad dentro de sus plantillas”, indican. En estos casos, apuntan, se observa una mayor implicación y sensibilidad hacia la reutilización y la correcta gestión de residuos.
El cambio cultural, aunque gradual, resulta determinante para consolidar el modelo. La decisión de separar, almacenar y entregar materiales para su reutilización exige planificación y voluntad empresarial. Sin ese compromiso, el circuito se interrumpe antes de completarse.
En Menorca, la circularidad adquiere un carácter aún más estratégico. La iniciativa de Mestral Inserció i Medi Ambient, entidad vinculada a Cáritas Menorca, se centra en la gestión de residuos voluminosos procedentes del sector hotelero y de restauración.
En una isla declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, con capacidad limitada de vertido y dependencia de infraestructuras insulares, la reducción en origen no es solo una opción sostenible, sino una necesidad estructural. El transporte de residuos fuera del territorio implica costes ambientales y económicos añadidos.
Desde Mestral explican que la subvención ha supuesto un punto de inflexión en su operativa diaria. “Gracias a esta ayuda, hemos podido profesionalizar y sistematizar un servicio que hasta ahora era más limitado”, señalan. La mejora se traduce en optimización de rutas, refuerzo del equipo humano y mayor rapidez de respuesta cuando un establecimiento necesita retirar mobiliario o enseres.
La entidad detalla que la inversión ha permitido también mejorar la trazabilidad de los residuos gestionados y reducir tiempos de almacenamiento. El objetivo es dar una segunda vida al mayor número posible de productos en el menor plazo, evitando su deterioro y pérdida de valor.
El alcance ambiental del proyecto se concreta en datos. “Durante 2025 hemos gestionado 166.501,21 kilos de residuos voluminosos, de los cuales se ha reutilizado o reciclado el 100%”, subrayan desde Mestral Inserció i Medi Ambient.
Cada tonelada recuperada evita que muebles, colchones o equipamiento acaben en vertedero. También reduce la necesidad de importar nuevos productos, con la consiguiente disminución de emisiones asociadas a fabricación y transporte. En un territorio insular, el ahorro logístico adquiere un valor añadido.
La implicación del sector hotelero se encuentra en proceso de consolidación. Desde la entidad explican que el sistema se está configurando como alternativa real frente a la gestión tradicional de voluminosos, especialmente en un destino donde las renovaciones son frecuentes y generan volúmenes significativos de residuos.
La dimensión social del proyecto menorquín es, como en el caso mallorquín, un pilar central. “Actualmente contamos con 25 puestos destinados a contratos de inserción”, indican desde Mestral.
No se trata únicamente de gestionar residuos. La recogida, clasificación, reparación y puesta a punto de materiales articula itinerarios de inserción sociolaboral que combinan formación técnica, adquisición de competencias transversales y experiencia laboral real. Las personas participantes trabajan en logística, gestión de almacén, reparación o atención al cliente.
“La economía circular deja de ser solo una estrategia de gestión de recursos para convertirse también en una herramienta efectiva de inclusión, generación de oportunidades y fortalecimiento del tejido social de Menorca”, señalan desde la entidad.
En este enfoque, sostenibilidad ambiental y cohesión social no compiten por recursos, sino que se refuerzan mutuamente. El residuo se convierte en oportunidad económica y, al mismo tiempo, en instrumento de integración.
La circularidad adquiere otra dimensión cuando se integra directamente en la operativa interna del establecimiento. El Hotel Cap Rocat ha implantado un sistema de digestión aeróbica para tratar la totalidad de los residuos orgánicos que genera.
Desde el hotel explican que, tras realizar mediciones detalladas desde 2024, perfeccionar el sistema de separación y analizar el flujo de residuos, han dimensionado el proyecto para “valorizar el 100 % del residuo orgánico generado”. La previsión es transformar aproximadamente 60.000 kilogramos anuales en un biofertilizante seguro, seco y rico en nutrientes, que vuelve al suelo cerrando el ciclo natural de la materia orgánica.
Antes de implantar el sistema, el establecimiento estudió en profundidad qué tipo de residuo producía y en qué puntos podía reducirlo. “Nuestro objetivo no es únicamente transformar, sino reducir primero”, señalan. El desperdicio alimentario —recuerdan— también tiene impacto ambiental, ya que la materia orgánica ha sido cultivada, transportada, transformada y servida antes de convertirse en residuo.
En términos operativos, admiten que puede resultar más sencillo depositar el residuo en un contenedor para que un gestor externo se encargue del tratamiento. Sin embargo, advierten de que “ese modelo no es plenamente circular y no genera un retorno directo para el establecimiento ni para el destino”. El compostaje in situ permite, en cambio, activar iniciativas complementarias como el huerto de autoconsumo gestionado con prácticas regenerativas, donde se utiliza el biofertilizante obtenido.
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Entre los impactos identificados figuran la eliminación del transporte y tratamiento externo de más de 60 toneladas anuales, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero —especialmente metano— asociadas a la descomposición en vertedero, la producción de compost de calidad y la reducción progresiva de costes de gestión a medio y largo plazo. Además, se genera un producto de alto valor para la conservación y regeneración del suelo.
La actuación forma parte de una estrategia ambiental más amplia orientada a favorecer la economía local, reducir el impacto ambiental y disminuir la huella de carbono. Cap Rocat declara objetivos vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, supera el 60 % de compra a proveedores locales y más del 15 % de producto KM0, y participa en iniciativas de compensación como Es Pagos Regenera.
Dentro del programa interno Re-imagine, el establecimiento transforma vidrio transparente en nuevos productos, recupera textiles y corchos de vino que regresan transformados y prioriza materiales reutilizables frente al modelo de usar y tirar.
Aunque actualmente no existe una bonificación específica en la tasa de residuos por esta acción, desde el hotel sostienen que el coste ambiental forma parte de su compromiso con el destino. Consideran, además, que el modelo es replicable: cualquier hotel con jardines necesita aportar nutrientes al suelo y puede producirlos a partir de su propia materia orgánica mediante soluciones tecnológicas adaptadas a su volumen de generación.
Los 17 proyectos aprobados en el marco de la convocatoria de la AETIB no agotan el debate sobre el modelo turístico balear, pero sí ofrecen indicios de una transición en marcha. La circularidad se presenta como una herramienta para compatibilizar competitividad, sostenibilidad y cohesión social.
El reto, a medio plazo, pasa por consolidar estos circuitos y extenderlos al conjunto del sector. Ello implica integrar la reutilización en los protocolos habituales de renovación hotelera, reforzar la coordinación con entidades sociales y garantizar estabilidad financiera más allá de las subvenciones iniciales.
En un territorio donde cada metro cuadrado y cada infraestructura cuentan, la gestión eficiente de materiales deja de ser un asunto secundario. La circularidad no elimina por sí sola las tensiones del modelo turístico, pero introduce un principio de responsabilidad que conecta economía y territorio.
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