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Joan Vich o entre la duda y la certeza en el camino de regreso
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Joan Vich o entre la duda y la certeza en el camino de regreso

Aquella mañana de octubre habían caído algunas gotas y el cielo color ceniza amenazaba con tormenta cuando nos plantábamos delante de la puerta de la casa de nuestro protagonista, que habita en la calle principal del barrio de Son Ferriol. Salió a recibirnos y nos condujo directamente a su estudio, situado en un piso superior de la vivienda.

Aquí es donde pinto y donde tengo mi refugio. Mis dibujos y mi colección de discos. Soy amante de la música, como podéis ver…

Joan Vich Tugores nace en Son Ferriol el 7 de febrero de 1952, fue un año bisiesto que comenzó en martes y sucedió que, era portada ese día en la mayoría de periódicos la noticia de la muerte del rey Jorge VI de Inglaterra, ese año el científico Jona Salk produciría la primera vacuna contra la poliomielitis, en Daca la policía pakistaní asesinaba a decenas de estudiantes que reclamaban la igualdad de su lengua materna (el bengalí), Winston Churchill decretaba en el Reino Unido la desaparición del documento de identidad, se celebraba en Long Beach – California, el primer certamen de Miss Universo, el Barcelona se proclamaba campeón de liga del fútbol español, el republicano Eisenhower era elegido presidente de los Estados Unidos, en Londres una gran niebla de contaminación atmosférica cubría la ciudad causando la muerte de 12.000 personas, Jackson Pollock se presentaba con su obra Convergence, Dalí con Galatea de las Esferas, Norman Rockwell con Caminando a la iglesia, Edward Hopper con Sol de mañana, en Mallorca se construían los primeros establecimientos hoteleros, se presentaba en todos los quioscos de España el periódico “El Caso”, en cine triunfaban, Prisionero de Zenda, Las nieves del Kilimanjaro, Ivanhoe, Cantando bajo la lluvía, Carrie, Cara de ángel, Moulin Rouge, nacían Liam Neeson, Jeff Goldblum, Ricardo Tormo, Christopher Reeve, Patrick Swayze, Guillermo Vilas, se publicaba El viejo y el mar de Hemingway.

Su padre Joan era militar y su madre Magdalena se ocupaba de las labores de casa, los dos nacieron en Son Ferriol, tuvieron por este orden a Paquita, Joan y a Cati.

Joan ha ocupado gran parte de su vida a pintar y a enseñar a pintar y aún así tiene dudas de si ha resuelto el enigma. Tanto en un tema como en otro se ha entregado por completo, pero en uno y en otro, se apresta a comentar que en el ambiente pictórico no ha sabido darse a conocer lo suficiente y como docente, después de tantos años mantiene que de la academia, no surgen creadores quienes no lo llevan en los genes…

Se mejora la técnica, se asimilan las perspectivas. Quien no posee un elemento innato incorporado, sabrá pintar, pero difícilmente se convertirá en artista, a no ser en un caso muy excepcional.

Hagamos que la memoria retroceda unos años y condúzcanos por algunos escenarios su infancia…

El polvo que se levantaba en las calles sin asfaltar, en la larga avenida solo había cuatro plantas bajas y un piso. En cierta ocasión vino un amigo a pasar unos días a casa y decía que aquello parecía el salvaje oeste. Pasábamos horas interminables jugando al fútbol, tantas que me despistaba y me olvidaba de ir a comer o a cenar y mi madre, me recibía zapato en mano. La escopeta de balines con la que de vez en cuando íbamos a practicar, los paseos en bicicleta, las batallas contra los niños del otro lado del pueblo, con piedras y tirachinas. Éramos un poco bestias.

Mis padres tenían un colmado y una carnicería y con la llegada del frío, el tiempo de matanzas. El ritual de convertir aquel animal que habíamos cebado durante un año en abundante comida para la despensa, era una fiesta en la que se reunía mucha gente. El olor a piel chamuscada y como trituraban y amasaban la carne para obtener la sobrasada y otros productos. Todavía hay sitios que mantienen esta lejana tradición.

Era un niño cuando comienza su relación con la pintura…

Mi madre era estricta conmigo. Un día pinté un molino en la pared y me arreó tal bofetón que todavía lo recuerdo. Poco después y viendo mi interés, mi padre me regaló una paleta y pinturas y comencé a ir a clases los fines de semana a la finca del pintor Tomás Horrach, quien se convertiría en uno de mis mejores amigos. Le admiraba y le admiro. Para mí ha sido de los más importantes artistas que he conocido en su parcela academicista y realista. Nadie ha sabido reflejar como Tomás el contraste paisajístico de las vacas pastando y los primeros aviones invadiendo la tranquilidad de su cielo. Murió en 2013 y he notado mucho su ausencia.

Seguimos su estela y pasamos por sus días cómo estudiante…

Fui un tiempo a la escuela parroquial. Teníamos un profesor severo de mano dura, pegaba y castigaba para corregir. Luego pasé al colegio de las monjas, y a los diez años aprobé el examen de ingreso, a los once entre en el Colegio Lluis Vives y estuve hasta cuarto. Con catorce años me rompí una pierna. No pude examinarme de reválida y lo hice en Septiembre. De ahí pasé al nuevo Colegio Cide que se abrió en noviembre de 1974, fui de los primeros alumnos y finalicé el bachillerato.

Con diecisiete años marcha para Barcelona

Me ficharon como portero para jugar con el Juvenil del Barça y preparé mi ingreso en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, donde pasaría dos años combinando fútbol y estudios. Con diecinueve años regreso a Mallorca ya que el Barça me cedió al equipo de la Soledad. Ese año, acudí por espacio de tres meses a clases en la Escuela Mediterránea de Xim Torrents. A los veinte vuelvo a Barcelona, juego con el equipo amateur del Barça y continuo con los estudios.

Tiempos de adolescencia se entremezclan con unas y otras vivencias…

Tenía un amigo músico que además era entendido en música y pasábamos horas en su casa de Génova, escuchando a Rolling Stones, Beatles, Creedence Clearwater Revival, Monkees, Miles Davis, y grupos de aquí, Los Z-66, Los Salvajes, Lone Star.

Compartí tiempo con el pintor y amigo Joan Terrassa con el que todavía sigo manteniendo contacto, fue músico en la emblemática sala de fiestas Tagomago y allí me presentó a Xim Torrents que se ocupaba del diseño y la decoración de la sala. Años después montaría la academia.

Regresa a Mallorca para hacer la mili

Me destinaron al Cuartel de Intendencia del Pont d’Inca. En ese periodo jugué al fútbol y reinicié las clases en la academia de Xim Torrents Lladó. Hasta los veinticuatro años ejercí en la demarcación de portero y pasé por clubes como el Margaritense y el Llosetense. A esa edad me casé con María Ángels Pascual y tuvimos a; Joan Vicens y Magdalena.

A los veintisiete le contratan como profesor en la Escuela Mediterránea de Xim Torrents Lladó.

Estuve cuatro años y en esa época aproveché para acabar mis estudios de Bellas Artes y conseguir mi licenciatura. En el examen final aprobé con una tesis de convalidación que realicé sobre los hermanos Ribeiro, pintores de prestigio que aportaron conocimiento a la pintura de Mallorca.

A los treinta y uno monta su propia escuela de arte…

Tomás Horrach y Biel Rosselló, me la regalaron prácticamente montada y la he mantenido casi cuarenta años.

En casi cuatro décadas suceden muchas cosas…

Es obvio, por la academia pasó mucha gente. He disfrutado de enseñar, de ejercer como profesor, aunque después de tantos años parecerá una contradicción lo que voy a decir, pero no creo en las academias. Pienso que el arte no se enseña, se enseña la técnica, una metodología, a mezclar los colores, a corregir las faltas, pero a pintar no, eso viene de fábrica. Creo que deben cambiarse algunos conceptos en las escuelas de pintura. Sea como sea, he sido feliz con mis alumnos.

Háblenos de sus aficiones…

He sido aficionado al “trot”, ahora me gusta el billar, y jugar al “pinacle” con unos amigos de Son Ferriol, me gusta la música, el fútbol y viajar.

¿Qué películas están entre sus favoritas?

La saga de El Padrino, Esplendor en la hierba, Cabaret.

Una receta gastronómica…

El arroz brut, me gustaría saber hacerlo y no solo comerlo, pero mi mujer me dice que mejor me dedique a pintar.

¿En cuanto a libros?

Libros de arte y biografías de artistas, principalmente pintores.

¿Cómo recuerda su primera exposición?

Fue en 1976 en el Círculo de Bellas Artes. Había dos salas, una muy grande y la otra más pequeña, ideal para exponer mi colección de dibujos. Sorprendentemente se vendió todo entre el viernes y el sábado.

Luego vendrían un sinfín de de ellas…

Intervino en varias colectivas de verano y Navidad y en alguna individual en la ya desaparecida y prestigiosa Galería Bearn, en diferentes puntos de la geografía mallorquina Palma y otras localidades, en ferias internacionales de arte, como Bolonia o en Valencia, en Madrid, en Austin-Texas, en Rottach-Egern -Alemania, en East Yorkshire - Inglaterra, en numerosas ocasiones en ArtMadrid, entre otras.

Entre las últimas exhibiciones guardo especial cariño a una realizada en marzo de 2017, en la Galería Vanrell de Palma, muy satisfecho del resultado final y en septiembre de 2019, participando en la Nit de l’Art de Palma en una colectiva en la Fundación Barceló con una serie de retratos.

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Intente centrarme en algún contexto geográfico, en alguna matización histórica, pero a medida que él iba abriendo y cerrando cajones, yo iba descubriendo sus trabajos generalistas y me dije a mi mismo que aquel hombre no espolvoreaba sus pinceles con tendencias de última moda. Le seguí, sin que se diera cuenta. Se adentraba en las grietas entre el aire y el cielo y las convertía en veladuras, sobrevolaba por los contornos de un cuerpo desnudo y su lápiz transcribía el lenguaje anatómico de una sensualidad ancestral, olía profundamente a aceite, a lágrimas de pintura al óleo. Se sumergía en el fondo de los componentes y de las disciplinas y de repente aparecía a un lado del lienzo, entornando los ojos y exigiéndose un retoque equilibrista. Absorbía las imágenes como si tragase una pócima que luego escampaba a su libre albedrio por aquellos soportes que había convertido en terreno fértil y abundante.

Toda persona atesora momentos importantes, tristes o alegres…

El día de mi boda y el nacimiento de mis hijos son mis días inolvidables. Por otra parte, el día en que abandoné la academia de Xim Torrents y determiné montar la mía propia. Esta decisión cambio mi vida.

Unos instantes después de esta respuesta, paramos y cambiamos de ubicación. Bajamos al comedor de la casa y Joan nos invitó a unas cervezas. Nos acomodamos, no sin antes escuchar un chasquido del pulsador de la cámara de Francisca. Unos sorbos y continuamos…

¿Con qué artistas y pinturas ha sentido un impacto emotivo?

Bacon (los retratos), Veermer, Ribera, Rembrandt (todos sus autorretratos), Velázquez, del expresionismo, artistas del siglo XV y XVI Van Dyck, Ingres, Turner, Klimt, Van Gogh, Freud, Pollock, Rothko.

Antes ha comentado que ha viajado mucho, ¿qué países ha visitado?

Yemen, Egipto, Marruecos, India, por ejemplo como países exóticos y luego decidí cambiar y visitar ciudades y museos occidentales, Roma, Londres, en Viena vi una magnífica exposición de Baskiat, he pasado por París, Amsterdam, Nueva York, en el pueblo natal de Anders Zorn en Mora Suecia visité el museo donde está la colección más grande de este artista.

¿Cómo se sabe si un artista triunfa?

Estoy completamente de acuerdo con Francis Bacon, decía que hasta que no han pasado cincuenta años no sabremos si nuestra pintura trasciende.

¿Cómo transcurre una sesión suya, en el estudio?

Me pongo música y no sigo un patrón. Me agrada variar, a veces dibujo al natural, otras con acuarela, o pintando al óleo que es donde mejor me desenvuelvo, me gusta pintar retratos, inventar con el abstracto. Reconozco que soy muy exigente conmigo mismo, con cualquier trabajo pictórico soy minucioso y analista. Habiendo acabado sigo mirando y repasando la obra.

¿Qué comentario no le agrada que escuchar?

En lo referente a los retratos, cuando alguien te sugiere aquello de; ¡Qué bueno! parece una fotografía. Eso duele porque el retratista nunca se expresa desde los pinceles como quien capta una imagen fotográfica.

¿Qué ha obtenido dedicando tanto tiempo a la pintura?

La vida, no me arrepiento de haberla amado como se ama a una mujer, aunque no me ha correspondido.

Podríamos definir a Joan Vich como uno de los últimos románticos de la pintura, sin lugar a dudas le situaré en un grado superior a su propio reconocimiento, tal vez expuesto a la rutina de esos años por compartir vivencias y educación artística, tal vez dejó de lado su talento, tal vez por la vinculación a algunos de sus maestros, pero si como decía Bacon deben pasar cincuenta años, no os extrañe a los elegidos que analizaréis el futuro del arte, que su nombre figure en vuestra lista.

Abrimos la puerta y en la avenida, la lluvia caía tímidamente. Francisca se despedía de Joan y de su esposa, mientras yo plegaba mi cuaderno. Joan Vich ahora formaría parte de nuestro álbum.

Texto: Xisco Barceló
Fotografías: Francisca R Sampol
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