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Gustavo: Gracias Berlín (Crónica de unos días de visita en Berlín)
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Gustavo: Gracias Berlín (Crónica de unos días de visita en Berlín)

Quienes colaboramos con Mallorcadiario en la sección de MD Arte, Francisca R Sampol y yo, partíamos para Berlín con la intención de estar presentes en la inauguración de la exposición del artista Gustavo para la que llevaba más de un año trabajando, con la ayuda de su hija Bettina en los preparativos y en las gestiones.

Desde el avión se divisaba un extenso océano de nubes grises y espesas. Habíamos coincidido en el aeropuerto con Mateu Sancho (Secretario de Gustavo) y con su esposa María del Mar Jurado y él, nos desveló la noticia de que Gustavo no podría asistir, en previsión a los contagios del COVID que cada día van en aumento en Europa. Con la sensatez que le caracteriza, el pintor y escultor de 83 años no quiso poner en riesgo su salud ni la de nadie.

Aún así los actos programados no iban a anularse.

Desembarcamos tras los controles rutinarios y salimos del aeropuerto en dirección al hotel contratado en el centro de la ciudad. Coincidiendo de nuevo con Mateu y María del Mar que se hospedaban en el mismo establecimiento.

Ellos ya conocían la ciudad de haber estado allí otras veces y nos peguntaron si queríamos acompañarles a realizar un tour cultural que tenían concertado. Sin dudarlo Francisca y yo nos apuntamos. Dejamos las maletas en el hotel, no sin antes fijarme en que desde mi habitación tenía una vista excepcional de la Torre de la Televisión de 368 metros de altura, donde se puede comer en el restaurante giratorio Sphere, con unas vistas impresionantes.

Al bajar nos dirigimos hacía Alexanderplatz, donde se encuentra el Reloj de las Horas del Mundo y la Fuente de la Amistad entre los Pueblos, caminamos hasta un establecimiento cercano llamado “El Colmado”, en el que en cada rincón hay un objeto representante de la gastronomía española. Me alegré al observar unas hierbas mallorquinas y otros productos de la marca de Llubí; Dos Perellons.

Allí nos encontramos a Adrián el guía turístico y a un nutrido grupo de gente que había tomado nuestra misma decisión. En el recorrido nos cruzamos con dos mercadillos navideños, luego ya los encontrábamos en cada esquina. Luces y objetos de Navidad, mucha cerveza, mucho currywurst “salchichas asadas a la parrilla” y vino caliente.

Por suerte no llovía pero el frio te cortaba como una cuchilla afilada.

Adrián nos dio la bienvenida y nos llevó a transcurrir por espacios y lugares que te trasladan a través del túnel del tiempo, visitando un sinfín de capítulos de la historia europea, principalmente de la Segunda Guerra Mundial y de la época en que Hitler y quien le apoyaba se habían erigido en la salvación de Europa. Tras hacer referencia al edificio de color rojo del Ayuntamiento, vino la Iglesia Memorial Kaiser-Wilhelm derruida por los bombardeos de los aliados y que se conserva sin remodelar junto a la nueva iglesia, la Catedral, un simbólico templo protestante en el que destaca su espectacular cúpula de color verde. Dejamos atrás el Palacio de la Ópera y surgió el nombre del Museo de Pérgamo, el más visitado de Alemania, el edificio de la Nueva Guardia, que data de 1818 y que recuerda la liberación de Berlín y la derrota de las tropas de Napoleón, en el exterior un pórtico de imponentes columnas, en el interior una sola escultura de bronce que representa el sufrimiento provocado por la guerra. Una madre con un hijo muerto entre sus brazos escenifica el dolor de las víctimas de la guerra de todo el mundo.

El Muro de Berlín construido durante la guerra fría, para dividir la zona oriental de la occidental hasta que el 9 de noviembre de 1989 fue derruido para que las dos Alemanias se unificaran. Llegamos a una zona rodeada de lúgubres edificios de viviendas asentadas sobre donde estuvo el búnker en el que se supone que Hitler y Eva Braun se suicidaron, andamos hasta el monumento a la Memoria del Holocausto un lugar sobrecogedor proyectado en forma de lápidas de distintos tamaños en recuerdo de aquellos judíos que fueron asesinados por los nazis, para acabar en la Puerta de Brandeburgo, una de los pocas estructuras que sobrevivió a la guerra.

El teléfono móvil iba cumpliendo su misión de almacén ambulante de fotografías. Una y otra y otra.

Una leve cenita y cada uno a su habitáculo, había sido una larga jornada.

El día siguiente amaneció con un cielo cenizo, un sol vergonzoso, pero eso no iba a impedir lo que habíamos programado con Bettina la hija de Gustavo, nacida en Berlín y que conoce la ciudad a la perfección. Tras el desayuno, nos encontraríamos en la puerta del hotel, coincidiendo con otros dos mallorquines, Pere Cortada, técnico cultural y amigo de Gustavo y con su esposa Carme Mut.

Bettina nos confesó la ilusión con la que se había preparado la exposición, pero la situación no permite actuar con normalidad.

Nos llevó a conocer una zona en donde se establecieron los primeros asentamientos que datan de 1237. Por una parte los que habitaban Cölln y por otra los habitantes de Nikolaiviertel, separados únicamente por el rio Spree. La relación comercial entre estos dos pueblos era el inicio de la futura ciudad. En el trayecto coincidimos con algunos aspectos de los episodios del día anterior. Paramos de nuevo ante la Catedral y nos dirigimos al Museo de Pérgamo que forma parte de la Isla de los Museos, original porque primero llegaron las obras de arte, la mayoría de ellas arquitectónicas y posteriormente se hizo la construcción que se documenta en 1930. Destaca la Colección de antigüedades clásicas, el Museo del Antiguo Oriente Próximo y el Museo de Arte Islámico, con zonas dedicadas a Roma, al Islam, a Grecia, a Mesopotamia y al periodo helenístico.

Pasamos por la estación de metro Museumsinsel, caracterizada por su techo azul brillante, como una fantasiosa estampa de cuento nocturno que rememora la escenografía realizada por Friedrich Schinkel para la Flauta Mágica de Mozart. Ese día compartimos comida con Bettina.

Empezaba a llover y a cada segundo de manera más abundante, lo que hizo que nos metiéramos en un restaurante ubicado dentro de uno de los mercadillos de Navidad. Allí calentitos y rodeados de manteles y cintas rojas y verdes, fetiches navideños y fotografías de figuras del cine de los años 50 y 60. Nos pedimos unos platos típicos de Navidad, a base de ciervo y chucrut y de postre apfelkuchen (tarta de manzana) y cafés.

Seguía lloviendo en el exterior cuando Bettina nos comentó que debía marchar y nos despedimos hasta el día siguiente, Pere y Carme, sugirieron la posibilidad de ir a Postdam, a lo que Mateu y María del Mar se apuntaron, Francisca y yo nos quedamos para visitar los puestos del mercadillo navideño.

El siguiente, iba a ser un día especial por la inauguración. Por la mañana salimos a caminar y llamé a Gustavo para preguntarle sus impresiones. Nos comentó que su taller de Capdepera parecía un hervidero de trabajo, de ilusión, que en esos días se había sentido muy creativo y emocionado delante de las telas en blanco a la hora de empezar y enérgico mientras avanzaba, que estaba feliz junto a Odila su compañera sentimental. Por cierto, Odila me hizo llegar unas fotos en las que Gustavo se mostraba en plena faena.

Aprovechamos para hacernos alguna turística.

Paseando llegamos hasta lo que queda del Muro de Berlín, ahora otro recuerdo de los horrores de la guerra, convertido en un puzle de intervenciones artísticas, con algunos espacios en blanco. Nos encontramos con una pequeña caravana de coches que se convirtieron en uno de los símbolos de aquellos 28 años de cierre, el “trabant”.

A las 16,00 horas del domingo 28 de noviembre de 2021, estaba prevista la inauguración y allí acudimos con las indicaciones que Bettina nos había proporcionado. El paseo hasta llegar al Castillo una vez que bajamos del tren, recordaba a alguna de las escenas de una película de terror, eran las cuatro y media de la tarde, pero la noche y la niebla estaban posadas sobre los árboles de un oscuro bosque en el que apenas había luz. Tomamos uno de los senderos y tuvimos que regresar sobre nuestros pasos. Comenzaba a hacer mucho frío cuando por fin dimos con el edificio, oculto tras la espesa niebla. El lugar causaba conmoción.

Empujamos la enorme puerta verde de la entrada al Palacio (Schloss Biesdorf ) para encontrarnos con los admiradores alemanes de la obra de Gustavo.

Bettina salió a recibirnos y nos invitó a pasar a una sala que en el centro tenia incrustada una rosa de los vientos. En esa planta también está la cafetería decorada con serigrafías del artista. Nos sirvieron una copa de cava y la Directora artística del museo, Karin Scheel tomó el micro para expresar que se sentía muy satisfecha por tener estas obras colgadas de sus paredes. Cuando uno entra aquí, viene de la calle con el cuerpo frio y un ambiente invernal que entristece, cuando se va, se ha llenado de alegría que es lo que trasmiten las obras de Gustavo.

Indicó que en la primera planta podríamos contemplar sesenta unidades de telas y esculturas de diferentes épocas y el cartel que nos recordaba la primera exposición de Gustavo en Berlín el 9 de noviembre de 1971.

El Scholss Bierdorf es un edificio de estilo neoclásico que se construyó en 1868. Tiene aspecto de una villa o de una casa señorial y la denominan castillo o palacio. Llama la atención su torre octogonal.

En la actualidad el castillo recibe más de 100.000 visitantes al año y se utiliza como galería municipal del distrito de Marzhahn-Hellersdorf, donde se puede asistir para contemplar una exposición permanente de la historia de la mansión y muestras cambiantes de arte. Más de tres mil metros cuadrados para organizar todo tipo de eventos culturales.

Opiniones:

Pere Cortada, técnico cultural:

Me siento orgulloso de poder presenciar esta exposición y ver que nuestros artistas reciben estos reconocimientos. Es una colección que refleja el buen hacer de Gustavo, con serigrafías, óleos y esculturas de diferentes etapas.

Karin Scheel, Directora artística:

Los colores en las obras de Gustavo transmiten alegría, buen humor y es muy importante tener aquí esta exposición retrospectiva. Repasarla me permite conocer el pasado, ver lo que fue, entender el presente y en la evolución, prever hacía donde va el artista.

Bettina Neuman, hija de Gustavo:

Me siento muy feliz por quienes han podido asistir y por haber podido cumplir con este sueño, tras tantos meses de trabajo y al mismo tiempo triste, porque Gustavo no ha podido desplazarse por el temor a los contagios, al igual que tampoco han podido asistir las autoridades que habían confirmado su presencia.

La exposición permanecerá hasta principios de Marzo de 2022 y espero que puedan coincidir las autoridades y mi padre en alguna fecha.

Gustavo vivió casi 20 años en Berlín y la prensa llegó a tildarle como el pintor favorito del Senado. Hay un edificio llamado Gustavo y en un tiempo también hubo un hotel con su nombre. Al hacer siete años que no viaja a Berlín y tras el fallecimiento de mi madre, nadie sabía nada de él, incluso algunos pensaban que había dejado de pintar.

Bettina Neumann, es periodista y también colabora como guía cultural en la Galería Gustavo de Capdepera y nos cuenta que muchos jóvenes que pasan por allí, le recuerdan que sus abuelos les regalaban serigrafías de Gustavo.

Gustavo es un hombre con una vitalidad y una energía insuperables, siempre está en activo mental y físicamente. Ha realizado más de 5.000 obras y con miles de figuras únicas.

Estando en Berlín recibimos este mensaje:

Desde Espai Gustavo os deseamos feliz inicio de semana!

Compartimos con vosotros imágenes de la exposición de Gustavo en Schloss Biesdorf Berlín.

Gustavo está muy agradecido con los amantes de la pintura, amigos y coleccionistas que pasaron a inaugurar la exposición.

Ojalá mejore la situación del COVID y en marzo Gustavo pueda cerrar este evento, ya que esta vez no podía viajar, para no poner en riesgo su salud teniendo en cuenta que está cerca, de cumplir sus 83 años el 11 de abril próximo.

Gustavo desea de todo corazón que cada persona que pasa por la exposición disfrute felizmente de sus coloridos obra de arte, siempre hecha con amor y alma.

Odila Rodas.

Las salas se fueron vaciando de gente y al quedarnos solos algunos de los que habíamos viajado desde Mallorca, compartimos una breve charla con Lucas y con Bettina a quién le pregunté si la exposición en algún momento le había hecho pensar en su madre, a lo que me contestó:

Sin duda, ella se sentiría muy orgullosa de este trabajo y seguro que esté donde esté, sigue animando a Gustavo para que sea feliz.

Plasmamos nuestra dedicatoria en el libro de visitas y nos iríamos de vuelta al hotel, con la compañía de Bettina.

Había empezado a nevar unos copos que deambulaban a cámara lenta, cuando nos alejábamos del majestuoso palacio. Fuimos andando por espacio de unos diez minutos hasta la estación de tren y allí en un paisaje completamente blanco nos despediríamos de Bettina que marchaba en dirección contraria a la nuestra.

El último día sirvió para repasar notas, fotografías y comprar algunos recuerdos. Y diré como escribió Gustavo: “Gracias Berlín”.

Gustavo Peñalver Vico, conocido artísticamente como “Gustavo”, nació en Cartagena el 11 de abril de 1939. A los siete años se traslada a vivir Mallorca. A esa edad ya salía a la calle con una libreta y un lápiz para tomar apuntes de sus dibujos. A los diecisiete marcha para Barcelona y pasa un tiempo hasta los veintitrés yendo de París a la ciudad catalana.

Pasó unos años en París, en Bélgica, colaboró con sus irónicos dibujos en medios de comunicación. Conoció a Jimmy Hendrix al que le hizo de chofer durante unos días. Homenajeó a Fellini y a Woody Allen.

Expuso durante varios años en Wisconsin, en Milwaukee, en localidades de Alemania y sus obras están en los cinco continentes. Diseñó los premios Evolution Film Festival, para entregar a artistas como Danny de Vito o a la actriz Ángela Molina.

A sus 83 años vive junto a Odila y sigue creando obras de arte en su finca de Capdepera con la energía y emoción de siempre. Con infinitos proyectos y cargado de grandes ilusiones. Y diré…“Gracias Gustavo”.

Texto: Xisco Barceló

Fotografías: Francisca R Sampol

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