La histórica y emblemática Clínica Rotger de Palma pasa a integrarse en el grupo IDC-Quirón. A priori este movimiento empresarial en la sanidad privada mallorquina no merecería más comentario si no estuviéramos hablando de una clínica privada como Rotger, en cuyas instalaciones, ya fuera en la antigua clínica de la calle General Riera o en la actual, antigua Mare Nostrum, han nacido miles de palmesanos. La estrecha vinculación emocional de cuantos han nacido o se han puesto en manos de la Clínica Rotger por un problema de salud, hace que inevitablemente hablemos de bastante más que una mera operación empresarial.
Es una lástima que el matrimonio Regí-Rotger no haya podido evitar esta integración que en la práctica supone la entrada de capital ajeno a la empresa. Su centro hospitalario hasta ahora había permanecido incólume y había logrado mantener su identidad como clínica privada independiente, con una filosofía asistencial propia y muy ligada a Mallorca y a su capital, Palma. No sabemos qué sucederá a partir de ahora, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que la situación cambiará. Seguramente todo sea a mejor, es de esperar que así sea, pero la clínica privada por antonomasia de nuestra isla pierde una buena parte de su identidad propia y autóctona.
En este mundo globalizado y donde el capital circula líbremente, el pez grande se come al chico. Es la época que nos ha tocado vivir, lo que no evita que desde la nostalgia lamentemos que pocas sean las pequeñas empresas mallorquinas que han logrado resistir sin sucumbir al empuje de grandes grupos empresariales.




