De vagos generales y huelgas fracasadas

Una de las imágenes de la semana ha sido la de la recepción de las tres activistas de la llamada flotilla a su regreso de sus desventuras por la zona de conflicto entre Hamás e Israel.

En ella, aparecen nuestras tres intrépidas cruceristas con prendas reivindicativas, mientras la concejal del ayuntamiento de Palma, Lucía Muñoz, exhibe una pancarta que reza “VAGA GENERAL”. No podría estar más de acuerdo con esta autodescripción de la edil palmesana. De hecho, gran parte de los poco atareados integrantes de la misión propagandística de la izquierda antisemita europea, incluyendo a la incalificable Greta Thumberg -que lo mismo sirve para un roto que para un descosido-, responden a esa descripción.

Lo malo, en el caso de Muñoz, es que su vagancia la pagamos todos los ciudadanos y no solo sus escasos votantes, de manera que así es muy fácil apuntarse a cualquier iniciativa más o menos fiestera. Muñoz no cobra por haber sido elegida concejal, sino por ejercer como tal en el ayuntamiento. De lo contrario, las elecciones municipales se convertirían en algo así como un sorteo de la lotería, en las que, si tienes la fortuna de resultar agraciado, no hace falta que vuelvas a dar un palo al agua.

Presumo que, incluso cuando acude a su puesto de ‘trabajo’ (¿?), la concejal podemita no suda demasiado, es decir, que su devoción por resolver los problemas diarios de la ciudadanía no es lo que se dice innata. Es lo que tiene el comunismo, en el que tú haces como que trabajas y el Estado hace como si te pagara, solo que en España -que no es Cuba- ella hace como que trabaja y todos los ciudadanos le pagamos la nómina. De verdad, no de mentirijillas.

Los demás concejales de la oposición, al menos, atienden sus obligaciones formales y presentan iniciativas y contrapropuestas y no pretenden que les sufraguemos unas vacaciones extra. De manera que la reclamación económica a nuestra desahogada concejal es preceptiva. 

Pero lo de la “vaga general” denota, además, que la izquierda vive con profunda frustración el fin -al menos, de momento- del conflicto armado en Gaza, máxime cuando el que se ha apuntado el tanto no ha sido ningún integrante de la flotilla de desenfeinats en yate, ni su correligionario embustero de La Moncloa, sino el inefable Donald Trump, nombre que todo el mundo sabe que es yuyu para la izquierda mundial.

Así que, como si la guerra no hubiera cesado, han mantenido una fantasmagórica convocatoria de huelga general apoyada por todas las organizaciones afectas -comegambas incluidos- reclamando el “fin del genocidio”. Se ve que no ven el telediario, ni siquiera el de TVE y no se han enterado de lo que ha pasado. En cambio, de las guerras que continúan, como la que declaró su amigo neosoviético Vladimir Putin a un estado democrático europeo como es Ucrania, de esas, los vagos generales no hablan, porque los muertos ucranianos, sean niños, mujeres o civiles en general son íntimamente considerados como escoria capitalista que merece morir. 

La huelga, obviamente, ha sido un total fracaso, porque incluso aquellos ciudadanos honestamente horrorizados por la crueldad del conflicto y los miles de víctimas inocentes, saben que ahora hay una oportunidad para la paz y que hoy no hay más conflicto en Gaza que el de las ejecuciones que Hamás está perpetrando contra los palestinos que considera no afectos a su causa criminal.

Eso sí, todas las organizaciones de la izquierda sociológica  -incluyendo el GOB- han llamado a la movilización, porque no es cosa desaprovechar una ocasión como esta para tratar de reactivar el pulso de su desanimada parroquia, sabedora de que, tarde o temprano, las urnas los van a devolver a donde merecen.

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