El arte de no abrir un centro de salud "terminado"

La burocracia política y los entresijos de la administración pública no dejan de sorprender, por muchos anuncios de agilización y digitalización que se repitan como un mantra. La realidad vuelve a dejar al descubierto los agujeros que se intentan tapar con parches y buenas palabras. En Son Ferriol no falla el ladrillo. Falla todo lo demás.

Hace dos años que se colocó la primera piedra del nuevo centro de salud. Hubo fotos, sonrisas y promesas con fecha: finales de 2025. Luego, principios de 2026. Hoy, el edificio sigue en obras… y la apertura sigue siendo una incógnita. Otra más. Porque aquí no hay un problema de obra. Hay un problema de gestión.

No se trata de los mandatarios del Ayuntamiento o Salud, sino de quienes en el día a día tienen la responsabilidad de que los expedientes avancen

La falta de permisos municipales para rematar aceras y alumbrado ha paralizado el centro. Un trámite. Un papel. Un “detalle” que mantiene cerrada una infraestructura que debería estar funcionando desde hace meses. Y, sin embargo, sigue atascado en esa capa invisible de la administración donde todo pasa… pero nada avanza.

Y mientras tanto, el clásico: “estamos trabajando en ello”. Una frase demasiado manida en la administración pública y que suele significar justo lo contrario de lo que dice.

Cuando se pregunta, aparecen las respuestas de siempre: “depende de otro departamento”, “tenemos que revisarlo”, “pronto se solucionará”. Es el lenguaje automático de una burocracia que ha aprendido a ganar tiempo sin dar respuestas. Nadie concreta y, sobre todo, nadie asume. Como en un partido de vóley, la pelota va de una mesa a otra sin que nadie quiera rematar.

No se trata de los mandatarios del Ayuntamiento o Salud, sino de quienes en el día a día tienen la responsabilidad de que los expedientes avancen y no se queden acumulando polvo en una mesa. Porque más allá de los anuncios y las fotos, la administración se sostiene en el trabajo cotidiano. Y ahí es donde, demasiadas veces, todo se ralentiza.

Porque aquí han fallado varios a la vez. La constructora, incapaz de cumplir plazos sin arrastrar retrasos. La administración, que convierte cualquier trámite en una carrera de obstáculos. Y una forma de trabajar que ha normalizado el “ya se hará”, el “ya tocará” y el “no es cosa mía” como parte del procedimiento.

Y en medio, los vecinos. Vecinos que llevan dos años esperando, que siguen desplazándose a Son Llàtzer y entrando en instalaciones provisionales. Vecinos que ya no piden explicaciones brillantes, sino una fecha. Pero ni eso.

Lo preocupante no es solo el retraso. Es la normalidad con la que se asume. Como si unos meses más no importaran. Como si el tiempo administrativo fuera ajeno al tiempo de la gente. No lo es.

Cada día que pasa con el centro cerrado es un pequeño recordatorio de cómo funciona —o no funciona— la maquinaria pública. Mucho anuncio, mucha promesa… y demasiados “ya se verá”.

Harían bien los responsables, en todos los niveles, en abandonar el “estamos en ello” y empezar a estar, de verdad, en lo que importa. Porque el problema no es que falten papeles. El problema es que falta urgencia y sobra paciencia.

Mientras tanto, Son Ferriol seguirá esperando a su centro de salud… y, visto lo visto, a que alguien, por fin, decida mover el expediente.

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