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Elder Lives Matter

miércoles 10 de junio de 2020, 05:00h

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Tormenta en Mallorca. El cielo ruge encolerizado. Como yo. El retumbo del mar contra las rocas es ensordecedor. No ha amanecido. Un manto de agua me aísla otra vez del mundo borrando los perfiles de los edificios, el horizonte en el mar y hasta el contorno de mi infancia y el de tu juventud, mamá. Ahora que en mi vida el tiempo pasa cada vez más rápido, se despliegan ante mí recuerdos de días pasados… tú, siempre atenta a nuestros juegos de hermanos, eras mi refugio anti-tormentas. “Santa Bárbara bendita que en el cielo estás escrita con papel y agua bendita” contando juntas cada trueno. Nostalgia por los seres que amé y me amaron en aquellas tardes eternas de lluvia en los cristales, tierra mojada y juegos en charcos prohibidos.

Hoy pienso en nuestros padres y abuelos secuestrados por la incapacidad, la manipulación y la circunstancia creada por los trileros del poder; esos maravillosos hombres y mujeres que vivían plácidamente el desenlace sabio de su tiempo, entre la contemplación en sus paseos y las alegrías de las visitas, su merecida paz tras una vida de esfuerzo por nosotros, sus hijos, y me rabia el alma.

Las calles están solitarias, las palmeras gimen maltratadas por el zarandeo del viento, el estruendo de las olas rompiendo al cielo crean una escena de fin del mundo. El fin del mundo próspero y libre que nos dejasteis, mamá. Aquí estoy, tratando de dibujar con letras nuestra deuda con vosotros, nuestros mayores, artífices de nuestro tiempo y acreedores de la existencia. El espanto vivido en las residencias de ancianos en España sangra sin cura, sin recuento, sin verdades, sin responsables. Un infierno de impotencia al que se os sentenció sin información, sin respuesta, sin médicos, sin enfermeros, sin protección, sin test, sin respiradores y con la prohibición de facto de traslado a los hospitales, cuando todavía había sitio, tres días antes del encuentro feminista que os sentenció. Os metieron en una ratonera de contagio los del “escudo social”. Fuisteis condenados a muerte sin asistencia por el mando único antes incluso de que esos fulleros que se aferran al poder admitieran la pandemia. Miles de muertos sin acompañar, sin explicar, sin contar y la fiscalía, la encargada de defender al pueblo, os quiere archivar. La lluvia arrecia, se revuelve violenta en todas direcciones, aporrea los cristales y baja desbocada en improvisados torrentes oscuros rugiendo a su paso por los lindes de las aceras arramblando, como el virus de Wuhan, con todo hasta el mar, con vuestras vidas, las nuestras, la justicia, el Estado de Derecho, la democracia liberal, la libertad… arrastra todo lo logrado. Me pregunto si tienen madre, si les merece la pena.

Mamá ¿Recuerdas cuando lloraba porque tenía hambre, o cómo temía el estruendo del mar? Tu mano me daba la fuerza para avanzar al rompeolas. Si estaba mojada tú me secabas, si quemaba la arena tú me aupabas, si tenía frío tú me arrullabas y me quedaba dormida en tus brazos. Siempre que miraba hacia atrás allí estabas tú mirándome, orgullosa, fuerte y feliz. Perdóname por todas las veces que te desvelé, pero dime qué podría hacer yo sin ti, sola, rodeada de tinieblas nocturnas, desposeída de tu amor, mi fuerza. Cómo podré pagarte, mamá. Me enseñaste a caminar mirando de frente a las cosas, me dijiste que sufrir era también parte de estar vivo y que Dios nos había traído al mundo para eso, para vivirlo todo, sentirlo, estrujarlo y construir con ello nuestros recuerdos. Ahora, cuando tu alma se torna dorada, veo tu encierro, tu mirada atónita, tu tiempo eterno, tu espera… te puedo decir que no sé si fue el sucio dinero de vacunas y laboratorios lo que movió al virus, un nuevo orden mundial, o fueron intereses cainitas buscando del fin de nuestras libertades. Pero, sea lo que fuere esto no quedará así. Elder lives TAMBIEN matter

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