El PSIB pierde el sentido institucional al convertir en caricatura el viaje de Prohens a República Dominicana

El espectáculo ofrecido por el PSIB-PSOE en el Parlament balear a cuenta del viaje institucional de la presidenta Marga Prohens a República Dominicana no es sólo una crítica política; es un ejercicio de demagogia de manual y una demostración evidente de nerviosismo.

La imagen de una toalla, gafas de sol y crema solar colocadas en el escaño de la presidenta pretende caricaturizar una agenda institucional legítima. Según los propios socialistas, Prohens “debería estar trabajando” en lugar de viajar . Sin embargo, lo que omiten deliberadamente es que ese viaje incluye encuentros con empresas baleares y contactos estratégicos con comunidades en el exterior, es decir, exactamente el tipo de acción institucional que cualquier Govern responsable debe ejercer.

Pero el problema de fondo no es ese. El problema es la amnesia selectiva del PSOE balear. Porque cuando Francina Armengol ocupaba el Consolat de Mar, los viajes oficiales formaban parte habitual de su agenda. Algunos, incluso, se produjeron en contextos políticos complejos o en plena tensión social en las islas. Entonces no había toallas en los escaños ni campañas de ridiculización en redes. Entonces, simplemente, era “acción de gobierno”.

Cuando faltan argumentos sólidos, se recurre al ruido. Cuando falta proyecto, se recurre a la caricatura

Lo que estamos viendo ahora no es fiscalización, es sobreactuación. Una estrategia que ha traspasado el ámbito parlamentario para instalarse en redes sociales con mensajes simplistas, vídeos virales y escenificaciones pensadas más para el aplauso fácil que para el debate serio. El propio tono de algunas publicaciones -como el contenido difundido en Instagram por los socialistas- evidencia que el destinatario no es el conjunto de los ciudadanos, sino su propio electorado más fiel.

Se trata, en definitiva, de consumo interno. Se trata de alimentar a la parroquia en un momento en el que los resultados electorales recientes no han sido precisamente favorables y en el que las perspectivas a corto y medio plazo tampoco invitan al optimismo en las filas socialistas. Cuando faltan argumentos sólidos, se recurre al ruido. Cuando falta proyecto, se recurre a la caricatura.

Lo preocupante es que esta deriva empobrece el debate político en Baleares. Convertir cualquier acción del Govern -un viaje, una intervención o una respuesta parlamentaria- en motivo de ataque constante no fortalece la democracia; la degrada. Y hacerlo, además, desde la incoherencia de quien actuó de forma similar cuando gobernaba, resta toda credibilidad.

El PSIB haría bien en rebajar la teatralidad y recuperar el sentido institucional. Porque la crítica es legítima, pero la demagogia, cuando se repite con tanta insistencia, acaba volviéndose en contra de quien la practica. Y hoy, más que nunca, los ciudadanos distinguen perfectamente entre oposición útil y oposición nerviosa.

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