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"¿Chiringuitos? Hay que cuidar el medioambiente pero la gente necesita trabajar y divertirse"

Por Tommy M. Jaume / J. Fernández - Ortega
viernes 29 de abril de 2022, 15:40h

Con el verano cada vez más cerca, muchos son los que ya planean sus vacaciones después de dos años marcados por la pandemia. El inminente estío, marcado como el de la recuperación, será el de volver a disfrutar de la playa, piscina, verbenas, fiestas patronales, festivales y terrazas sin restricciones. Una temporada perfecta... salvo para los chiringuitos más célebres de la isla tras el rechazo de la Demarcación de Costas a renovar sus respectivas concesiones. Mallorcadiario.com ha salido a la calle para conocer la opinión de los ciudadanos.

Mallorca se prepara para el primer verano sin chiringuitos de playa. O al menos, los más emblemáticos. El Govern balear ha plantado cara a estos locales situados a pie de playa impidiendo que abran sus puertas. Así sucederá con el de la playa de sa Font de n’Alis en el Parc Natural de Mondragó y en los tres situados en Ses Casetes des Capellans: Can Gavella, La Ponderosa y Olimpia Opa & Oma. En este último caso, en el que alguno de sus establecimientos llevan más de 50 años abiertos, el alcalde de Muro ya advirtió que el consistorio luchará "para defender todo lo que se tenga que defender" y ha vaticinado que este proceso "terminará en los tribunales, seguro". No obstante, ha admitido que este será "un proceso largo".

En los de Es Trenc, en el municipio de Campos, la idea del Govern es que dejen de funcionar tres de los seis chiringuitos existentes, mientras que la piscina del restaurante Mar y Paz, que ha estado a disposición de los vecinos y visitantes de Can Picafort durante los últimos 52 años, ha pasado también a la historia tras ser literalmente sepultada bajo el cemento.

La decisión de Costas de no renovar la licencia al no cumplirse la distancia mínima de 200 metros entre los bares de playa ha dejado sin trabajo a decenas de personas. Cabe recordar, que la institución si renovó las licencias en 2012, 2016 y 2020 a pesar de que las condiciones eran las mismas que ahora.

Acabar con estas populares y emblemáticas instalaciones tiene como objetivo preservar el entorno ambiental y los ecosistemas naturales en zonas que, durante los meses de verano, registran una gran afluencia de visitantes.

"Me parece un poco injusto para las personas que son responsables de sus actos", apunta una chica llamada Anabel. "Si nos cierran los chiringuitos buscaremos otras opciones", agrega a mallorcadiario.com.

Otro joven, llamado Jordi, explica que "yo tengo una casa en Can Picafort y me molestó bastante que cerraran los chiringuitos" antes de subrayar que "nos nos ocasionaban ninguna molestía a los vecinos". El chico, además, asegura que "será un problema para el turismo porque la mayoría de 'guiris' se gasta el dinero allí".

En esta misma línea opina otra estudiante. "En la playa, los chiringuitos dan ambiente. Me parece muy mal que los cierren porque eran perfectos para ir a tomar algo tranquilamente con los amigos o a comer con la familia".

"Supongo que en las playas no habrá tanta gente al no poderse ir a tomar algo", considera una joven. Al lado, su amiga comenta que "por esas zonas ya no habrá tanto ambiente como antes". "La gente comprará bebida y se sentará en la playa. Al final hasta será peor porque habrá más basura".

Por su parte, Marta, una joven malagueña que veranea cada año en Mallorca afirma "que me parece mal porque el poder ir a disfrutar de la playa e ir a tomar algo a un chiringuito no te lo puede quitar nadie. Los turistas vienen aquí también por eso". "Mi padre tiene una parcela en la playa (en Málaga) y él vive del chiringuito. La gente va allí y luego a la playa, incluso a veces con su refresco".

"Hay que cuidar el medioambiente pero me parece fatal que los cierren. Es gente que necesita trabajar. Y luego esta la gente joven, que tiene que disfrutar", apunta José. "La hostelería gana mucho dinero en verano y para ellos, cerrar es, literalmente, una putada. Los jóvenes supongo harán botellones, como se han hecho toda la vida".

NORMATIVA VIGENTE

Básicamente, esta situación afecta a los municipios de Baleares que se han visto obligados a tramitar, ante la Demarcación de Costas, la renovación de la autorización para la instalación de elementos de ocupación temporal. Este concepto agrupa a servicios tan característicos como las tumbonas, las sombrillas, las hamacas y los velomares, entre otros muchos. En conjunto, el porcentaje de términos municipales en esta coyuntura alcanzaría el 50 por ciento de los territorios costeros del archipiélago.

En el resto de casos, se trata de permisos que fueron aprobados en su momento y que todavía no han superado el periodo de vigencia de cuatro años inicialmente otorgado. Por esta razón, estos ayuntamientos han tenido en su mano la posibilidad de llevar a cabo la tramitación de la licitación de forma automática, mediante la comunicación efectiva al adjudicatario.

No ha sido, en cambio, este el caso de los municipios que deben esperar la autorización para la renovación de la autorización, entre los que se hallan localidades tan punteras, desde el punto de vista de oferta vacacional, como Alcúdia, Son Servera, Sant Llorenç des Cardessar, Felanitx, Campos, ses Salines y Andratx.

En el otro supuesto, es decir, el de los municipios que no han debido esperar la respuesta de Costas está Palma, donde emplazamientos como Cala Major y Platja de Palma podrán seguir siendo explotados esta próxima temporada, ya que los adjudicatarios disponen de permisos vigentes. Este sería también el caso de Muro, Capdepera, Manacor, Santanyí y Llucmajor.

38 CONCESIONARIOS A LA ESPERA DE PERMISO

Al margen de Mallorca, un caso paradigmático es el de la población ibicenca de Sant Josep de sa Talaia. Este municipio acoge algunas de las playas más concurridas de la isla pitiusa durante los diferentes periodos de la temporada turística, como Platja d’en Bossa y ses Salines.

Fruto de esta intensa actividad, conviven en la zona un total de 38 concesionarios, cada uno de los cuales ha visto irremisiblemente perdidos, esta Semana Santa, los ingresos que hubiera podido proporcionarles el alquiler de hamacas, tumbonas y el resto de elementos de ocupación temporal, aprovechando la masiva llegada de visitantes a Ibiza durante esta fechas.

La validez de los permisos para la explotación de elementos de ocupación temporal en las zonas de playa y litoral se extiende por un periodo de cuatro años. Eso supone que, una vez que ha expirado este plazo de tiempo, la maquinaria burocrática empieza a funcionar de nuevo, y los ayuntamientos se ven obligados a pedir a Costas la renovación de la autorización. Y, por parte de este organismo, traslada la documentación pertinente a la Conselleria de Medi Ambient i Territori para que emita su correspondiente informe, el cual es de carácter vinculante.

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