La multinacional Kraft, seguramente porque la rentabilidad no era suficiente, decidió desprenderse de Quesería Menorquina (El Caserío). Tras haber pagado unos 130 millones de euros por la factoría y la marca quesera a una familia de Menorca, decide dejar la empresa, la nave y la maquinaria, por cero euros. Únicamente se lleva la marca, El Caserío. Lo demás lo deja. Y ahí entra en escena la fantástica negociación del Consell de Menorca y de la Conselleria de Agricultura. Buscan un comprador que no aparece y, finalmente, Ruiz Mateos asoma su hocico. Y, no tardan ni una semana en entregarle todo, sin exigencia alguna: una fábrica, su maquinaria, el destino de todos los trabajadores y el único comprador de la cuajada láctea para centenares de payeses de la isla, todo por cero euros. Una ganga. Pero Ruiz Mateos va más allá: durante su etapa, no sólo no salva la compañía, no sólo no logra nuevos mercados, sino que contrae deudas contra sus bienes por 20 millones de euros. Es decir que suspende pagos dejando la empresa sin posibilidad alguna de rescate. ¿No hubiera sido más responsable haberle restringido la posibilidad de contraer hipotecas sobre los bienes que se le cedían sin coste alguno? ¿No hubiera sido oportuno tener la inteligencia de garantizar que la empresa, si los Ruiz Mateos fallaban, tendría viabilidad futura? Ahora, ¿quién va a querer entrar en un proyecto donde, para empezar hay que poner 20 millones de euros, de la hipoteca de los Ruiz Mateos? ¿Alguien es responsable político de esta cortedad de miras?





