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Esta Navidad solo habrá paz en los cementerios

martes 12 de diciembre de 2023, 05:00h

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Están llegando las fiestas navideñas y, como cada año, todos empezamos a desear felices fiestas, paz y prosperidad a nuestros familiares, amigos, allegados, compañeros de trabajo, vecinos y tutti quanti y lo hacemos, sin duda, con sinceridad y de buena fe, quizás con algunas excepciones que nos guardamos para nosotros. A continuación nos preparamos para lanzarnos a la vorágine de consumismo desaforado y celebraciones pantagruélicas, que nos perjudicarán la salud y la economía, pero que nos dejarán una cierta sensación de bienestar mental entre brumas de excesos alcohólicos y pugnas disfrazadas de ironías con elementos de la familia con quienes no hacemos buenas migas, algunos de aquellos para quienes los deseos de paz no fueron, ni serán, del todo sinceros.

Pero en el mundo no hay paz. Está la guerra que le tenemos declarada al planeta y que, a juzgar por la evolución de la Cop28 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que debería acabar el martes 12, hoy para el lector, no tiene visos de mejorar, antes al contrario, está habiendo fuertes resistencias por parte de los países productores de combustibles fósiles y los lobbies de las empresas explotadoras contra la inclusión en las propuestas de compromisos y declaración final del concepto de terminar con el uso de dichos combustibles. Es casi imposible ya que se consiga evitar que el incremento global de la temperatura supere los 1,5 ºC, pero ahí seguimos, en una carrera suicida hacia el desastre. Cuando este planeta resulte inhabitable para nosotros, nos extinguiremos junto con otros millones de especies, pero algunas sobrevivirán y el planeta continuará su evolución. En unos pocos, o bastantes, millones de años, el tiempo geológico es muy largo, habrá recuperado la biodiversidad y las especies vivas volverán a contarse en decenas de millones, como ahora, pero serán otras y nosotros ya no estaremos entre ellas.

Pero aparte de esta guerra global de nuestra especie contra el planeta, hay por desgracia en el mundo infinidad de guerras, la mayoría civiles, muchas olvidadas o ignoradas, algunas latentes o intermitentes y otras de máxima actualidad e incidencia regional y mundial, como el conflicto civil internacionalizado del Yemen, o la infame agresión de Rusia a Ucrania, aquí en Europa, que ha entrado, por desgracia en una fase estabilización sin avances significativos por ninguno de los contendientes, cuyo alargamiento favorece a la parte que tiene más capacidad de resistencia a largo plazo, en este caso la agresora: Rusia, aunque sea a costa de un insoportable número de bajas humanas. El poder ruso ha demostrado desde hace siglos su absoluto desprecio por las pérdidas masivas de sus soldados. De hecho, es la manera rusa de hacer la guerra, arrasar al enemigo sin piedad, aunque sea a costa tener una mortandad masiva en las propias filas.

Y la más infame de todas, la guerra de Gaza. Provocada por un infame, injustificable, horrible ataque terrorista de Hamás contra la población de Israel, que produjo unos mil quinientos muertos y más de doscientos rehenes, ha desatado una respuesta del gobierno israelí absolutamente desmesurada, que tiene todas las características de una operación de limpieza étnica y de un primer experimento para repetir algo similar en Cisjordania en un futuro próximo.

La invasión de Gaza, bombardeando sin piedad todas las infraestructuras, incluso los hospitales y las escuelas de la ONU, que siempre se han considerado lugares protegidos, con la excusa de que en el subsuelo se escondían infraestructuras de Hamás, lo que no se ha demostrado e, incluso si fuera cierto, no se puede machacar a la población civil en ningún caso. Israel ha obligado a la población de Gaza a marchar al sur de la franja y mientras marchaban los iban bombardeando. Ahora que ya tienen el norte casi vacío, bombardean el sur y obligan a la gente a ir a un territorio cada vez más reducido. Además les condenan al hambre, la sed y al frío, ya que no dejan pasar suministros humanitarios, a las epidemias por hacinamiento y alta de higiene y a la muerte por falta de asistencia sanitaria. Todo ello desoyendo las reiteradas llamadas, súplicas, de la ONU y la comunidad internacional para un alto el fuego permanente. Claro que cuentan con el apoyo incondicional de los Estados Unidos, que aplican su derecho a veto en el consejo de seguridad de la ONU si hace falta.

Toda la operación tiene el aspecto de forzar las cosas hasta conseguir que la presión internacional sobre Egipto consiga que este país abra la frontera y los palestinos de Gaza pasen a la península del Sinaí, en un desplazamiento probablemente sin retorno, con lo que Israel habría limpiado la franja de palestinos, anexionarla a su territorio y repoblarla con colonos sionistas, cerrando el círculo limpieza étnica – colonización - anexión.

Si les sale bien, el próximo paso será repetir la jugada en Cisjordania, donde no cesa el flujo de colonos sionistas radicales, la expropiación de tierras de los palestinos, el establecimiento de nuevos asentamientos y el acoso a la población palestina (incluyendo el asesinato) protegido por el ejército israelí. Pero aquí no son dos millones sino cinco y la expulsión sería a Jordania, atravesando el río Jordán y el Mar Muerto, lo que sería una epopeya de proporciones bíblicas, muy acorde con el territorio.

Este parece ser el plan del actual gobierno israelí, de extrema derecha con elementos racistas, xenófobos y supremacistas judíos, todos ellos sionistas radicales que siempre se han negado a la solución de dos estados, puesto que consideran que Cisjordania son los territorios bíblicos de Judea y Samaria y son parte inalienable de la tierra judía. Han hecho imposible la solución de los dos estados al sembrar todo el territorio de Cisjordania de asentamientos de colonos sionistas radicales, que suman ya entre quinientos y setecientos mil según distintas fuentes, pero no quieren un estado judío con siete millones de palestinos en su interior, además del millón ochocientos mil árabes que ya son ciudadanos israelíes, en régimen real de apartheid, puesto que los musulmanes sumarían la mitad o más de la población y harían inviable, o muy difícil, un estado estrictamente judío.

La solución: la limpieza étnica, los siete millones de palestinos expulsados a los países árabes vecinos y la anexión definitiva de Gaza y Cisjordania.

Mientras Israel esté en manos de judíos fanáticos supremacistas sionistas, que consideran que sus papeles de propiedad de palestina son la Biblia, o el Talmud, donde un supuesto Dios les concedió esa tierra según la interpretación de unos supuestos profetas que supuestamente estaban inspirados por la propia divinidad y mientras tenga el apoyo incondicional y acrítico del país más poderoso del mundo, seguirán intentando la solución de la expulsión, que no es una idea nueva, hace décadas ya era verbalizada por políticos y militares, pero entonces eran minoritarios y ahora son la mayoría, al menos en el gobierno y en el parlamento.

Mientras tanto, esta navidad la única paz para los palestinos, y para muchas otras personas en Ucrania, en Rusia y en todo el mundo, será la de los cementerios.

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