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Junio

viernes 05 de junio de 2020, 05:00h

Y así casi sin darnos cuenta hemos llegado al mes de junio. Es la antesala del verano y de las notas de final de curso. Un curso, éste, agridulce. Cuando parecía que habíamos cogido carrerilla para afrontar el último tramo de carrera, zasca; el coronavirus. Todos a casa y a reprogramar lo programado ante una situación insólita jamás vivida. A toro pasado es más fácil decir: “yo lo hubiera hecho así o asá”. Quizás, sí, hubiese sido más fácil para todos hacer las cosas de otra manera. Pero la celeridad con la que había que tomar decisiones y respuestas positivas para contentar a todos se materializaron en el galimatías en el que el Ministerio de Educación nos ha metido.
Si los meses de mayo y junio en un centro educativo son complicados, este año, más todavía. La incertidumbre es la palabra que más se ha escuchado en las tropecientas mil reuniones por videoconferencia que hemos protagonizado los docentes. Esta palabra se ha convertido en viral en el ámbito educativo.

E incertidumbre será la palabra que se seguirá utilizando al referirse al curso que viene. Son muchos los interrogantes que nos planteamos y muchas las incógnitas que hay que resolver de cara a septiembre.

Estos últimos días he pensado de forma reiterada en algunos aspectos que caracterizan a la condición humana y las conclusiones personales a las que he llegado no son muy alentadoras. La perversión de nuestros pensamientos intoxicados por el egoísmo, el egocentrismo, el individualismo nos conducen a toma de decisiones erróneas. Cuando escuchas a la clase política invertir horas y horas en discutir sobre algo a base de reproches, insultos, y no invertir nada de tiempo en contrastar las ideas te das cuenta que en esta sociedad lo único que tiene éxito es la mediocridad.

Y ahí, nosotros, los docentes tenemos parte de responsabilidad. Responsabilidad social. Responsabilidad en deseducar a nuestros alumnos en esas líneas de pensamiento. Responsabilidad de educar a nuestros alumnos en que sean personas competentes, capaces y útiles en esta sociedad cambiante. Y responsabilidad de saber adaptarnos a los nuevos ciclos sociales.

Pero esto no lo conseguiremos si no interiorizamos en nuestro modelo de pensamiento y de acción el significado de la palabra adaptación. Ésta es la palabra clave para sobrevivir en este mundo. Quien no sepa adaptarse se autoexcluirá. Y la adaptación pasa por la concordia, el consenso, el entendimiento, la empatía y la comprensión.

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