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Decadencia, mi palabra del año

martes 03 de enero de 2017, 03:00h

El diccionario Oxford de inglés eligió hace ya algunas semanas “posverdad” como palabra del año 2016. La Fundación del Español Urgente, Fundéu, ha hecho lo propio con “populismo”. Está clara la relación de ambas con los acontecimientos políticos acaecidos durante este año que acaba de terminar. La posverdad no es sino una mentira que no es percibida, o no se quiere percibir, como tal y de la que los políticos y movimientos populistas hacen un uso extenso, deliberado y sin complejos.

Quizás los dos ejemplos más clamorosos, aunque no los únicos ni de largo, de uso de la mentira con pretensiones de posverdad, sean la campaña de los partidarios del “brexit” en el referéndum del Reino Unido y la de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, en ambos casos plenamente exitosos para sus promotores.

Ejemplos de movimientos populistas en pleno auge tenemos, por desgracia, en abundancia, en todo el mundo y muy en especial en Europa, donde están en el poder en algunos países, Hungría, Polonia, Bulgaria, Eslovaquia, en otros están en condiciones de influir sobre el gobierno, como en Finlandia o Dinamarca, y en otros pueden llegar a ser una seria alternativa electoral, como en Holanda, Italia, Austria o Francia y en todas partes están condicionando a los partidos tradicionales, especialmente a los conservadores, que están adoptando muchos de sus postulados y propuestas a fin de contener el trasvase de votos.

En mi modesta opinión, la causa primaria de donde derivan todos los males que nos aquejan es la decadencia, la decadencia intelectual y moral de nuestra civilización. Nos hemos convertido en una sociedad envejecida y esclerosada, miedosa y apocada, que ha perdido el impulso ético, democrático y solidario y se ha deslizado por la pendiente del aislacionismo y la autocomplacencia.

La indecente postura de los gobiernos de los países de la Unión Europea con los migrantes que buscan refugio y asilo, rechazando o incumpliendo las propuestas de la Comisión, de por sí bastante timoratas; las iniciativas de reinstauración de controles fronterizos internos, suspendiendo ya veremos si solo temporalmente el espacio Schengen; la salida del Reino Unido de la UE; el crecimiento de los partidos populistas; los movimientos nacionalistas xenófobos, eurófobos, partidarios de la desintegración de la UE y la desaparición del euro, todo ello es consecuencia del miedo, de la cobardía que se han instalado entre nosotros, así como de la ausencia de líderes dignos de tal nombre. Solo Angela Merkel ha mantenido una postura digna durante esta crisis, pero ella misma está muy presionada por sus propios compañeros de partido, ante el avance electoral del partido xenófobo Alternativa por Alemania.

El imperio romano inició su decadencia con el miedo a los bárbaros (los extranjeros) y la obsesión de proteger sus Limites (las fronteras), pero el desmoronamiento interno provocado por la incompetencia, vesania y cobardía de sus dirigentes y el abatimiento moral de la sociedad condujo a su caída estrepitosa por la invasión de esos mismos bárbaros cuando, paradójicamente, la potencia militar y económica del imperio, así como el prestigio de su civilización entre los mismos invasores, aún eran suficientes como para haber evitado el desastre.

El mundo romano se desmoronó por la decadencia de su sociedad, no por la invasión de los bárbaros, que solo se produjo cuando la sociedad romana entró en descomposición.

Decadencia es mi palabra del año 2016.

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