La cuestión del Ibatur está centrada en la falta de presupuesto para la promoción del turismo. Pero, en realidad debemos decir que el problema radica en el desorden interior de una conselleria en la que en estos cuatro años ha pasado de todo. En primer lugar, UM puso al frente al primero que pasaba. El antiguo director de Promoción, por ejemplo, sólo tenía un conocimiento remoto de lo que era el turismo, por lo que sus decisiones apenas tenían vinculación con el asunto. Así, la única experta, Susanna Sciacovelli, acabó por marcharse. La gestión de Buils queda reflejada en algunas decisiones incoherentes que ya nadie recuerda, como potenciar el turismo francés. Después, el mismo instituto ha sido investigado por la policía como resultado de la gestión durante el mandato de Matas. Desde entonces los funcionarios han decidido no asumir riesgos y ahora se limitan a hacer estrictamente lo que le es encargado. ¿Por quienes? Por los políticos que, como hemos visto, son absolutos ignorantes de lo que tienen entre manos. La conselleria, en medio de esta turbulencia, ha tenido tres consellers y medio, por que la última, la actual, Joana Barceló, comparte su función al frente del turismo, con la dirección del área de trabajo y con la portavocía del Govern. Como si el turismo no fuera un desafío suficientemente importante. Como resultado de todo esto, no es sólo que el Presupuesto esté agotado al empezar enero, sino que no hay nadie que quiera liderar la nave, ni asumir los riesgos. Muchos, por ejemplo, esperan que un mandato del PP pueda suponer un escrutinio vengativo de las cuentas de los socialistas, lo cual volvería a poner en la picota a los funcionarios. Así, se puede concluir que no tenemos promoción turística, como si no tuviéramos problemas.
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