El tiempo ha terminado por desmontar un discurso que durante meses se sostuvo a base de consignas y descalificaciones. La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha reconocido finalmente que carece de sentido trasladar menores migrantes no acompañados a Baleares. Una afirmación que, más allá de su aparente obviedad, supone una rectificación de fondo en un debate que ha tensionado las relaciones institucionales y ha generado un enfrentamiento político innecesario.
Durante meses, el Govern balear y los consells insulares advertían de una realidad incontestable. Baleares carece de la capacidad de acoger y hacerse cargo de menores provenientes de otras comunidades autónomas, pues recibe de forma constante embarcaciones procedentes del norte de África, con la consiguiente llegada de menores que deben ser atendidos por un sistema de protección ya al límite de su capacidad. No se trataba de una negativa ideológica, sino de una constatación respaldada por los propios servicios de acogida, desbordados y sin margen para garantizar una atención digna.
Carece de sentido trasladar menores migrantes no acompañados a Baleares
Sin embargo, desde la Delegación del Gobierno, encabezada por Alfonso Rodríguez Badal, y desde sectores del PSOE, se optó por una estrategia de confrontación que incluyó acusaciones de racismo hacia las instituciones autonómicas gobernadas por el PP. Un recurso fácil y profundamente injusto que buscaba deslegitimar una reivindicación legítima, la de no sobrecargar aún más un sistema ya saturado.
Ahora, con la propia ministra reconociendo lo evidente, cabe preguntarse dónde quedan aquellas soflamas. ¿Dónde quedan los señalamientos públicos y las descalificaciones? La rectificación llega, sí, pero lo hace tarde tras muchos meses de crispación deliberada.
La gestión de la migración, y especialmente la de los menores no acompañados, exige rigor, coordinación y respeto a la realidad de cada territorio. Ignorar los datos y sustituirlos por discursos políticos era irresponsable y derivaba en decisiones erróneas que, como ahora se demuestra, terminan siendo corregidas por la propia evidencia.




