Los payeses en Inca y su comarca, con pequeñas explotaciones agrícolas o ganaderas, resisten el paso del tiempo y las nuevas olas y formas sociales así como pueden. No es fácil, cualquier circunstancia empeora su día a día y los compromisos adquiridos con ellos y no cumplidos los hace sentir "traicionados, engañados". Es el caso de la siempre polémica instalación del matadero municipal, actualmente cerrado a cal y canto al no cumplir o adaptarse a normas de Sanidad, a pesar de una prometida subvención que no se llegó a ejecutar y que se preveía iba a rondar el medio millón de euros, apañando la situación.
El cierre actual del matadero municipal de Inca supone un agravio económico añadido a la economía doméstica de los payeses de toda la comarca de Inca, puesto que los animales que se crían y engordan en la zona deben sacrificarse en el matadero de Palma, ello supone un incremento en el precio final de los animales, transporte a la capital, unos 10 o 15 euros por cabeza, y posterior retorno a la capital del raiguer en "furgones frigoríficos". Todo ello teniendo en cuenta que un cordero ronda entre los 70, 75 o 85 euros animal, o las lechonas entre los 52 y 55 euros. Al final los costes repercuten directamente al consumidor del producto.
Los pequeños terratenientes con explotaciones agrícolas y ganaderas quieren ser "escuchados" a nivel insular y autonómico. Inicialmente se plantean solicitar encuentros con los máximos responsables autonómicos en la materia, Joan Simonet, conseller de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente, o con Georgina Brunet, directora general de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural. Si se celebra el encuentro, a buen seguro, no sólo le plantearán a los responsables del ejecutivo autonómico el tema del matadero municipal de Inca, siendo previsible que salgan nuevos temas a tratar.
A parte de polémicas y "traiciones" el agro mallorquín se resiste a morir. El campo no cambia sus ciclos mensuales, anuales, sus trabajos diversos, aunque sí las formas y los tiempos. El verano siempre ha sido época de trabajos de sol a sol en Mallorca -se trabajaba duro y no era tiempo precisamente de ir a la playa o la montaña- hace de ello unos veinte o treinta años. La jornada para trillar el grano de la paja en la era -batre- se iniciaba a la salida del sol entre las 5 y 7 de la mañana cuando el calor no apretaba ni era tan intenso. La labor se podía acabar bien cerrado el día y todavía clareando, sobre las 10 de la noche en julio o agosto. Ahora, los mismos trabajos suelen iniciarse a media mañana, sobre las 11 con la nueva maquinaria al uso en el sector.
Julio y agosto, también meses de trabajo en el campo en la recogida de la almendra y la algarroba. Tiempo también para dejar una zona protegida sin cultivo, el denominado "mas" (barbecho) para la mejora de la producción de habas de cara al próximo año. Actualmente "no funciona" la labor de dividir la algarroba en "pasta" y "garrofín". Fuentes del sector agrícola aseguran que "no es rentable" y que lo que producía dinero y compensaba en realidad era el garrofín. La algarroba que hace unos años alcanzó los 2 a 2,20 euros el kilo no pasa ahora de los 0,40 céntimos.
La producción de la lana, otro producto del sector ganadero, "no compensa económicamente" en la actualidad el trabajo de los "tonadors" (esquiladores). Así lo comenta Sebastià Peña, vocal de la Associació de Pegesos d'Inca. Lo tiene claro cuando afirma categórico que "no se puede vivir así, sobrevivimos con buena voluntad y alguna subvención". Ello repercute directamente en la limpieza de fincas y aledaños de caminos vecinales para que se pueda disfrutar el paisaje campestre y de una manera especial "evitar el fuego". Lo asegura un hombre que prácticamente ha dedicado 75 años de su vida a trabajar para mantener "la alegría en los campos, la agricultura y la ganadería".
La recogida de alga en las playas de la zona norte, preferentemente en Pollença y Alcúdia ya "pasó a la historia". Tiempo atrás actuaba como "desinfectante natural" en las pocilgas para evitar el "peu de potó" y otros beneficios se podría decir que "sanitarios" a los animales de las explotaciones agrícolas y ganaderas de la comarca de Inca, "el salobre del alga desinfectaba", mientras que ahora se emplean para los mismos usos "pastillas de sal mineral". El alga "evitaba muchos parásitos" como el piojo en las gallinas y otros en los cerdos. El alga también se usaba para las bases de los pajares.
En la comarca de Inca el agro también se resiste a morir como en muchos puntos de la geografía mallorquina, pero son pocos los jóvenes que siguen adelante con las explotaciones o fincas que heredaron de sus padres o abuelos, se calcula que sólo entre un 2 o 4% lo hacen. Trabajan en el campo, algunos en la cosecha y explotación agrícola, otros en la producción de animales, preferentemente corderos y lechonas. Aunque el veterano Sebastià Peña lo tiene claro: "es difícil, muy difícil mantenernos, como siempre muchas horas de trabajo y poco dinero".
Un elemento imprescindible en el mundo agrario y ganadero es el tractor para las distintas labores en el campo. Uno tamaño medio puede alcanzar los 150.000 euros de compra, una reparación mínima de una de las ruedas grandes y traseras los 150 euros y una nueva 600 o 700 euros la unidad. Así está de difícil la vida como siempre y no es novedad en el agro mallorquín que todavía y pese a las dificultades de resiste a morir.




