«Los dementores son criaturas oscuras y sin alma que se alimentan de la felicidad y los recuerdos alegres de las víctimas, a las que dejan deprimidas y vacías». (Wikipedia). (Más o menos).

Pues eso, que hay políticos dementores que crecen en el malestar que ellos mismos crean. Su ecosistema es la basura, y por eso necesitan señalar continuamente problemas (o directamente inventarlos), colocar sobre ellos un foco (y apagarlo en el resto del escenario), y aplicar un zoom y filtros oscuros. A continuación, deben convencer a un número suficiente de que esa imagen triste y distorsionada es la realidad, echar la culpa a alguien (esto es fundamental), y ofrecerse a arreglar todo y a castigar a los culpables si los votan. Parece complicado, pero ellos lo hacen de manera rutinaria. Y les funciona. Envenenan la convivencia y no resuelven nada, pero acceden a sueldos suculentos.

Igual esto ha quedado un poco abstracto, pero fíjense en lo que ha ocurrido este Mundial. Mientras todo el mundo disfrutaba de los partidos de la selección, los dementores señalaban a Nico Williams y Lamine Yamal (e incluso al hermano pequeño de éste que animaba desde la grada) y decían «rabiad, fachas, que esto está lleno de negros y moros, ja, ja». Pero ¿había alguien metiéndose con Yamal o Williams? No, los fachas estábamos tan felices, disfrutando del avance de España por la eliminatoria hasta la final. Pero los políticos dementores necesitan crear la impresión de que España es un infierno racista y fascista que se ofrecen a combatir; dado que es imaginario, no requiere mucho esfuerzo ni valor. No crean que esto es exagerado: en el momento en que escribo estas líneas la ministra de Ciencia Diana Morand está comparando a Feijóo… ¡con Hitler! Esto es todo lo que ofrecen, es decir, nada, porque en realidad son incapaces de construir ni de aportar nada valioso a la comunidad. 

Otros dementores han optado por una aproximación diferente: «rabiad, fachas, que esto está lleno de jugadores catalanes y vascos, ja, ja». Pero de nuevo, los fachas estábamos encantados con los goles de Oyarzábal y la impecable defensa de Cubarsí. En realidad, el evidente entusiasmo por la selección ha descolocado bastante a los dementores. Para ellos España es un concepto rancio que hay que destruir o, al menos, diluir, y por eso les parece perfectamente normal dar golpes de estado. Pero la selección ha demostrado que España entusiasma. Peor aún: entusiasma a los jóvenes. De repente los dementores, los Monteros y los Rufianes, empiezan a sospechar que si España está de moda, los apolillados y rancios son ellos.

No por ello van a renunciar a los sabrosos sueldos de la política, claro, pero sus esfuerzos actuales por mantenerlos son penosos. El pobre Gabriel Rufián intenta navegar la ola de júbilo provocada por la victoria ante Argentina diciendo que, en realidad, lo que la gente está pidiendo es tener selecciones nacionales de Cataluña y el País Vasco. Allí el PNV puso un tuit similar, mientras los orcos habituales se dedicaban a agredir a los que llevaban camisetas de la selección, o pretendían ver los partidos en bares. Y Esther Martínez, secretaria general del Partido Popular vasco, y portavoz en el ayuntamiento de Bilbao, protagonizó una escena heroica al enfrentarse a ellos armada con un abanico (busquen, busquen la foto). Hace unos siglos el daimio Takeda Shingen representó un papel similar, y por eso tiene una estatua en Nagano; ella sin duda merece otra en Bilbao.

Y todo así. El periodista y tertuliano Javier Aroca explicó que lo del domingo fue «la victoria contra el imperialismo ultraderechista que representan Trump y EEUU», a pesar de que ninguno de los dos jugaba. Por su parte Enric Juliana echó la culpa de la derrota argentina a la motosierra de Milei, que tampoco jugó. Y desde cuentas nacionalistas se explica que los jugadores catalanes y vascos juegan en la selección coaccionados, mientas Nico Williams y Lamine Yamal se envuelven en la bandera española cuando celebran la victoria.

Y Sumar… Los de Sumar se alegraron de la victoria española porque ha hecho mucha ilusión… en Gaza. Y a continuación mandaron a su portavoz en el Congreso a explicar que Ferrán Torres, autor del gol que proporcionó el triunfo y la alegría a España, es en realidad un fondo buitre que gestiona veinte viviendas. Designar como chivo expiatorio del problema de la vivienda (recordemos que ellos están en el Gobierno que debería solucionarlo) al ídolo de la sociedad parece una decisión asombrosamente estúpida, pero tal vez aspiren al voto de los argentinos nacionalizados con la ley de nietos. 

Lo cierto es que todos coinciden en que la magia de la selección está en que, por encima de individualidades, ha funcionado como un equipo, y esto es una magnífica alegoría de España. Y esta magia está resultando muy eficaz para ahuyentar a los dementores.

Fernando Navarro

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Fernando Navarro

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