La propuesta de reducción del número de diputados en el Parlament sería plausible si aquellos que la proponen fuesen consecuentes.
A mí no me parece más que una cortina de humo, el chocolate de loro o una manera de acercarse un poco más al bipartidismo y evitar que la pluralidad social se vea reflejada en la cámara de representación de nuestra sociedad.
Ahora bien, lo que más nos debe indignar son los argumentos defendidos para proponer dicha rebaja de diputados. Pude escuchar a Ángela Seguí y sus contertulianos de IB3 Radio decir frases como: “¿Si hoy saliéramos a la calle y preguntáramos a los ciudadanos si se debe reducir el Parlament, no les parece que dirían que sí?”, “Se trata de una demanda social”, “El President no hace más que responder a la sociedad”.
Curioso, muy curioso resulta que una vez más la demagogia más descarada sirva para defender una propuesta de aprobación imposible. ¡El argumento de salir a la calle y preguntar a los ciudadanos es el más absurdo y anodino que he oído nunca! Si con la que está cayendo hoy saliéramos a la calle y preguntáramos, por ejemplo: ¿Le parece a usted que los políticos no deberían cobrar? o ¿les parece a usted que sería positivo que se cerrará la radio y televisión públicas para ahorrarnos decenas de millones de euros? o ¿creen conveniente que se eliminen los coches oficiales? probablemente la respuesta sería un sí a todo. La cuestión es si debemos hacer preguntas demagógicas o si debemos escuchar “las demandas sociales”.
¿Debemos? Que mala suerte que ahora sí que el Govern sea sensible a esta “gran demanda social” y, en cambio, ignoraran las 100.000 personas que salieron a la calle hace algunos meses. En política, algunos están acostumbrados a cambiar de criterio continuamente, pero me da la sensación que la ciudadanía ya no se cree nada. Este es el gran problema, el gran divorcio entre la política y la sociedad: la ilógica de la política, la falta de coherencia, el hoy digo sí y mañana no. No sé si es mejor que haya 10 o 40 diputados. Lo que sí sé es que si están ahí deberían trabajar, ganarse el sueldo, ser incompatible con otra actividad y, sobretodo, tener criterio y ser consecuentes.
Se ve que las elecciones ya están aquí… Ya empiezan los fuegos artificiales.





