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El lacayo de Miraflores

Por Álvaro Delgado
lunes 29 de noviembre de 2021, 09:47h

¿Qué hace siempre ese individuo, con su cara de alelado, babeando ante el tirano? ¿Cuánto cobra por posar -unas cuantas veces al año- en el palacio de Miraflores bajo ese enorme retrato de Simón Bolívar? ¿Cómo consentimos los españoles -que le financiamos pensión vitalicia, coche oficial y escolta- que alguien a quien mantenemos de por vida avale continuamente los caprichos de un sátrapa caribeño?

Cada vez que Nicolás Maduro organiza alguna de sus farsas para barnizar su narcodictadura manda llamar a Miraflores a su lacayo Rodríguez Zapatero. Que tampoco es que viva estresado en Madrid resolviendo a diario problemas de física cuántica. Porque desde que dejó el Gobierno -allá por el año 2008- arrasado por la crisis, nadie en sus cabales le ha querido contratar. Y el tipejo acude raudo, con su porte de Mr. Bean, para dar al dictador todos los urgentes blanqueamientos internacionales que habitualmente necesita. Los que le brinda -ante todo el mundo- un ex presidente del Gobierno de España. Alguien que siempre nos representará -mal que nos pese- a usted, a su suegra y a mí. Cobrando nuestra pasta, pero actuando sin nuestro permiso.

¿Qué feroces críticas recibiría esta misma situación de ser vivida en una posición ideológica inversa? ¿Qué blasfemias emitirían nuestros tan ecuánimes medios de comunicación, o nuestras ardientes redes sociales, si ex presidentes como Adolfo Suárez, José María Aznar o Mariano Rajoy hubieran respaldado -en otros tiempos- a dictadores iberoamericanos como Videla (Argentina), Stroessner (Paraguay) o Pinochet (Chile)? ¿Qué dirían por su linda boquita, ante semejantes visitas pasteleras, comunicadores tan activos como Évole, Ángels Barceló o Ferreras?

Porque en este caso no nos valen las excusas del solícito lacayo de León sobre sus esfuerzos para reconducir Venezuela hacia la democracia. Ningún indicio de su continuada actuación apunta por ahí, sino más bien a intereses bastante menos elevados y -con seguridad- más rentables. Especialmente porque ya se han ido conociendo bastantes informaciones turbias, y porque al infame Zapatero nadie le ha escuchado jamás critica alguna a los métodos dictatoriales del tirano, ni al prolongado maltrato al que está sometiendo al sufrido pueblo venezolano.

Hay que recordar aquí que la Audiencia Nacional ha ordenado investigar los pagos del Gobierno bolivariano a varios fundadores de Podemos, entre ellos Juan Carlos Monedero, también habitual visitante de Miraflores. Y que sigue su curso judicial la investigación penal contra el ex embajador de España en Venezuela en la época de Zapatero, su buen amigo Raúl Morodo, a quien la Fiscalía acusa de desviar 30 millones de euros a cuentas en Suiza de las comisiones cobradas (no se sabe aún por quién) por su labor de intermediación entre grandes empresas internacionales y los mandamases del chavismo. Y la cosa huele fatal.

Pese a los esfuerzos del ingenuo leonés por transmitir normalidad democrática, y también por respaldar a Maduro en sus reiterados fraudes electorales -como sucedió en las elecciones municipales y regionales vividas en Venezuela hace unos días, en las que se abstuvo el 60% de los votantes- no es precisamente idílico lo que ha dictaminado la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE-UE) enviada a Caracas. Dicha Misión, dirigida por el eurodiputado español de Ciudadanos Jordi Cañas, ha publicado una declaración preliminar de 16 páginas -que todos ustedes pueden consultar en internet-, sin perjuicio de emitir un posterior informe más exhaustivo, en la que pone las edulcoradas manifestaciones de Zapatero al nivel de su propio prestigio internacional. Que es la altura del betún de los zapatones de Maduro.

El mismo Jordi Cañas ha declarado a la prensa mundial, contrariando la persistente miopía de nuestro ex presidente, que “el contexto en Venezuela no es democrático, es de una profunda degradación del Estado de derecho, con denuncias de organismos oficiales de gravísimas violaciones de los derechos humanos, de inhabilitación de cargos públicos para participar en las elecciones, de secuestro de partidos políticos por parte del Gobierno, de persecución a la disidencia, de desigualdad en el acceso a los recursos para la campaña electoral y de desigualdad en el acceso a los medios de comunicación”. Viendo semejante descripción de irregularidades, sólo cabe pensar que nuestro bucólico lacayo no sale nunca de Miraflores. O que olvidó sus gafas graduadas en su lujoso chalet de Aravaca.

Menos mal que José Manuel Albares, actual Ministro socialista de Asuntos Exteriores del Gobierno de España, ha demostrado dar la talla en determinados asuntos internacionales. En un breve comunicado publicado el pasado miércoles por el Ministerio que dirige, decía que “las recientes elecciones municipales y regionales de Venezuela no han cumplido con las expectativas democráticas”, y añadía que “el Gobierno de España hace un llamamiento a las autoridades venezolanas a acabar con esas prácticas identificadas por la Misión de la Unión Europea, y a retomar rápidamente las negociaciones con la oposición para garantizar que las próximas elecciones presidenciales sean plenamente libres”. Este comunicado oficial, emitido por un Gobierno de su mismo partido, no deja en muy buen lugar las alabanzas hacia el régimen tan características del lacayo.

¿Cómo se explica todo este espectáculo? Sólo cabe una conclusión. O es más tonto de lo que ya parece, o Zapatero hace este papelón por dinero. Por el dinero ensangrentado que le paga una terrible narcodictadura y el que reparte generosamente a sus acólitos la populista izquierda latinoamericana. Y es que al triste lacayo, desde que dejó La Moncloa, nadie había venido nunca a contratarle. Justo a un genio como él, cuyo talento regaló a la humanidad conceptos impagables como “la tierra pertenece al viento”, “España es una nación discutida y discutible” o “la alianza de civilizaciones”.

Por si el pobre llega justo a fin de mes -el chalet, Sonsoles y las niñas consumen un pastón- les propongo a todos ustedes que le financiemos una librea. Para que vista como un lacayo de lujo en sus próximas genuflexiones en Miraflores. Tal vez su heredero Sánchez nos pueda gestionar al efecto algunos generosos fondillos europeos. De esos que, por su torpeza, se van a quedar sin gastar.

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