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El 2020 empieza mal

martes 07 de enero de 2020, 02:00h
Acaba de empezar el 2020 y ya tenemos en marcha la primera crisis mundial de primer orden. Estados Unidos ha asesinado al general Qasem Soleimani, comandante del cuerpo de elite de la Guardia Revolucionaria de Irán, encargado de las operaciones en el exterior, absolutamente leal a los principios de la revolución islámica y a sus clérigos dirigentes, sobre todo al líder supremo, el ayatollah Alí Jamenei.

Soleimani era considerado el auténtico número dos del régimen iraní y el diseñador y ejecutor de la política exterior de Irán en las dos últimas décadas, especialmente en el ámbito de Oriente Próximo. Se le considera, por tanto, el responsable de la gran expansión de la influencia persa en la región y del reforzamiento global de las posiciones chiíes en Irak, Yemen, Líbano y Siria, en abierto desafío a la gran potencia regional árabe sunní, la Arabia Saudí.

Su muerte solo puede traer un incremento de la inestabilidad en la región y un alto riesgo de recrudecimiento de todos los conflictos locales y difícilmente ningún beneficio tangible inmediato para Washington, por lo que no es fácil intentar comprender las razones de Donald Trump para ordenar este asesinato.

Quizás se trate, en realidad, de puros motivos de política interna. Enfrentado a un “impeachment” que la mayoría republicana va a tumbar en el senado, pero que le supone un indudable desgaste de imagen y a los problemas económicos que sus guerras comerciales, especialmente con China, han provocado en algunos sectores que le votaron hace cuatro años, exacerbar el sentimiento patriótico de los sectores ciudadanos estadounidenses proclives a comprar su mensaje, puede darle buenos rendimientos electorales en este año de reelección.

También podría haber actuado para sabotear definitivamente el acuerdo nuclear con Irán, que ya denunció unilateralmente, restableciendo las sanciones económicas, pero que no consiguió que le siguieran los otros firmantes del acuerdo, especialmente la Unión Europea. Si ahora es Teherán quien se retira de sus compromisos y empieza a enriquecer más uranio del contemplado en el acuerdo, este será ya puro papel mojado.

Tampoco puede descartarse una acción coordinada con el gobierno israelí de Netanyahu, que siempre ha sido radicalmente contrario al acuerdo con Irán y para el que el incremento de la tensión en la región puede tener efectos electorales beneficiosos y conseguir, por fin, ganar unas elecciones con margen suficiente para poder formar gobierno.

En cualquier caso, Irán seguro que dará alguna respuesta, además de dar por moribundo el acuerdo nuclear y enriquecer más uranio del que tenía permitido, probablemente no una directa, contra Estados Unidos, no puede permitírselo, menos aun con una persona tan impulsiva e irreflexiva como Trump, que ya ha amenazado con una respuesta devastadora contra cualquier acción directa iraní contra instalaciones o personas estadounidenses. Lo más probable es promueva acciones contra intereses estadounidenses o de sus aliados en la región, mediante alguna de las milicias u organizaciones armadas chiíes que actúan en los diversos países de la zona.

Sea cual sea lo que suceda a partir de ahora, el polvorín de Oriente Próximo está mucho más cerca de explotar y el mundo es un lugar más inseguro, lo que es especialmente preocupante para nosotros en Europa, ya que la inestabilidad puede extenderse hasta Turquía y todo el Magreb, lo que tendría consecuencias impredecibles pero, con toda seguridad, terriblemente negativas: incremento brutal del flujo de inmigrantes, aumento del riesgo de atentados suicidas, desestabilización de la cohesión interna de la UE, ya muy debilitada en estos momentos, incremento del precio del petróleo y del gas con la subsiguiente crisis de nuestra economía, que ya ahora mismo se aguanta con pinzas y un aumento exponencial de los movimientos internos de protesta ciudadana, con la posibilidad de una gran subida electoral de los partidos de extrema derecha, que ya están al alza y, quizás, una implosión de la UE.

Claro que podría ser que todo esto también sea del gusto de Trump y de su antiguo asesor aúlico, Steve Bannon, quien, no lo olvidemos, se ha instalado en Europa para promover un movimiento paneuropeo de ultraderecha y destruir la Unión Europea desde dentro.
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