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Es el negocio

miércoles 03 de junio de 2020, 02:00h

No hay día en que el “bombero” de turno no deba salir a sofocar un fuego provocado por el gobierno social comunista. Algunos son antiguos, con rescoldos no apagados, que esperan el chaparrón definitivo. Como el informe del fiscal del T.S. acerca de la venida a España de la Delcy y la amabilísima recepción por parte de Ábalos, como ministro o ejecutivo socialista, sin definir. Van ya para cuatro meses sin que el fiscal, jerárquicamente dependiente de la exministra Delgado, tenga a bien dar su opinión, conforme a la ley. No hay manera.

Como tampoco lo hay, ni con fórceps, para que se comprenda cómo es posible que Irene Montero ocupe un sillón ministerial, con su verbo chabacano, cutre y barriobajero. Ya no se trata de haber escondido a la ciudadanía el peligro que se cernía sobre España con el virus chino, sino que, encima, se atreve a explayarse ante una periodista presumiendo de su anterior conocimiento del riesgo, al tiempo que anuncia que jamás confesará que lo sabía. Sinceramente, se puede ser más perverso, pero más ridículo resulta muy, pero, muy difícil. Aunque, a fin de cuentas, a ella, a los sacamantecas mediáticos de la sexta y demás, en poco les importa. Ellos, ellas, al negocio. A sacar tajada de su posición, aunque su función sea nula y esa actriz gubernamental solo sea capaz de exponer, histriónicamente, su utópica y arcaica ideología comunista. Una doctrina que le permite llevar una pulsera con la bandera republicana, es decir, anticonstitucional, alardeando de la concepción democrática que le acompaña, condenando a todo ciudadano que pasee la bandera española o deje oír desde su balcón las notas del himno nacional, ya que ello es propio de fachas, de franquistas, de ultraderechistas. Enaltecer la desastrosa república, es propio y pertinente, mantener una cruz en los aledaños de una plaza leonesa, es franquista.

Y es que, los social comunistas, han nacido con el carné de demócrata en la boca y por tal motivo les está permitido no solo ocupar el gobierno, sino todo cuanto poder se les ponga delante, sea el que sea. Ahí está Marlaska, purgando, al más puro estilo soviético, a un coronel por no informarle de su acontecer judicial con respecto a un Delegado del Gobierno socialista. Llegado el momento de justificar la purga se hunde en un mar de mentiras, contradicciones y disimulos. Y cuando aparece el maldito papelito que acredita esa purga, hay que echar mano de la conspiración de la ultraderecha para intentar apagar el fuego. Es la conspiración comunista, lo que el contubernio judeo-masónico era al franquismo. Parece que están condenados a encontrarse por encima del tiempo.

Un vistazo más y si no nos sorprende que una exministra de justicia sea Fiscal General del Reino, tampoco que una asesora del Godoy, del Duque de Lerma redivivo, sea colocada en una institución, la CNMC, “organismo público con personalidad jurídica propia, independiente del gobierno, y sometido al control parlamentario, que promueve y defiende el buen funcionamiento de los mercados en interés de los consumidores”. La circunstancia que se da en la abogada, muy destacada ciertamente, de haber dirigido procedimientos contra la susodicha Comisión Nacional, defendiendo intereses empresariales, no parece que tenga la más mínima trascendencia. De lo que se trata es de que, por un personaje que nadie ha votado, el Esquilache del siglo XXI, se está produciendo la invasión de todo resquicio institucional, social o político que implique una cota de poder. Este es el negocio en el cual se halla absolutamente abocado este gobierno social comunista, manejado desde el Leroy Merlín monclovita que se han montado Sánchez&Iglesias, siguiendo un protocolo redondo..

Mientras esa empresa vierte todo cuanto poder mediático tiene a mano contra la magistrada Rodríguez-Mendel ― repitiendo la historia del juez Barbero o de la juez Alaya ―, socialistas y comunistas aplican la doctrina que excomulgaban en el partido popular. Montilla, exministro, Blanco, exministro, socialistas los dos, metidos en ENAGAS, este mes ya empezarán a cobrar de los anuales 160.000 euros, más dietas, seguramente, por asistir a las reuniones. Y con ellos, un tal Cristóbal Gallego también usará de la puerta giratoria, merced al impulso del, otrora, anti casta, Pablo. Un Gallego que, con 160.000 euros, al estilo Marx, Groucho, cambia sus añejos principios que le impulsaron a gritar en un Manifiesto “El gas no es solución”. Ahora parece que, para él, sí es solución. Es el negocio, tío. El negocio podemita que significa entrar en el IBEX, mientras la Botín, el Pérez, el Garamendi se contemplan las uñas. Y la bendita clase media española tiembla despavorida ante la avalancha de impuestos que se le avecina.

Obviamente todo ello, y más, no es un golpe de estado, no, es pura y simplemente el uso del poder para alcanzar todo el poder. Ellos son los que manejan el negocio de la democracia y la gente debe asumir, respetuosa y servil, que son los nuevos dioses que lograrán que impere la “nueva normalidad” en la cual, asistir a un partido de fútbol llegará a estar permitido.

Si somos buenos chicos, naturalmente. O buenas chicas, perdón.

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