Tan preocupados andan en el Consejo de Gobierno de la Universitat de les Illes Balears con las violaciones del derecho internacional en Venezuela por parte de los EEUU y en Palestina -se supone, aunque no lo dicen, por parte de Israel-, que se les han pasado por alto -mecachis en la mar- las violaciones de los derechos humanos en Irán, en la propia Venezuela y hasta en Palestina por parte de sus ‘progresistas’ gobiernos.
Por supuesto, para la UIB es mucho más trascendente que un comando militar de los EEUU haya capturado a un dictador en su propio país para ponerlo frente a la justicia norteamericana por delitos de narcotráfico y corrupción -ellos lo denominan “la ley del más fuerte”-, que el hecho de que ese dictador y su predecesor felizmente desaparecido hayan subyugado, matado de hambre y masacrado a su pueblo durante un cuarto de siglo y provocado un éxodo de casi ocho millones de venezolanos. Y sigue. Por supuesto, se acaban de enterar que en Venezuela había, además, 20 presos políticos españoles.
Lo de la UIB, ciertamente, es un tema de especialización. Ellos velan por el cumplimiento del derecho internacional, pero solo de la parte que protege a los gobiernos, especialmente si se trata de dictaduras de izquierda o islamistas, que, para el caso, son socios del mismo negocio. Al pueblo, que le vayan dando morcilla. Y a las mujeres anuladas, ultrajadas, vejadas, abusadas, violadas y asesinadas por el régimen de los Ayatolás, pues también. Solo se considera feminista fetén a aquella que, en cualquier país del occidente democrático, vive del dinero público y milita en la izquierda. En cambio, las féminas sin carnet que luchan por sus derechos más elementales contra regímenes tiránicos son, en realidad, agentes fascistas, y ya sabemos que la UIB nunca da apoyo al fascismo en ninguna de sus poliédricas manifestaciones.
Que los partidos de la izquierda española y sus organizaciones satélite hayan callado como putas ante los salvajes y masivos crímenes de la República Islámica de Irán es algo consustancial a su macabra historia de protección de las dictaduras, nada nuevo.
Pero, que la universidad pública de mi tierra, la de todos los ciudadanos de Balears, cuya autoridad social y cultural está reconocida incluso en nuestro Estatut d’Autonomia, se haya convertido en madriguera de cómplices por omisión y silencio de esos crímenes por puras y miserables razones ideológicas, en lugar de erigirse en faro de la razón, el saber y los valores democráticos universales resulta, sencillamente, vomitivo.





