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El abominable legado de ETA

martes 16 de junio de 2020, 15:54h
La banda terrorista ETA ya no existe, es cierto, pero su legado aún perdura. Nos lo recuerdan sus víctimas: 864 personas a las que arrebataron la vida de forma cruel y cobarde, 22 de ellos niños inocentes; más de 7.000 heridos y mutilados, muchos con graves secuelas físicas y psíquicas de por vida; 79 secuestrados; miles de extorsionados y amenazados, sólo por no compartir sus objetivos políticos, de los que un número incontable optaron por abandonar el País Vasco para no engrosar el macabro listado de objetivos de los terroristas.

Tras más de 3.500 atentados, la organización armada ETA se disolvió. Pero sus crímenes están ahí y muchos siguen sin esclarecer. Entre ellos, el asesinato de los guardias civiles del Puesto de Palmanova, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, perpetrado el 30 de julio de 2009 con una bomba adosada a los bajos de un coche patrulla de la Guardia Civil. Fue el último asesinato cometido por ETA en España, pero nadie ha pagado por él.

El delito no ha prescrito y la exigencia de verdad, reparación y justicia nunca desaparecerá. Menos aún cuando se constata que se sigue homenajeando en Euskadi a etarras excarcelados, a quienes la izquierda abertzale considera “gudaris, héroes dignos de reconocimiento y ejemplo para la sociedad. No cabe mayor crueldad para con las víctimas de sus crímenes, escarnecidos ahora con el enaltecimiento de sus verdugos.

Además, no ha habido —ni es es previsible que haya— la menor intención de colaborar en el esclarecimiento de los 307 atentados aún no resueltos, como el de Palmanova. Pero la Justicia no debe desistir, por todos los medios, en que los responsables de aquellas atrocidades sean identificados y juzgados. No puede haber impunidad, por más que algunos lo pretendan, con el argumento cruel y un tanto sádico, de que ETA ya no existe. Quizás no exista, pero sí su legado y su herencia en forma de víctimas con nombres y apellidos y el descomunal sufrimiento causado inútilmente.

Es por ello que duele enormemente ver al PSOE, un partido constitucionalista que ha aportado numerosos y relevantes nombres al largo listado de víctimas mortales de ETA, pactar con EH Bildu. Y a Unidas Podemos, partícipe e impulsor del acuerdo, mostrarse condescendiente con el entorno de ETA, para quien jamás se han oído reproches ni censuras; y aún menos exigencia de asunción de responsabilidades y de colaboración con la Justicia.

Desde un punto de vista balear, sería muy positivo que Més per Mallorca, formación soberanista que firmó un pacto con EH Bildu y con otras fuerzas independentistas (de las que se autoexcluyeron PNV y Compromís), exigiera a la izquierda abertzale y a los herederos políticos de Batasuna, la condena explícita del terrorismo ejercido por ETA durante el período democrático y su colaboración en el esclarecimiento de los crímenes cuyos autores aún no se conocen, especialmente el de Palmanova.

Dudo mucho que lo hagan, porque en aquel pacto se reclama la liberación de los “presos políticos”, cuando EH Bildu considera como tales a los terroristas condenados y encarcelados. Además, el senador autonómico de Més per Mallorca, Vicenç Vidal, últimamente está entretenido en “fiscalizar a las Fuerzas de Seguridad” a quienes acusa de torturas. Calcado a Batasuna. Cualquier día le vemos participar en un "Ongi Etorri" (un homenaje de bienvenida a los excarcelados) antorcha en mano, pidiendo la amnistía de los terroristas etarras.

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