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Cultura, poder y cambio

miércoles 10 de junio de 2020, 02:00h

La Revolución Cultural fue una campaña socio-política lanzada en 1966 por Mao Zedong, entonces líder del Partido Comunista de China, con el fin de crear una “persona nueva”. Según el sinólogo Oskar Weggel, esta “nueva persona” sería un “ser altruista dentro de una sociedad libre de dominación, que haya vagado como un fantasma a través de las utopías humanas”. Para alcanzar su objetivo, llamó a la destrucción de los “Cuatro Viejos”: pensamiento, cultura, costumbres y tradiciones. Las ideas del propio Zedong reemplazarían a los “Cuatro Viejos”. Mao también hizo un llamado a neutralizar los elementos “contrarrevolucionarios” y revisionistas del partido, encarnados en la figura de su rival Liu Shaoqu, quien uno pocos años antes lo había sustituido en la presidencia de la República Popular de China. La Revolución Cultural supuso, por tanto, una lucha de poder en el seno del liderazgo del Partido Comunista. (ElMundo/15/5/2016.)

Los ‘Cuatro Viejos’: pensamiento, cultura, costumbres y tradiciones. ¿Qué significa?

La cultura es un conjunto de modas, ideas, tradiciones e instituciones que caracterizan a una sociedad, en un momento histórico. El pensamiento es una parte especial de la cultura. Es la capacidad que tienen algunas personas para crear esquemas conceptuales para entender la realidad de una determinada manera. De formar ideas y representaciones que den sentido a lo existente.

En cuanto a las costumbres, podríamos entenderlas como prácticas sociales arraigadas, en un cierto lugar y tiempo. ¿Cuál es la diferencia entre costumbres y tradiciones? Me parece que se trata de posos culturales de diversa importancia. Es decir, cuando una costumbre- que incluso, inicialmente, podría considerarse banal- se consolida a través del tiempo, porque se considera suficientemente importante, se va convirtiendo en una tradición.

Esto me recuerda una distinción del filósofo norteamericano W. Quine. Es decir, nuestro sistema global de pensamiento tiene un centro y una periferia. En el centro están situados los enunciados que muy difícilmente aceptamos que sean cambiados, porque se consideran esenciales. En cambio, los enunciados situados en la periferia del sistema, aceptamos que pueden ser cambiados si, en principio, nos dan razones que consideramos suficientes para el cambio.

Pues bien, las tradiciones estarían en centro de nuestro sistema de vida, y sería difícil cambiarlas. Pero las tradiciones se pueden esclerotizar. Es importante que una sociedad tenga la capacidad de replantear, de vez en cuando, la justificación y permanencia de una determinada tradición.

Con otras palabras. Cuanto más simple y sectaria es una sociedad, más fácilmente rechazará, o aceptará, dogmáticamente, una determinada tradición. Incluso con violencia. Cuanto más culta y democrática es una sociedad, más fácilmente aceptará el replanteamiento- pacífico- de sus propias tradiciones. Y apelará a las personas que, por sus capacidades, mejor pueden alumbrar nuevos significados, nuevas consecuencias, o nuevas perspectivas.

Con estos antecedentes, podemos analizar qué sucede con estos comportamientos masivos actuales, a raíz de la muerte de Floyd, a manos de un policía (presuntamente, por homicidio o asesinato), comparándolos con otros comportamientos. Por ejemplo, con la revolución cultural china.

En una sociedad comunista, o en cualquier sociedad totalitaria, los cambios que pretenden ser cambios fundamentales, se estructuran y materializan a través de las élites, grupos que detentan parcelas de poder, dentro de la estructura jerárquica del partido comunista.

Cuando el existente equilibrio de poder se resquebraja, unos grupos apoyan a unas élites y otros a otras. Si no hubiera desacuerdo no habría crisis. El enfrentamiento, violento, porque se juega el poder, tiene como elemento prevalente a estas élites, no a los individuos corrientes.

Terminado el enfrentamiento, se va solidificando, poco a poco, la nueva jerarquía de poder. Los súbditos comunistas verán que su vida sólo ha cambiado oficialmente, pero no realmente. Aunque la propaganda oficial proclamará que el nuevo cambio lo ha mejorado todo.

En los sistemas democráticos, estos cambios, no se desarrollan de la misma manera. Antes de pasar a las masivas reacciones a la muerte de George Floyd, en mayo 2020, en Minneapolis, hagamos alguna referencia a ‘La rebelión de las masas’ de Ortega.

Digamos, antes de seguir, que una de las diferencias con los cambios de la revolución cultural china, es que allí, no había ‘el hombre-masa’ del que habla Ortega. Este hombre-masa parece propio de las sociedades occidentales. ¿Y qué características tiene? Muy resumidamente. Es un individuo conformista, infantilizado, que cree que no está sometido a nada- por ejemplo, a las influencias televisivas- pero preocupado por las modas y las apariencias. Y presume, orgullosamente, de su vulgaridad.

En España, más de 30.000 muertos por la pandemia- y no son muertos inevitables como los de un terremoto-, no han provocado ninguna reacción de repulsa o indignación, a pesar de las graves y repetidas negligencias del gobierno socialcomunista. Claro que sólo eran muertos españoles. Y blancos. En cambio, se ha producido una indignación masiva por la muerte de Floyd a manos de un policía blanco.

¿Qué hay detrás de toda esta masiva indignación, si es que hay algo? En mi opinión, hay un intento de recomposición del poder. No es indignante que un policía negro mate a un delincuente blanco. Sí lo es que muera un negro a manos de un policía blanco. Es políticamente incorrecto. Porque no es lo mismo matar a un negro que a un blanco. Los blancos son racistas y esclavizan a los negros. Los negros son víctimas perpetuas. Mucho más si coincide con un presidente republicano.

Los medios de difusión no dicen que del 12/13% de negros que hay en USA, la mayoría de ellos rechaza a la minoría negra (llamados niggs o nigas) que protagoniza la mayoría de los actos violentos y delictivos. Un 6% es responsable del 42% de los policías asesinados, en los últimos diez años.

Resumiendo, las personas más directamente vinculadas a la dictadura políticamente correcta (especialmente los políticos que les apoyan) quieren más poder y protagonismo. Para ello hay que criminalizar (y si es necesario, perseguir) a los representantes de los ‘Cuatro Viejos’ y potenciar una ‘persona nueva’, que sólo será feliz en una sociedad políticamente correcta. Los medios de comunicación/manipulación son clave para fomentar este hombre-masa.

Y en España ¿Quieren los socialcomunistas grandes cambios para conseguir más poder, más control de las instituciones (Fiscalía, Abogacía del Estado y un largo etcétera), y destruir a la oposición (los ‘Cuatro Viejos’), acusándoles de golpistas?

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