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Estado y sociedad civil

miércoles 29 de abril de 2020, 05:00h

Algunas personas ven al Estado y la sociedad civil como dos entes enfrentados. Lo estén, o no, intentaré mostrar que no deben estarlo. Pero, el crecimiento del Estado- en competencias- supone una disminución de la capacidad de la sociedad civil. Crecimiento estatal que puede llegar a ser muy peligroso para la libertad. Como la experiencia enseña.

¿Qué es el Estado? El Estado es una organización política estable que ejerce el monopolio legítimo de la fuerza. San Agustín de Hipona (Tagaste 354/Hipona 430.) decía: "Si los gobiernos carecen de justicia, se convierten en una banda de ladrones". Quiero decir con esta cita que al hablar del Estado- si queremos hacerlo con algo de rigor- tenemos que incluir conceptos de justicia y legitimidad.

Y, de paso, dado que vivimos en sociedades extensas, tenemos que incluir el concepto de representatividad. O sea, no ejercemos el poder directamente, como en la democracia directa de la Antigua Grecia, sino indirectamente. A través de nuestros representantes políticos.

Una vez que hemos dado estos pasos, deberíamos decidir algo muy importante. El tamaño del Estado. ¿Por qué es tan importante el problema del tamaño del Estado? Porque enfrenta- al menos- a dos destacadas tradiciones políticas, el liberalismo (con sus variantes) por una parte, y el socialismo (con sus variantes) por otra.

Utilizaré una simplificación, que es menos rigurosa pero más cómoda. Es utilizada diariamente por millones de personas y por la práctica totalidad de los medios de difusión. O sea, derechas e izquierdas. Algo que ya fue criticado por Ortega en la II República. Avisados de que es una simplificación, sigamos.

La izquierda, en general, tiende a la ampliación del Estado. Alguna izquierda, mucho. Alguna otra izquierda, muchísimo. Si pasamos a la España actual, podríamos decir que los socialistas quieren ampliar mucho el tamaño y las competencias del Estado. Los de Podemos, muchísimo.

Para que vean- los que todavía no están enterados- la fiebre estatista de la izquierda, llamada por algunos, ‘moderada’, recordaré algunas palabras de conocidos socialistas: "Los hijos no pertenecen a los padres" (ministra Celaá), "el dinero público no es de nadie" (ministra Calvo), "la tierra no pertenece a nadie, es del viento" (expresidente Rodriguez Zapatero.)

O sea, la izquierda llamada- por algunos- ‘moderada’, dice que los padres no tienen derecho a educar a sus hijos, según sus valores. Aunque no es idea original suya. Ya lo aplicaban, la Unión Soviética de Stalin, la Alemania de Hitler y la Cuba de Fidel Castro. En estos paraísos, el que educaba era el Estado, no los padres. Imagino que también en Corea del Norte.

En cuanto a que el ‘dinero público no es de nadie’ muestra, una vez más, la falta de respeto por la libertad y el dinero de los ciudadanos. Dinero que han ganado trabajando. Los políticos de izquierda- ‘moderada’- quieren manejar a su antojo el dinero público, como si no fuera de nadie. La excusa para gastar a manos llenas- el dinero ajeno- es el ‘bien común’. Normalmente, esto significa ayudas a miles de chiringuitos de su propia cuerda política y gente subsidiada.

En resumen, potenciemos, principalmente, a los nuestros, con el dinero de todos. Entiéndalo. Si los hijos no son de sus padres ¿cómo va a ser el dinero del que lo ha ganado? El dinero, como todo buen progresista sabe, es del gobierno socialista. O del socialcomunista.

Finalmente, el gran estadista Rodríguez Zapatero nos muestra, poéticamente, su profundo desprecio por la propiedad privada. La ajena, aclaremos. O sea, la propiedad de la derecha, la de los ‘ricos’. Nosotros- la izquierda- ya definiremos qué es un ‘rico’. A efectos impositivos y demás.

Los padres, cuando nuestros hijos son pequeños, establecemos numerosas ‘regulaciones’ para su propio bien. Decidimos lo que han de comer, beber, las horas que tienen que dormir y un largo etcétera. ¿Por qué? Para que puedan crecer, desarrollar sus capacidades y convertirse en adultos, libres y responsables.

Pero una vez que somos adultos, libres y responsables, con las excepciones de rigor- demasiadas-, llega ‘Papá Estado’ y llena nuestra vida de regulaciones. Por nuestro bien, por supuesto. Tan es así, que los españoles trabajamos seis meses para el Estado. ¡Y luego hay pensadores progresistas que denuncian que tenemos un Estado liberal!

Si pasamos de la izquierda ‘moderada’ a la izquierda ‘extrema’, (ya en el gobierno) las cosas cambian a peor. Recuerden las profundas reflexiones del marqués de Galapagar, antes Vallecas.

En junio de 2014, El Imparcial, decía: ‘Es posible decir “dime a quién admiras y te diré quién eres”. Iglesias es un admirador de Fidel Castro que está más muerto que vivo, como la revolución cubana. Asimismo, Pablo admira al fallecido Hugo Chávez, el demagogo venezolano que se contradijo muchas veces. Tanto Cuba como Venezuela están hundidas económicamente por sus pésimas políticas y decisiones’.

Esta es la ‘extrema’ izquierda. ¿Y cuáles han sido los resultados de sus admirados líderes políticos, Fidel Castro, Hugo Chavez, etcétera? Pobreza, ausencia de libertad, presos políticos y la fuga desesperada de millones de personas. Sucede en Venezuela, el paraíso admirado por Pablo Iglesias.

La experiencia enseña que las sociedades que respetan el funcionamiento del mercado son más ricas que las que no lo respetan. También enseña la experiencia que la eliminación, o disminución de la pobreza, se consigue más y mejor con libertad política y económica que con Estados fuertemente intervencionistas, como los admirados por el vicepresidente Pablo Iglesias. Entre otros.

El aumento exagerado del Estado- deseado por la izquierda- implica debilidad de la sociedad civil. Casi todo se regula y se controla. Mercado, educación y medios de comunicación. Duras críticas a la Justicia, con intentos de controlarla. Cacerolada contra el Rey, organizada por el vicepresidente Iglesias. Renta mínima, para que muchos dependan del Estado, siempre que esté en manos de la izquierda. Y la libertad, devaluada y vigilada.

Este es el peligroso camino que- aprovechando los poderes extraordinarios del Estado de Alarma - parece estar tomando el gobierno socialcomunista. O sea, el camino indicado por el Foro de Sao Paulo, impulsado por Fidel Castro y Lula da Silva para desarrollar el comunismo del siglo XXI. O, como dice el renombrado intelectual Slavoj Zizek, el comunismo reinventado.

Grave y alarmante. ¿No le parece?

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