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El mal ejemplo del obispo Taltavull

miércoles 27 de enero de 2021, 00:00h

El obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, ha saltado a las portadas de los medios de comunicación -incluidos la mayoría de ámbito nacional- por haberse vacunado contra la Covid en una residencia para sacerdotes pese a no ser trabajador ni usuario de la misma. Taltavull, que este jueves cumple 73 años, se incorpora así a la cada vez más larga lista de cargos públicos e institucionales que aprovechan una posición de privilegio para saltarse la cola y vacunarse contra el coronavirus sin esperar a que les corresponda.

El lunes por la noche, una vez divulgada la noticia a nivel nacional, el Obispado mallorquín emitió de urgencia un comunicado en el que lamentaba "la confusión" generada y justificaba que el prelado es usuario activo del centro Sant Pere i Sant Bernat de Palma, estando incluido en todos los protocolos sanitarios que se siguen en la residencia destinada a sacerdotes jubilados. Por ello, argumentaba, recibió la primera dosis de la vacuna el pasado 5 de enero "como el resto de los residentes, religiosas y empleados de la casa".

Taltavull se ampara de esta manera en una supuesta legalidad de la acción que, sin embargo, constituye un mal ejemplo para quien tiene la responsabilidad moral de conducir a miles de ciudadanos comprometidos como colectivo por razones de fe. Desde que en noviembre de 2017 iniciase su ministerio episcopal al frente de la iglesia de Mallorca, Taltavull no había vivido un episodio tan controvertido. Al contrario, tras la polémica que llevó a su antecesor, Javier Salinas, a presentar su renuncia ante el Papa Francisco en 2016, todo indicaba que su episcopado le permitiría a Taltavull alejar toda sombra de sospecha y abrir una etapa ejemplar para la Iglesia mallorquina.

El resbalón, sin embargo, es notable, por mucho que el prelado haya pedido perdón "por el malestar que haya podido provocar este hecho". Quedar adscrito en la nómina de vacuna-jetas junto a alcaldes, altos cargos y familiares que se han valido de argucias, malos usos y peores justificaciones para alcanzar la inoculación antes de tiempo ensombrece las buenas acciones que haya desarrollado el obispo al frente de la diócesis de Mallorca. La ejemplaridad que debería marcar el ministerio espiritual de Sebastià Taltavull ha saltado por los aires. Su autoridad moral no debería haberse visto comprometida por un episodio doblemente sonrojante cuando aún quedan muchos ciudadanos de riesgo que no han recibido ni siquiera la primera dosis.


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