Han pasado los tres días de luto oficial y las banderas ya ondean arriba del mástil. Pero, ahora toca poner en práctica, o mejor dicho, tocaria poner en práctica el legado del ex presidente Adolfo Suárez que no es poco.
En cinco años se hicieron muchas cosas y la gran mayoría de gran transcendencia. No olvidaremos que hubo también sus sombras. Pero vayamos, al legado.
Diálogo, Adolfo Suárez dialogó hasta la saciedad. Hizo que posturas enfrentadas y diferentes pudieran confluir en beneficio de la sociedad. Y por tanto, llegó el consenso fruto del diálogo, fuera del ámbito partidista. Por ejemplo, los Pactos de la Moncloa.
Liderazgo, logró con su audacia el apoyo del pueblo. Afrontó los problemas de cara le valieron disgustos pero todo ello dio buenos resultados. A veces lo de menos era la ideología, lo más era conseguir todo aquello de lo que ahora nosotros disfrutamos. Se presentaba “in person” ahí donde había un problema y lo intentaba resolver. Y todo hay que decirlo, su encanto personal era uno de sus poderes.
Y no quiero olvidar otro aspecto, su valentía y como ejemplo, la legalización del Partido Comunista y además, en Viernes Santo.
Sacrificio, sin duda, si repasamos hemeroteca y nuestros recuerdos vemos que fue mucho y de estos algunos políticos de hoy en dia saben lo que quiere decir y lo que entraña esta palabra. Sacrificó su carrera política porque vió que ya no tenia el apoyo suficiente ni de la gente, ni de su partido, ni de otras instancias para seguir y presentó la dimisión, …”traicionado por sus propios camaradas”, dice así Fernando Onega en su libro “Puedo prometer y prometo”. La incógnita es saber qué pasó en el partido para acabar de aquella manera.
Visión, sí, la de Estado. Altura de miras y pensar con el cerebro puesto a veinte años o más. Fruto de ello vivimos ahora y disfrutamos de una serie de derechos, libertades impensables antes del año 1978.
Pero durante estos días he podido comprobar que algunos que lo denostaron, lo criticaron, fueron a por él con acoso y derribo, ahora lo elogiaban. Cierto es y así autores de libros sobre Suárez y analistas coinciden en que fué traicionado por los suyos influenciados por otros sectores influyentes de la sociedad y por ansias de poder. La oposición parlamentaria en aquella época era feroz contra el Gobierno de UCD y conviene recordarlo. Fernando Onega en su libro lo atribuye a “ su decaimiento personal, el ambiente conspirador de su partido, la distancia del Rey, la durísima oposición del Partido Socialista y, finalmente, el hastío y la soledad”.
Y quiero decir que la pérdida de memoria de Suárez ha beneficiado a unos que ahora se llenan la boca de elogios.
Pero lo cierto es que nunca en tan poco tiempo se hicieron tantas cosas. Quizás ahora necesitemos un líder con una visión a largo plazo y no que su caducidad sea cada cita electoral. Costó mucho en aquella época llegar hasta dónde estamos y se ha progresado mucho aunque el pueblo ha hecho el resto. Conviene ahora no tirar todo esto a la basura. Y los políticos actuales, que no lo tienen fácil, tendrían que hacer un cronograma para poner en marcha o en práctica las enseñanzas de Suárez. Y acabaré con una frase de Fernando Onega en el libro citado anteriormente, “Adolfo Suárez alcanzó la presidencia del Gobierno de forma tan inesperada como la abandonaría después”.





