Para entender la historia, hay que conocer el contexto. En la temporada 1995/96, y tras un espectacular mano a mano con el Logroñes, el ascenso directo directo se le escapó al conjunto entrenador por Víctor Muñoz en la última jornada en Las Margaritas a pesar de derrotar a un ya descendido Getafe (0-1, Morales).
En la promoción, que por entonces enfrentaba a un Primera contra un Segunda, el destino deparó un doble choque ante el Rayo Vallecano. La ida se disputó en un abarrotado Luis Sitjar en una calurosa noche de finales de junio. Después de fallar dos buenas ocasiones, Morales no perdonó en la tercera anotando el único gol de un encuentro en el que los bermellones merecieron aumentar su renta. El larguero y la falta de puntería lo impidieron. Y cuando lo lograron, el colegiado invalidó la acción por un supuesto fuera de juego.
En la vuelta, el drama. El brasileño Guilherme empató la eliminatoria y poco después, el portero nigeriano Wilfred fue expulsado. Todo ello, durante el primer acto. A pesar de la superioridad numérica, y de contar con infinitas buenas oportunidades, los isleños no fueron capaces de marcar.
Maqueda tuvo en sus botas perpetuar su nombre en la historia pero su vaselina tropezó con la madera. Momentos después, un genial pase del exbarralet Calderón era aprovechado por Onésimo para batir a Kike con un toque sutil.
LA REVANCHA
Un año después, llegó la revancha. Tomeu Llompart era el técnico barralet tras sustituir a Víctor Muñoz, destituido tras empatar en Palma ante el Ourense (1-1) en la antepenúltima jornada de Liga en un partido, en el que por cierto, jugó el malogrado Tito Vilanova.
Como en 1996, la ida se celebró en un Luis Sitjar que asistió atónito a un dejavú plasmado en un pírrico triunfo por la mínima (1-0, Barbero) tras malgastar multitud de 'chances'. De hecho, con el pitido final un incómodo silencio se apoderó de las hasta entonces bulliciosas gradas. Todos, absolutamente todos, recordaban lo sucedido doce meses atrás.
El domingo 29 de junio de 1997, el RCD Mallorca regresaba a Madrid el mismo día en el que seis años antes había perdido su primera final de Copa del Rey. El choque empezó con dominio local hasta que en el minuto 10, Carlitos forzó la expulsión de un Muñiz que no tuvo más remedio que tumbar al sevillano cuando ya se disponía a encarar al meta Contreras.
El serbio Jovan Stankovic y el rumano Constantin Galca dispusieron de buenas ocasiones pero sin embargo, y cuando ya se pensaba en el descanso, el colegiado se inventó una pena máxima que fue aprovechada por el ariete argentino Klimowicz para igualar la eliminatoria.
En el segundo acto, un clamoroso penalti sobre Carlitos fue escamoteado. Una acción que no tuvimos que lamentar, pues el andaluz marcó en el minuto 57 una diana que nos catapultaba al éxito al rematar un soberbio servicio de Stankovic tras una pared del balcánico con el nigeriano Michael Obiku.
No obstante, hubo que sufrir hasta el final ya que Cortijo anotó el 2-1 en el 82. Entonces, aparecieron viejos fantasmas y los nuestros, por primera vez en toda la eliminatoria, eran presos del nerviosismo. En el descuento, De Quintana conectó un tiro envenenado que afortunadamente blocó Kike. Luego, Contreras salvó un mano a mano frente a Carlitos justo antes de celebrar la gesta sobre el verde.





