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Jesús Cánovas o cuando pintar es una pasión
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Jesús Cánovas o cuando pintar es una pasión

Quedamos en su estudio, cercano a la Clínica Juaneda de Palma dónde el tiene los encuentros con sus musas, las mezclas químicas con las físicas de su pensamiento, las vueltas sobre sí mismo, y últimamente superando adversidades inesperadas que tienen que ver con la salud particular y de seres cercanos. Para allá que nos fuimos Francisca preparada con su cámara y yo con mi cuaderno de apuntes.

¡Vaya suerte, habéis tenido! - Nos decía desde el quicio de la puerta, cuando vio que pudimos aparcar justo delante.

Jesús Cánovas Olmeda, nace Madrid en calle Ibiza de Madrid, en aquel entonces aristocrático Barrio de Salamanca el 6 de febrero de 1963, el mismo año en que en plena dictadura franquista, surgen los sindicatos CCOO y USO, se aprobaba la Ley General Tributaria, José Guardiola representaba a España en Eurovisión con “Algo prodigioso”, el movimiento “ye-ye”, las melenas lisas, las faldas cortas comenzaban a marcar una nueva tendencia en la moda juvenil, en el sector turístico se promocionaba la frase de “España es diferente” con los toros, el fútbol, la siesta y el flamenco, Jacques Anquetil ganaba la Vuelta a España, The Beatles editaban Please please me y Bob Dylan The Freewheelin’ , se cerraba oficialmente la prisión de Alcatraz, Kenia se independizaba del imperio británico, en Dallas, John F. Kennedy era asesinado, con 47 años fallecía la cantante francesa Édith Piaf, en Madrid se inauguraba el salón de sorteos de la Lotería Nacional, se llevaba a cabo una campaña en masa para vacunarse contra la poliomielitis, en España nacían; Amparo Larrañaga, Pepe Viyuela, Alaska, Blanca Portillo, Ángels Barceló, Carmen Machi, Lydia Bosch, Gonzalo de Castro.

Mis primeros recuerdos no son de Madrid. Mi padre trabajaba para el Banco Popular Español y le desplazaban de un país a otro. Cuando tenía solo cuatro años nos marchamos a Bruselas, allí durante el año que vivimos fui a un colegio de monjas. El siguiente destino fue París y me acostumbre tanto a la lengua francesa que desde entonces siempre pienso en francés. Allí pasamos cinco años.

Hijo de Napoleón, natural de Totana (Murcia) toda la vida fue trabajador de banca y empezó muy joven barriendo, haciendo recados como botones, luego ayudante de cajero, oficial, y pasó a ocupar cargos de responsabilidad. Su madre María Soledad, nació en Madrid. Pintaba muy bien y nunca quiso vender ninguna de sus obras. Algunas las tiene Jesús. Fue la persona que le enseñó a pintar.

Mi hermano Napoleón el mayor que es poeta, también influyó y me animó a pintar, el decía que yo hacía cosas diferentes. Mis otros hermanos son, Enrique y Desirée y yo nací el tercero.

En Mayo del 68, en París, en Bélgica y en Berlín se vivieron duros enfrentamientos provocados por las protestas estudiantiles que consiguieron cambiar parte de los cimientos de una filosofía política que estaba caduca.

En Francia mi padre se ocupaba de facilitar los trámites y movimientos bancarios a los españoles que iban a la vendimia.

Fui al Colegio Sagrado Corazón de París, cada día en el trayecto de ida pasaba por delante de un cementerio y habitualmente mi padre venía a recogerme. Hacíamos una parada antes de regresar a casa y mi padre se tomaba unas ostras con champán y yo con Coca-cola. A veces nos montábamos en esas carretas cercanas a la Torre Eiffel y dábamos una vuelta. Recuerdo cuando vinieron los primeros alumnos de color al colegio. Nos ganaban en todas las disciplinas deportivas. Era la época de Georges Pompidou presidente de la República Francesa y de Eddie Merck el deportista más aclamado y el héroe nacional.

A la edad de once años la familia emprende la vuelta hacía Madrid…

Regresamos a Madrid cuando yo tenía once años y estuvimos hasta que cumplí diecisiete. Fui al Liceo Francés y coincidí en el mismo colegio con una de las hijas de Lucía Bosé.

Mi papá nos llevaba muchas veces al Prado y a otros museos y eso me creo una enorme afición.

Cuando tenía 14 años…

Me operaron de corazón en Madrid pero siempre he hecho vida normal. Fíjate que he sido muy futbolero practicante y aficionado, al igual me ha pasado con la natación y con el tenis, hasta hace pocos años y nunca me he sentido afectado por aquella intervención.

A la edad de 17 años la familia marcha para Zúrich y es cuando se decide a empezar a pintar.

Mi padre me decía que me convenía estudiar Bellas Artes y yo me dejé aconsejar por un artista valenciano Francisco Riqué que me dijo que montase un taller que con el tiempo se convirtió en un centro cultural, presentaciones de libros, conciertos, exposiciones, Allí hice cuatro exposiciones mías y me ficharon de la Fundación BINZ39 para su taller y sala de exposiciones, el fundador y rector era Henry F. Levy, un lugar para exhibirse en Zúrich. Con ellos hice mi primera exposición de importancia en 1988, en la Galería Nada Relic en Zúrich.

Déjame que te cuente una anécdota que viví en una de esas primeras exposiciones…

Yo nunca he copiado a nadie, siempre he viajado a mi interior y en cierta ocasión, era jovencito, en una de mis primeras exposiciones, se acercó uno de los visitantes y se presentó como el conde italiano Di Tuomo, o Di Luomo y se dirigió a los que estábamos allí, comentando: este artista lo tiene difícil porque no utiliza referencias de nadie, solo mira a sí mismo.

En los veranos y en navidades viajan a Madrid para visitar a su hermano, pero los años transcurren en la localidad suiza. Allí fallece su padre, allí conoce a la madre de sus hijas Laura y Adriana y allí residen hasta que Jesús cumple 29 años.

¿Por qué deja Zúrich y elige Mallorca?

Una de mis hijas tenía un problema de salud y me llevó tiempo decidir el lugar adecuado donde ubicar nuestra residencia. Al final después de seleccionar y analizar, nos decidimos por Mallorca.

Al poco de estar aquí hice una exposición en 4Gats que guardo con mucho aprecio. Recuerdo que utilicé pan de oro y siliconas entre otros materiales, para realizar aquella colección.

¿Cómo resultó su adaptación a la isla?

A nivel artístico bien. Conocí a Pilar Ribal, una de las personas que más me ha apoyado y que más ha creído en mi pintura y me presentó a Xavier Fiol. De su mano fui a Nueva York, a Arco Madrid en distintas ocasiones y recorrí varios países. Fue una época muy interesante, en la que también conocí a la gente de la Galería Marimón de Ca’n Picafort.

Desde su perspectiva actual y con la experiencia obtenida en todos estos años ¿En qué tipo de obra deposita su confianza?

Creo en la pintura inteligente; Monet, Velázquez, Goya, Van Gogh, Jan Van Eyck y en la mayoría de la pintura holandesa. Ellos consiguen que la obra sea bella y que tenga atmósfera. Un equilibrio y una perspectiva que denotan un completo dominio de la técnica.

Debajo de sus veladuras, de sus espráis y barnices, subyacen figuras humanas, arboledas, paisajes rutinarios, peces extraídos de fantasías impresionistas, aspectos tangenciales, el hombre, el árbol, la luz, las señales legítimas, aparecen mitológicas cual corriente filosófica, con voluntad libre para decidir sobre sus vidas, como si la doctrina existencialista aprobase las emociones que transmiten y se expandieran como ondas reticulares en la memoria.

En alguna ocasión cuando hemos hablado, dice que debemos diferenciar entre obra de arte y obra maestra. ¿Qué debe de tener una y otra?

Además de haber visitado numerosos museos de todo el mundo, he pasado por el Museo del Prado en más de cuarenta ocasiones. Me he tirado horas observando Las Meninas o Las Hilanderas a las que considero obras maestras, pero eso también me ocurre con La última cena de Da Vinci o la colección de Las Catedrales de Rouen de Monet o muchas piezas de Van Gogh. Una obra de arte debe de tener algunos elementos a los que he hecho referencia, la inteligencia, la belleza, pero la obra maestra, es la que guarda un secreto que no sabemos describir y posiblemente nunca jamás llegaremos a descubrir.

En otro orden de cosas, el libro, Las Cartas a Theo también lo considero una obra maestra.

Vincent Van Gogh escribió centenares de cartas a su hermano Theo, relatando a través de estas, la autobiografía de su atormentada vida. Su devoción por la pintura superaba la precariedad y la miseria a la que el artista se veía condenado. Cabe recordar que en vida solo vendió tres de sus obras y fue Theo quién le proporcionó ayuda económica para que pudiera subsistir y dedicarse a pintar. En una de esas cartas, Vincent declara a su hermano que siente tener una hoguera en el pecho a la que nunca se acerca nadie a calentarse.

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Cojo de nuevo el timón de nuestra nave imaginaria y vamos rumbo de visita por sus aficiones.

Me complace leer sobre todo poesía y el deporte en general. Viajar es una de mis aficiones, supongo que mi padre me inyectó este gusto por conocer lugares. He ido a Filipinas, a Austria, a Florencia y en cada uno de ellos he recreado mis sentidos. Con las costumbres, las tradiciones, las lenguas.

¿Qué tipo de películas suele ver?

Matrix, Gladiator.

Escoja lo imprescindible de sus apetencias gastronómicas.

La paella, el solomillo Wellington y el buen vino. Mi padre decía que se puede admitir una comida mediocre si la acompañas de un buen vino, pero una comida muy buena con un vino mediocre, no vale la pena.

¿Qué libro no faltaría en su biblioteca?

La novela Bomarzo

El libro Bomarzo, es obra del escritor argentino Manuel Mújica Láinez que daba inicio a una serie de novelas del género fantástico. Está incluida y considerada como una de las mejores novelas de lengua española del siglo XX. El drama se desarrolla en el Palacio del duque Orsini en la ciudad de Viterbo.

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En su carrera profesional se observa una actividad continuada y variada durante los años que van desde su primera muestra, tanto individuales como colectivas, realizando trabajos diversos para ferias, galerías, empresas, grandes formatos, murales, colecciones, instalaciones, proyecciones, etc., en distintas localizaciones de Mallorca, en Nueva York, Barcelona, Zúrich, Lisboa, Madrid, Copenhague, Sevilla, Turín, Teruel, Miami, entre otras.

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Al igual que otros artistas se ha visto afectado por la pandemia en los dos últimos años y algunos planes guardan en los rincones a la espera de que los tiempos cambien.

Su última participación pública ha sido en el Hotel Palladium durante la Nit de l’Art de Palma.

¿En qué proyectos está volcando su energía?

Con mi hermano mayor, Napoleón, estoy trabajando en un proyecto. Como ya he comentado, él es poeta y está a punto de publicar un libro en el que yo intervendré con ilustraciones. Una en cada poema. En cierta ocasión ya realizamos un trabajo conjunto con una de mis obras: Los doce apóstoles, con un poema de mi hermano, me centré en las virtudes y defectos de esos doce hombres.

Y al mismo tiempo no dejo de pintar, de experimentar, de hacer probaturas. Estoy trabajando en una serie de obra menor, con paisajes verdes y amarillentos. También probando como soporte el poliuretano que le da unos matices curiosos a la finalización y trabajo dibujando bocetos en la digitalización y luego intervengo sobre ellos con la pintura.

Hay quienes apuntan que pintar se convierte en una obsesión, en una monomanía ¿qué siente usted?

Me siento libre, vivo por pintar, siento que hago lo que debo, como si la misión que me encomendaron en esta vida fuera esa; pintar. En mi sistema de trabajo la obra me escoge a mí, me abre la puerta. Cuando no pinto me siento inútil. Soy muy autoexigente y alguna obra puedo tardar tres o cuatro años en darle el visto bueno. Pero no creo que sea una obsesión, yo diría; pasión.

Se tumbó sobre la cama de aquella habitación, cerró los ojos y a los pocos segundos notó que su cuerpo levitaba. Comenzó a ponerle capas a una tela, una tras otra, las secuencias parecían más rápidas que en tiempo real. Cogió un pigmento gris y le añadió aceite, hizo lo mismo con el azul cobalto, con el azul celeste, con el blanco. Sin apenas darse cuenta había descrito el espacio interior, envuelto por un cielo cenizo, plateado en azules y grises. Oía voces, seguramente de otras almas que pululaban a su alrededor y que como siempre susurraban y opinaban sobre su pintura. Él, siguió a lo suyo flotando a unos centímetros de un suelo cubierto de nubes. El suelo de unos, era el cielo para otros. Cuando hubo acabado se plantó delante del lienzo, cogió un bote de pintura amarilla, metió un pincel y salpicó en algunas zonas.

Cómo celebró que cada una de aquellas estrellas tuviera luz propia.

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En la hora y media en la que estuvimos en su estudio, Jesús no paró quieto un segundo. Se levantaba continuamente, nos mostró las obras que tenía encaradas en las paredes, me confirmó lo evidente, que es una persona muy inquieta. Bromeé con él, apuntándole que tal vez, algunas de las fotos que le había hecho Francisca saldrían movidas. Sonrió y la inercia le llevo a sentarse de nuevo.

Me cuesta estarme quieto. Siempre tengo algo en mente. Supongo que ninguna persona reacciona igual. Ya ves, quizá otra persona afectada como yo por este episodio de salud por el que todavía estoy pasando, se quedaría triste, meditando, dándole vueltas. Yo reacciono luchando y tirando hacia delante.

Siempre he apreciado su carácter afable, el trato cordial de un hombre conversador, cordial e instruido y confieso que desde que le conozco admiro la intensidad de sus piezas, la identidad que absorben de su firma, su precisión y su minuciosidad.

Estábamos mirando su colección de dibujos cuando comentó que todos sus trabajos los firma durante el proceso, nunca al acabarlos. Nos obsequió con uno de ellos a cada uno. Marchábamos satisfechos por la jornada y con un hermoso recuerdo del legado de Jesús Cánovas.

Texto, Xisco Barceló

Fotografías, Francisca R Sampol

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