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Arran busca un estallido social

martes 23 de junio de 2020, 11:52h

Esto de ver a Miquel Fluxà, presidente de la hotelera Iberostar, en el atril del Consolat de Mar junto a la presidenta Francina Armengol y el conseller Iago Negueruela, ha horrorizado a la banda turismofóbica que reclama el decrecimiento turístico. Poco importa que tengamos delante una catástrofe económica sin precedentes, con consecuencias terribles sobre el mercado laboral y la supervivencia de empresas.

El octogenario empresario, decimoquinto hombre más rico de España y el segundo de Balears, representa para los analfabetos funcionales de Arran, esa chusma de la que no se conoce que hayan hecho nada de provecho en su desgraciada vida, la encarnación del mal. Algo así como el Amancio Ortega mallorquín.

Por suerte, Armengol tiene claras las prioridades y sabe lo que está en juego. Y no parece que le molesten los elogios que le dedicó el acaudalado hotelero ni los representantes de los turoperadores alemanes, esos que también detesta la izquierda radical con quienes gobiernan los socialistas. De hecho, los representantes de Podemos y Més per Mallorca se guardaron mucho de salir en la foto, perdiendo una ocasión de oro para lanzar un mensaje de unidad y cohesión que raramente están en condiciones y en disposición de dar.

Entre el electorado de los integrantes del Pacte de Bellver hay quien preferiría que se invitase al Consolat de Mar al líder de Arran antes que a un destacado hotelero. Sin embargo, nadie conoce quién es la cara visible de la banda juvenil de ultraizquierda independentista, por lo que se nos priva de comparar su trayectoria con la de un empresario que emplea en su cadena a miles de trabajadores, ciñéndose escrupulosamente en Balears a un convenio colectivo pionero, orgullo de los sindicatos que lo negociaron y suscribieron, y ejemplo de redistribución de la riqueza en virtud de una subida salarial envidiable. Pero como Arran coloca una pancarta en Palma exigiendo que la crisis la paguen los hoteleros, eso nos permite comprobar que no tienen ni idea de lo que dicen, porque es justamente lo que está pasando. Son los trabajadores los que cobran los ERTE, no los empresarios. Pese a ello, ¿han oído que la CAEB o los sindicatos se quejen? Ni los han oído ni los oirán porque de ello depende la supervivencia de las empresas.

El Govern sabe que el diálogo social es el mejor remedio, si no el único, para evitar un estallido social. Pero hay quien en su estrategia incendiaria prefiere eso al acuerdo entre instituciones y agentes sociales, y a la colaboración entre el sector público y el privado para minimizar los daños que trae la crisis del coronavirus. Ni caso. Al menos hasta que comparezca públicamente el líder de Arran y demuestre ser mejor que Fluxà.


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